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Mi carta va dirigida esta semana a tantos almerienses de bien, hombres y mujeres honrados, que vivis en El Ejido y zonas del Poniente y del Levante de Almería. A muchos os conozco y sé de vuestras fatigas. Muchos de vosotros sois también emigrantes interiores, venidos de las Alpujarras de Granada y Almería, de los Filabres, del Andarax o de la Sierra.Habéis ido llegando en los últimos cuarenta, treinta, veinte o diez años, buscando también vosotros el pan para vuestras familias, y os habéis establecido en la zona de El Ejido o del Campo de Níjar. Estáis trabajando duro, muchos estáis entrampados, con préstamos agobiantes, rodeados de especuladores que vienen a enriquecerse con el fruto de vuestros sudores. Mi carta va dirigida a tantas familias de agricultores, que habéis comprado un trozo de tierra árida, seca, que no habéis terminado de pagar, y de la que estáis arrancando unos frutos que no sabéis a qué precio os van a pagar. Hombres y mujeres sacrificados, que trabajáis bajo los plásticos desde el alba hasta el atardecer, y que continuáis vuestro trabajo hasta la media noche, para seleccionar los frutos y llevarlos a la cooperativa o a la lonja, que os acostáis tarde para volver a madrugar al día siguiente. Me dirijo a las familias enteras, padres que tenéis que llevar al invernadero también a vuestros hijos, de doce o catorce años, porque si no la economía familiar no sale adelante. ¡Que no, señores que miráis de lejos, que no todos son explotadores, que muchos trabajan duro como cualquier inmigrante, sin saber lo que van a ganar! Mi carta va dirigida a tantos pequeños empresarios agrícolas, que tratáis a los trabajadores venidos de lejos con humanidad, que les dáis acogida y les proporcionáis lo necesario. |
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También me quiero dirigir a tantos inmigrantes honrados y trabajadores, que os he visto integrados en paz, a tantos hombres de color que os incorporáis incluso a las comunidades cristianas del Poniente. A algunos os he bautizado, confirmado y dado la primera comunión.
Mi saludo a todos los inmigrantes de bien, del norte o del sur, del este o del oeste, que venís a trabajar, a buscaros la vida respetando esta tierra y estas gentes que os han acogido. Hagamos todos un esfuerzo para una convivencia pacífica, que a todos beneficiará. A los que matan o roban, a los que atropellan los derechos de los demás, a los alborotadores, a los violentos, a los que se guían por el odio o la venganza, una súplica, sean del color que sean. Basta ya. No tenéis derecho a destruir la convivencia, a poner en peligro la vida, los bienes y la libertad de los demás. Con todo respeto, me dirijo a los informadores: Pongamos paz, pongamos calma, pongamos equilibrio. Dejemos a un lado los juicios y opiniones apasionados y partidistas. El problema es muy serio y muy complejo. Me da pena con qué ligereza hablan quienes ignoran toda la realidad. Está en juego la vida, el futuro y el nombre de un pueblo que es fundamentalmente acogedor y noble. Con igual respeto me dirijo a las autoridades, sean del color que sean. Sé que vuestra tarea es difícil; esto exige mucha atención, mucha dedicación y muchos medios. Dejemos a un lado la demagogia fácil, los votos y las conveniencias políticas. Está en juego el bien económico y social de más de cien mil almerienses, que viven de este trabajo, la mayor parte honrados y trabajadores, y de veinticinco mil inmigrantes, que en gran parte quieren un trabajo para vivir dignamente. Mi carta va dirigida, especialmente, a las comunidades cristianas de nuestra querida diócesis de Almería. Hagamos todos labor de paz, de convivencia. Pidamos a Dios que seamos capaces de vivir como hermanos. +Rosendo Álvarez |