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En su primer acto público, que le ha servido de presentación en sociedad, la asociación Familias para la Acogida invitó a un matrimonio italiano para que contase su historia, la de una pareja que un día descubre su esterilidad y que, ante esta dificultad que rompía el proyecto que tenían pensado para ellos, deciden abandonarse al designio que se va abriendo ante ellos abriendo su corazón y su casa a un imprevisto misterioso, capaz de colmar su matrimonio y su deseo de ser felices. El imprevisto, en este caso, tomó la forma de dos niños, uno filipino (Martino) y otro boliviano (Luis). Y es que esta asociación, que en España empezó a tomar forma hace aproximadamente diez años, tiene su punto de partida en Italia, donde ya tiene cumplida la mayoría de edad (existe desde hace 18 años) y donde cuenta ya con 3.000 miembros, presentes en 20 provincias.
Aunque del primer encuentro entre españoles e italianos ya se ha cumplido la década, el arranque real tiene fecha en abril de 1997, durante una visita de Marco Mazzi, vicepresidente de Familias para la Acogida, a Madrid. Como fruto del encuentro con este hombre, un grupo de personas empezó a reunirse periódicamente, por el asombro que les causó conocer una forma tan atractiva de vivir la familia. Ante el modo en que vivían estas personas surgió entre algunos de nosotros el deseo de vivir como ellos, de aprender que todo lo que tenemos es un don que nos lanza a vivir todo, también la familia, con gratuidad, cuenta Teresa Díaz, una de las personas que forma parte de Familias para la Acogida en España. Desde entonces, las asambleas anuales que se celebran en Milán siempre cuentan con representación española y suponen una experiencia siempre positiva y enriquecedora. FAMILIA DE FAMILIAS
Familias para la Acogida integra dos términos muy combatidos actualmente en la sociedad occidental, donde los valores más de moda toman su base en una defensa a ultranza del individualismo, donde cada uno pelea duro por su dominio, pero donde el valor de la persona cada vez se aproxima más a cero, justo lo contrario de lo que significan familia y acogida. Precisamente la Iglesia toma en estas dos palabras la esencia de su razón de ser, y es que la defensa de la familia y la experiencia de la acogida sólo son posibles en una pertenencia. Esto se hacía evidente viendo y escuchando a María Grazia, secretaria de la asociación en Italia, y a su marido, Massimo, que hicieron un rápido repaso a lo que les había sucedido desde que se casaron hasta hoy. El camino ha estado lleno de dificultades y disgustos que rompían sus esquemas y los planes que habían diseñado sobre su propia vida desde su boda. Sin embargo, es evidente que están satisfechos y contentos con lo que les ha pasado, aunque no coincida con sus perspectivas iniciales. |
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La asociación, haciendo honor a su nombre, es ya en sí una familia de familias, donde todo lo que se hace (cursos, publicaciones, servicios médicos y sociales, adopciones y acogidas a niños, jóvenes, adultos, enfermos y ancianos...) es para acompañarse entre sí, de tal modo que llegan a convertirse en padres y madres los unos de los otros, y por lo tanto también en hijos.
PEDAGOGÍA
Por eso, insisten en dejar claro que el motivo que les ha puesto en marcha no es la pretensión de garantizar un servicio social entendido como respuesta organizada a determinadas necesidades. Tampoco decide hacer pública su experiencia para captar familias acogedoras. Su verdadera razón para empezar con todo esto, también en España, es aprender en la práctica lo que significa ser una familia, entendida como acogimiento del otro y apertura a un Misterio imprevisto. Este camino se ha iniciado ahora en España, aunque tímidamente, siempre teniendo como punto de referencia esta experiencia italiana, que les llena de tranquilidad. Un grupo de familias ha dado ya su disponibilidad para distintos tipos de acogida: una joven ucraniana que lleva varios años pasando el verano en casa de una de las familias, una joven que quiere salir de la prostitución; incluso algunas se han puesto a disposición de la Comunidad de Madrid para acogidas temporales, de fin de semana, de régimen abierto, internacional... Su labor, evidentemente útil y gratuita, no surge de una bondad especial de la que pueden presumir estas familias, sino que para ellas la acogida se ha convertido en una pedagogía de vida que tiene como fin último la propia salvación. Si las cosas que hacemos no nos sirven en primer lugar a nosotros, no sirven a nadie. Si no reconocemos que son proyecto de Otro, serán sólo un proyecto nuestro, hecho a nuestra medida, y por lo tanto, en el mejor de los casos, inútil, comenta Massimo. Yolanda Menéndez Más información: |