RetrocesoA&ONº 201/24-II-2000SumarioContraportadaContinuar
Charles Péguy, en la catedral de Chartres
«Ya no tenemos más altares
que los tuyos»

Charles Péguy, el famoso escritor francés convertido al catolicismo, con la oposición de su
mujer, atea; con la angustia por la frágil salud de su hijo pequeño; con una apremiante situación
económica y tentado por la amistad de una joven judía…, como un hijo desamparado,
peregrina a la catedral de Chartres, para llevar sus sufrimientos ante la Virgen.

Fue tal el consuelo y la alegría que le inundaron, que decidió peregrinar a Chartres todos los años,
hasta su muerte en el frente, en 1914. El fruto fue recogido años más tarde
por su mujer y sus hijos, al recibir el bautismo.

De esta luminosa experiencia nacieron muchas de las obras poéticas de Péguy.
Ofrecemos de ellas dos fragmentos:

Oración de residencia

Éste es el lugar del mundo donde todo se hace fácil:
la tristeza, la partida, incluso el acontecimiento,
y el adiós temporal y la separación.
El único lugar de la tierra donde todo se hace dócil.
Éste es el lugar del mundo en que la tentación
se vuelca y se pone del revés,
porque lo que aquí tienta es la sumisión
y el ofuscamiento en la inmensidad del universo.
Nos han dicho tantas cosas, oh reina de los apóstoles,
que no nos atraen los discursos.
Ya no tenemos más altares que los tuyos,
ya no sabemos más que una simple oración.

En Tapisserie de Notre-Dame

El Hijo y la Madre

Él, audaz como un hombre.
Había tomado,
por medio de la oración había tomado.
(Francia, la cristiandad debe continuar).
A sus tres hijos en la enfermedad, en la miseria en que yacían.
Y tranquilamente os los había puesto.
Por la oración os los había puesto.
Muy tranquilamente en los brazos de la que está cargada
con todos los dolores del mundo.
Y que tiene ya los brazos tan cargados.
Porque el Hijo tomó todos los pecados.
Pero la Madre tomó todos los dolores.
Desde entonces todo marchaba bien.
Naturalmente.
Cómo queréis que marche de otra manera.
Qué bien.
Pues la Virgen intervenía.
Ella se encargaba.
Ella entiende más que nosotros.

De El pórtico del misterio
de la segunda virtud