RetrocesoA&ONº 200/17-II-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Ratzinger en Madrid afronta la cuestión de la verdad:
«Es esencial a la fe cristiana»
Fe, verdad y cultura ha sido el título de la conferencia que el cardenal Prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, pronunció ayer por la tarde en
Madrid. Ofrecemos a los lectores una síntesis de esta intervención, cuyo texto íntegro
publicamos aparte, como Documento Alfa y Omega, 6

-Realmente, ¿la fe necesita de la filosofía, o la fe —que fue confiada a pescadores y no a dialécticos— es independiente de la filosofía?

-Si se contempla la filosofía como una disciplina académica entre otras, entonces la fe es independiente de ella; pero Juan Pablo II entiende la filosofía de modo mucho más amplio: la filosofía se pregunta si el hombre puede conocer la verdad.

-Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida: en estas palabras de Cristo está expresada la pretensión fundamental de la fe cristiana. Sólo si la fe cristiana es verdad, afecta a todos los hombres; si sólo es una variante cultural de las experiencias culturales del hombre, entonces tiene que permanecer en su cultura y dejar a los otros en la suya.

-La cuestión de la verdad es la cuestión esencial de la fe cristiana, y, en este sentido, la fe tiene que ver inevitablemente con la filosofía.

-La intención última de la encíclica Fides et ratio es rehabilitar la cuestión de la verdad —como tarea racional y científica— en un mundo marcado por el relativismo.

-Una cientificidad que quiera excluir la cuestión de la verdad, inmuniza frente a la verdad.

-Cuando la cuestión no es la verdad, sino la praxis, el dominio de las cosas para nuestro provecho, surge la pregunta: ¿para qué nos aprovecha?; ¿para qué existimos nosotros mismos?

-Es falsa la humildad que niega al hombre la capacidad para la verdad.

-El hombre no está aprisionado en el cuarto de espejos de las interpretaciones; puede y debe buscar el acceso a lo real, que está tras las palabras y se muestra a través de ellas.

-A un tipo determinado de la cultura moderna le gustaría ser la cultura moderna, sin más, pero, afortunadamente, es sólo una arrogante variedad de ella.

-Si el hombre queda fuera de la verdad, entonces ya sólo puede dominar sobre él lo coyuntural, lo arbitrario y manipulable.

-No es fundamentalismo, sino un deber de la Humanidad, proteger al hombre de la dictadura de lo coyuntural convertido en absoluto.

-Nunca es anacrónica la confianza en buscar la verdad y en encontrarla, es justamente ella la que mantiene al hombre en su dignidad.

-La desorientación ante la cuestión de la verdad se ha convertido en ira contra ella.

-Lo no material no puede ser abordado con métodos que corresponden a lo material: eso es una forma unilateral de racionalidad.

-Una encíclica dedicada a la aventura de la verdad debía preguntar si puede darse una comunión de las culturas en la única verdad.

-Hay formas de comportamiento que nunca pueden servir para hacer recto y justo al hombre, y otras, que siempre pertenecen al ser recto y justo del hombre.

-El Papa propone en la encíclica una comprensión dinámica y comunicativa de la cultura.

-El anuncio del Evangelio en diversas culturas no les impide conservar su identidad cultural propia; con crea división alguna.

-La Palabra de Dios no es algo caído del cielo como un meteorito, sino precisamente una síntesis de culturas.

-Hoy se presupone, subrepticiamente, que en el fondo todos los contenidos son igualmente válidos: el relativismo se cuela por la puerta trasera; la verdad es sustituida por la buena intención; la religión se mantiene en lo subjetivo.

-De hecho hay formas religiosas degeneradas y enfermas que no elevan al hombre, sino que lo alienan: en el hinduismo, en el Islam, y también hay formas enfermas de lo cristiano.

-Hace falta discernimiento. Con el indiferentismo no se puede ir adelante. La renuncia a la verdad no sana al hombre. ¡Cuánto mal en la Historia en nombre de opiniones e intenciones buenas!

-En el concepto moderno de conciencia, afirmar que la verdad como tal es inaccesible, es canonizar el relativismo, la imposibilidad de normas morales y religiosas.

-No hay ninguna gran filosofía que no haya recibido de la tradición religiosa leyes y orientaciones: desde Grecia a la India, desde Kant y Hegel, al propio Marx.

-Cuando la filosofía apaga el diálogo con el pensamiento de la fe, se vacía de contenido; al final se ve impelida a renunciar a la cuestión de la verdad y eso significa darse a sí misma por perdida.

-Una filosofía que ya no pregunta quiénes somos, para qué somos, si existe Dios y la vida eterna, ha abdicado como filosofía.

-Si se deja de hablar de Dios y del hombre, del pecado y la gracia, de la muerte y la vida eterna, se producirá un silencio espantoso.

-El Papa ha salido al paso ante el peligro de tal enmudecimiento, y con la franqueza intrépida de la fe ha cumplido un servicio que la Iglesia y la Humanidad deben agradecerle.