|
|
|
Una de las cuestiones planteadas fue si la relación necesaria entre la fe y la razón resulta ajena a la mayoría de los católicos españoles. Esto se debe a que la mayoría sigue pensando que, por ser un don, la fe es una convicción inexplicable. A la pregunta de si esto era cierto, el cardenal Ratzinger afirmó que era verdad que la fe es un don, porque nosotros no tenemos la capacidad de elevarnos por nuestras propias fuerzas hasta Dios; sólo es posible si Dios se dirige a nosotros, abre nuestro corazón, y abre nuestros ojos. Efectivamente, este don entra, y las transforma, en todas las capacidades, en todas las facultades del hombre, de modo que la fe no es simplemente agregarse a una cierta sociedad, sino una transformación del hombre que le hace más capaz también de comprender.
Frente a la dificultad de la relación entre cristianismo e Islam, que últimamente hemos visto con mucha crudeza, le preguntaron al cardenal si en el fondo de esta dificultad no está quizá el diferente planteamiento de la relación entre fe y razón que hay en el cristianismo y en el Islam, y cuál es la principal diferencia en este planteamiento. El cardenal Ratzinger constestó que ésta era una cuestión muy difícil, ya que el cristianismo se ha considerado siempre la religión verdadera, es decir, abierta a la razón, pero también el Islam pretende ser perfectamente racional. El cardenal bávaro argumentó que el concepto de razón y, también, el concepto de la acción de Dios son distintos. Por ejemplo, en el Islam se considera que el Corán ha sido dado inmediatamente por Dios sin ninguna mediación humana, mientras que para el cristianismo la comunicación de la Palabra de Dios y la revelación implica una historia hecha por los hombres y, por lo tanto, la respuesta que el hombre da a la acción de Dios queda incorporada a esta revelación. Éste es sólo un ejemplo para mostrar cómo, a pesar de tantos elementos comunes, en las cuestiones de fondo hay diferencias bastante importantes sobre esta realidad. |
|
Ratzinger cree necesario apelar siempre a la razón, en el diálogo con el Islam, y ver cómo la llamada a la razón nos ilumina en este diálogo. Pero afirmó que, debido a que ambas religiones se dirigen a tal profundidad de lo humano, no se podría resolver la cuestión sólo remitiéndose a la razón. Por lo tanto añadió seguimos caminando con mucha paciencia, con mucho respeto y con mucha disponibilidad a la acción de Dios, esperando en sus manos cuál es su resultado.
A la pregunta de si es posible una revolución cultural frente a este mundo de pobreza en el que vivimos, el cardenal respondió que en nuestros tiempos se ha abusado verdaderamente del concepto de revolución cultural. Puso el ejemplo de la revolución cultural en la China de los años 60, y de la problemática revolución cultural que comenzó en Occidente en el 68. Pero, por otro lado, continuó es cierto que las culturas deben ser transformadas desde dentro, y en la nuestra hay elementos que deben ser transformados porque se oponen desde su raíz a la voluntad de Dios. Señaló, además, que es necesario hacer todo lo posible para una transformación de la cultura a la luz de los valores que nos enseña la Palabra de Dios y que nos propone la verdad de toda la creación, en particular de la criatura humana con todas sus dimensiones. Respecto a la transformación cultural, el cardenal opina que, como programa concreto, ya tenemos la nueva evangelización, que la Iglesia propone precisamente como esta transformación de todos los factores de lo humano. Benjamín R. Manzanares |