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Lo que ha ocurrido en la mayoría de los medios de comunicación social españoles respecto a la Nota que la Comisión Permanente del Episcopado ha hecho pública ante las próximas elecciones, es todo un triste síntoma de cómo se entiende en esos medios la ética profesional. Ninguno ha reproducido la Nota que nuestros lectores pueden leer íntegramente en estas páginas; pero, eso sí, cada cual ha titulado la escuálida noticia, que sobre ella ha dado, a su gusto y capricho. El País, cuyo editorial al respecto no es que sea desacertado, sino que es malo de solemnidad, asegura en portada que los obispos han dicho que ningún partido merece el voto católico. No es verdad. Los obispos, lo primero que han dicho es que hay que votar. Es más, el Secretario de la Conferencia Episcopal ha dicho textualmente que votar es casi un imperativo religioso. ¿Qué interés tienen esos medios de comunicación social en confundir o en desorientar a los votantes? ¿Qué le pasa a la bilis de Antonio Gala últimamente? Debería cuidarse más, porque le puede dar algo muy malo. Como buen ex, siempre ha arremetido contra la Iglesia, pero últimamente está perdiendo hasta las formas, lo que desdice mucho de su finura intelectual. Ahora, como buen experto en resentimiento, ataca a la Conferencia Episcopal y dice que está resentida por la asignatura de religión y la escasez de su trinconeo. Pero, hombre por Dios: ¿Cree el ladrón
.? La gran diferencia entre Gala y la Iglesia católica es que la Iglesia perdona las salidas de tono de Gala; en cambio, por lo que se ve, Gala no perdona. Él se lo pierde. Ahora que le han dado a Almodóvar en Francia el Cesar de Oro, declara: en España me habéis dado el Oscar antes de conseguirlo. Oiga, yo no. Y hay periódicos que, al borde del ataque de nervios, titulan: Todos somos Almodóvar. ¡Que no, hombre, que no! Gonzalo de Berceo
¿Pero es que los obispos quieren encarcelar a las 50.000 mujeres que abortan cada año?, pregunta demagógicamente el PSOE, que ya no sabe a qué ascua arrimar su sardina en la lid electoral, y, naturalmente, El País se apresura a hacer eco a semejante demagogia a toda página. Pues, la respuesta es de cajón: No. Los obispos hacen como Jesucristo hizo con la adúltera: ¿Nadie te ha condenado, mujer? Pues yo tampoco te condeno. Y, añaden, como añadió Jesucristo: Vete, y no peques más. Eso es lo que dicen los obispos, si es que el PSOE quiere enterarse. Porque matar una vida humana, por mucho maquillaje que le echen los y las del PSOE, sigue siendo pecado, es decir, una ofensa a Dios, al hijo al que no se le deja nacer, e incluso a la propia dignidad de la persona que aborta. Dicho lo cual, es muy fácil devolverles la pregunta a los del PSOE y a los de El País: Oigan, ¿y ustedes qué hacen o qué piensan hacer para evitar la muerte de esos 50.000 seres humanos? Ustedes que tanto hablan sobre los derechos humanos, ¿por qué se desentienden de los derechos del que va a nacer, y por qué después de que la mujer ha abortado se olvidan de su miseria y es la Iglesia quien, misericordiosa y acogedora, se ocupa de atenderlas?