RetrocesoA&ONº 201/24-II-2000SumarioEspañaContinuar
XII Jornadas Nacionales de Capellanes de Prisiones
La reinserción, una tarea de todos
Acaban de celebrarse en Madrid, los días 16 al 18 de este mes, las XII Jornadas
Nacionales de Capellanes de Prisiones, organizadas por el Departamento de Pastoral
penitenciaria de la Comisión Episcopal de Pastoral Social,
bajo el lema Jubileo 2000 y comunidad cristiana entre rejas

Tras años de trabajo, se empieza a recoger los frutos de aquel Acuerdo firmado, entre el Estado español y la Santa Sede, en enero de 1979. Desde entonces se ha pasado de una pastoral carcelaria a una pastoral penitenciaria, ya que su ámbito no se limita a la prisión. Gracias a este Acuerdo, las comunidades cristianas, las diócesis, las parroquias han ido asumiendo su responsabilidad pastoral. La originaria atención religiosa en la cárcel, realizada por los capellanes funcionarios de prisiones, acaba siendo una responsabilidad plena de la diócesis.

Actualmente profundizamos no sólo en la pastoral en las prisiones, sino también en la de prevención. La cárcel es el final del curso de un largo río que va echando a la gente a la cárcel desde muchos afluentes, comenta el padre mercedario José Sesma León, director del Departamento de Pastoral penitenciaria de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, de la Conferencia Episcopal Española. Esta pastoral investiga en las causas que llevan a las familias o personas en situaciones de desventaja social hacia este mundo. No todo el que delinque, delinque por delinquir, sino porque necesita vivir, dice. Por ejemplo, el 50% de gente que está en la cárcel es por un delito contra la pequeña propiedad, y un 30% por tráfico de drogas. Este 80%, en otras circunstancias, no habría recurrido a realizar ciertos delitos. Por esto, la pastoral no quiere fijarse tanto en los efectos, sino en las causas; puesto que de los efectos de los delitos ya se encarga la ley. Es necesario buscar otras soluciones más humanas con el fin de que estas personas no sufran las consecuencias negativas que tantas veces se producen en el sistema penitenciario.

Entre los diversos campos de actuación de este Departamento destacan la atención de los centros de internamiento de extranjeros y del de los menores, o el mundo de las víctimas de fuera de las cárceles. El padre Sesma ve necesaria la creación de servicios de mediación que permitan la reparación y la reconciliación, planteamientos estos que ojalá algún día la sociedad los asumiera. La gente no nace en la cárcel, sino que de la calle se va a la cárcel y de ésta vuelve a su lugar natural. Ahí, todo el mundo pertenece a alguna comunidad, a la comunidad cristiana, a su barrio. Por eso —sigue comentando este padre mercedario—, desde la pastoral dentro de la cárcel se propicia el lanzar puentes que mantengan unidos al preso con su comunidad de origen, que vive la fe en ese Jesús que se confiesa preso en el evangelio de San Mateo 25, porque «se hace preso en los presos». No olvidemos tampoco que el canonizado en el mismo Calvario fue un ladrón, el gran indultado por Cristo.

Con vistas a este Año Jubilar, esperamos que muchas personas presas encuentren el apoyo de sus mismas comunidades cristianas, y que se privilegien de las gracias de este Jubileo, afirma el padre Sesma. Hasta ahora ha habido muchos cambios. Nadie pensaba en el año 79 que hoy haya 45 Secretariados diocesanos de pastoral penitenciaria, de las 67 diócesis españolas. Ya no se le deja solo al capellán con toda la problemática, sino que la misma comunidad diocesana asume estas responsabilidades. Era impensable también que las diócesis pusieran a disposición a 138 capellanes de prisiones, presentes en las 83 prisiones españoles. Y, por último, tampoco se pensaba en la riqueza de un voluntariado que se hace presente en las cárceles con una conciencia clara de misión pastoral.

Benjamín R. Manzanares