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-Realmente, ¿la fe necesita de la filosofía, o la fe que fue confiada a pescadores y no a dialécticos es independiente de la filosofía?-Si se contempla la filosofía como una disciplina académica entre otras, entonces la fe es independiente de ella; pero Juan Pablo II entiende la filosofía de modo mucho más amplio: la filosofía se pregunta si el hombre puede conocer la verdad. -Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida: en estas palabras de Cristo está expresada la pretensión fundamental de la fe cristiana. Sólo si la fe cristiana es verdad, afecta a todos los hombres; si sólo es una variante cultural de las experiencias culturales del hombre, entonces tiene que permanecer en su cultura y dejar a los otros en la suya. -La cuestión de la verdad es la cuestión esencial de la fe cristiana, y, en este sentido, la fe tiene que ver inevitablemente con la filosofía. -La intención última de la encíclica Fides et ratio es rehabilitar la cuestión de la verdad como tarea racional y científica en un mundo marcado por el relativismo. -Una cientificidad que quiera excluir la cuestión de la verdad, inmuniza frente a la verdad. -Cuando la cuestión no es la verdad, sino la praxis, el dominio de las cosas para nuestro provecho, surge la pregunta: ¿para qué nos aprovecha?; ¿para qué existimos nosotros mismos? -Es falsa la humildad que niega al hombre la capacidad para la verdad. -El hombre no está aprisionado en el cuarto de espejos de las interpretaciones; puede y debe buscar el acceso a lo real, que está tras las palabras y se muestra a través de ellas. -A un tipo determinado de la cultura moderna le gustaría ser la cultura moderna, sin más, pero, afortunadamente, es sólo una arrogante variedad de ella. -Si el hombre queda fuera de la verdad, entonces ya sólo puede dominar sobre él lo coyuntural, lo arbitrario y manipulable. -No es fundamentalismo, sino un deber de la Humanidad, proteger al hombre de la dictadura de lo coyuntural convertido en absoluto. -Nunca es anacrónica la confianza en buscar la verdad y en encontrarla, es justamente ella la que mantiene al hombre en su dignidad. |
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-La desorientación ante la cuestión de la verdad se ha convertido en ira contra ella.
-Lo no material no puede ser abordado con métodos que corresponden a lo material: eso es una forma unilateral de racionalidad. -Una encíclica dedicada a la aventura de la verdad debía preguntar si puede darse una comunión de las culturas en la única verdad. -Hay formas de comportamiento que nunca pueden servir para hacer recto y justo al hombre, y otras, que siempre pertenecen al ser recto y justo del hombre. -El Papa propone en la encíclica una comprensión dinámica y comunicativa de la cultura. -El anuncio del Evangelio en diversas culturas no les impide conservar su identidad cultural propia; con crea división alguna. -La Palabra de Dios no es algo caído del cielo como un meteorito, sino precisamente una síntesis de culturas. -Hoy se presupone, subrepticiamente, que en el fondo todos los contenidos son igualmente válidos: el relativismo se cuela por la puerta trasera; la verdad es sustituida por la buena intención; la religión se mantiene en lo subjetivo. -De hecho hay formas religiosas degeneradas y enfermas que no elevan al hombre, sino que lo alienan: en el hinduismo, en el Islam, y también hay formas enfermas de lo cristiano. -Hace falta discernimiento. Con el indiferentismo no se puede ir adelante. La renuncia a la verdad no sana al hombre. ¡Cuánto mal en la Historia en nombre de opiniones e intenciones buenas! -En el concepto moderno de conciencia, afirmar que la verdad como tal es inaccesible, es canonizar el relativismo, la imposibilidad de normas morales y religiosas. -No hay ninguna gran filosofía que no haya recibido de la tradición religiosa leyes y orientaciones: desde Grecia a la India, desde Kant y Hegel, al propio Marx. -Cuando la filosofía apaga el diálogo con el pensamiento de la fe, se vacía de contenido; al final se ve impelida a renunciar a la cuestión de la verdad y eso significa darse a sí misma por perdida. -Una filosofía que ya no pregunta quiénes somos, para qué somos, si existe Dios y la vida eterna, ha abdicado como filosofía. -Si se deja de hablar de Dios y del hombre, del pecado y la gracia, de la muerte y la vida eterna, se producirá un silencio espantoso. -El Papa ha salido al paso ante el peligro de tal enmudecimiento, y con la franqueza intrépida de la fe ha cumplido un servicio que la Iglesia y la Humanidad deben agradecerle. |