RetrocesoA&ONº 200/17-II-2000SumarioDesde la feContinuar

Punto de vista
Milagros: primera y segunda parte

Todos hemos oido hablar de esa vieja tradición romana del 13 de diciembre, en la que se tira por ventanas y balcones todo lo inservible y viejo del año que acaba, en un expresivo gesto de renovación ante el año que comienza.

Lo malo es que la gente no se conforma con tirar por la ventana una vieja sartén o unas botas deformadas. Las charlas-milenium, en emisoras y cadenas de televisión, nos programan el futuro y nos dicen lo que vale o no vale para el tiempo que se avecina.La familia es una de las realidades llamadas a desaparecer. Según estos mini-profetas pasaremos de las factorías de niños a las parejas de hecho y los ordenadores nodriza. Un horror.

Otro elemento basura son los llamados milagros, esos hechos sobrenaturales tan reiterados en veinte siglos de cristianismo y algunos más de judaísmo:el paso del mar Rojo, o la pierna reintegrada por intercesión de la Virgen del Pilar al muñón de Juan Pellicer en la localidad de Calanda, provincia de Zaragoza, y pueblo de Buñuel. La Iglesia sigue pidiendo milagros a los candidatos a beatos o santos oficiales. Es decir, pide unas credenciales a los que van a ser embajadores de Dios. Esto es motivo de crítica y de sarcasmo. Las hojitas de favores son objeto de broma, aunque un señor cualquiera, con una túnica y un collar, pueda doctorarse por su cuenta como taumaturgo y profeta.

Sin embargo, nuestra falta de lógica nos lleva a exigir milagros portentosos y a culpar a Dios si no los hace. Y así querríamos que, por intervención divina, acabasen las hambrunas que diezman el tercer mundo. Olvidamos que cuando Jesús resucitó a la hija de Jairo se volvió a sus padres y les dijo: Dadle de comer. Es decir, que resucitados esos pueblos de la esclavitud y del colonialismo, la segunda parte del milagro es cosa nuestra. Y que somos nosotros los que debemos remediar el hambre y las guerras.

Dios va a seguir interviniendo en un mundo que nunca saldrá de sus manos, entre otras cosas porque la creación-evolución no está acabada.Así que muchos milagros los tendremos que hacer a medias. Él pone la primera parte:da al ser humano la ciencia suficiente para luchar contra la pobreza y la enfermedad. Y hasta para intervenir modificando las leyes de la naturaleza, en la concepción, la evolución y la involución. Pero no pidamos a Dios los milagros que podemos hacer nosotros.

Los milagros debemos compartirlos. Recordemos el conocido chiste de Navidad: —Señor... que me toque el Gordo. —Hijo mío... ¿has comprado el décimo?—Señor... que mi hijo apruebe. —Hija mía... que estudie la asignatura...

Por más que les pese a los agoreros, tenemos milagros para rato. Porque en este año 2000 vamos a colaborar con Dios para hacer un mundo mejor.

Remedios Aroca

El mejor servicio a la verdad es la verdad

En las réplicas que podemos hacer a los que critican, incluso odian a la Iglesia ¿qué es lo que verdaderamente nos mueve? ¿El afán de brillantez, el quedar por encima, el dejar claro que también nosotros tenemos los dientes afilados y las uñas en disposición para arañar? Es una manera de decir que también nosotros somos listos, que podemos usar las mismas artes, que en un combate cuerpo a cuerpo habría que ver quién se lleva el gato al agua. Pero una discusión puramente dialéctica, que alardee de recursos retóricos y de ironías, sólo convence a los convencidos, a los indiferentes los deja fríos, y a los que piensan de manera contraria, e incluso a los posibles enemigos, los encona más o los hace más enemigos porque cada cual termina enquistándose en sus propias posturas.Estamos a fin de cuentas en peleas de críos donde no valen tanto las razones, sino el tú más.

Eso no es buscar la verdad, es sencillamente darse el gustazo de decir cuatro frescas para luego terminar quedándose con la amargura, y las cosas como antes. La verdad hay que buscarla con más paciencia y con más humildad. Pero es que ellos... No seamos tan celosos de causas que, en el fondo, sólo sirven para justificarnos: si los demás están en el error conscientemente, el error es de por sí lo suficientemente inconsistente como para que termine agotado en sí mismo; tratemos de mostrar nosotros las cosas como son, con la sencillez de quien propone algo que es defendible de por sí, y hagámoslo con la pasión de quien sabe que eso tiene poder transformador.

Y si resulta que buscan la verdad, aunque nos parezca que la buscan equivocadamente, ya la encontrarán. No perdamos de vista que las verdades con minúscula comunican siempre con la Verdad con mayúscula.

¿Eso quiere decir pasividad, dejación de deberes, o dejarse comer el terreno por los que son lobos con piel de cordero? En absoluto, eso quiere decir mayor esfuerzo por hacer de la verdad un servicio y no un ataque, una búsqueda y no un atrincheramiento, un logro y no una imposición. Lo de amar a los enemigos no es una verdad teórica, sino una exigencia evangélica, que hay que hacerla realidad práctica, cotidiana.

Alfonso López de Pablo