RetrocesoA&ONº 201/24-II-2000SumarioEspañaContinuar
La depresión infantil, una enfermedad de los países desarrollados
Pobre niño rico
La doctora en Psicología doña Victoria del Barrio presentó recientemente, en la sede
de la CONCAPA (Confederación Católica de Padres de Alumnos), las conclusiones
de su estudio Cómo reconocer y qué hacer frente a la depresión infantil

La depresión infantil es, junto con otro tipo de trastornos como el estrés, una enfermedad característica de las sociedades occidentales, especialmente de Estados Unidos, probablemente porque se ahogan las motivaciones cuando las cosas se consiguen mucho más fácilmente. Podemos decir que se trata de una perturbación típica de la riqueza, asegura la autora del informe sobre la depresión infantil, la doctora Victoria del Barrio, que es además miembro de la Sociedad Española de Psicología, de la European Association of Psychological Assessment, la European Association of Personality, la International Association of Applied Psychology, entre otras.

Los porcentajes de depresión infantil detectados entre la población general rondan en torno al 8-10%. Respecto a las causas de este trastorno, la doctora distingue entre las relacionadas con el carácter y la propensión determinada por causas genéticas o fisiológicas, y las relacionadas con el ambiente, especialmente en el entorno familiar: La inestabilidad emocional de los padres, la desavenencia en el seno de las familias, las rupturas y divorcios (que andan ya en torno al 28% en España) hacen que el niño no se sienta querido. El niño elabora una relación lógica primaria: mis padres «se» quieren, por tanto mis padres «me» quieren. Si se rompe la primera proposición peligra la segunda, y la falta de amor el niño la percibe como una grave amenaza hacia su persona.

Según los datos publicados, el riesgo de depresión aumenta con la edad, especialmente con la pubertad, y entre las mujeres, aunque se ha dado un caso de depresión en un bebé de nueve meses. Los síntomas que se manifiestan en estos casos son fundamentalmente la tristeza, la irritabilidad, la rebeldía y el retraimiento, el bajo rendimiento escolar, sueño, dolores, fatiga y falta de apetito, los mismos que en un adulto, pero es más difícil detectarlos. A veces se traducen en conflictividad y agresividad, que es una forma de llamar la atención. En los jóvenes suele manifestarse con la iniciación en las drogas y el sexo precoz. El 60% de los suicidios infantiles se producen por una depresión. Hay que tener en cuenta —afirma la doctora— que un alto porcentaje de depresiones son transitorias y se curan espontáneamente. No todos los niños deprimidos son adultos deprimidos; pero sí es cierto que casi todos los adultos deprimidos han sido niños deprimidos.

La depresión se manifiesta con más frecuencia en las clases sociales deprimidas, probablemente —continúa la doctora— porque la sociedad de consumo crea unas expectativas que luego no pueden realizarse. Sin embargo, este trastorno no tiene casi ninguna incidencia en las sociedades de los países subdesarrollados. Los porcentajes detectados en España son muy similares a los del resto de países europeos, y algo inferiores a los de Estados Unidos, que tiene una tasa de divorcios de alrededor del 50%.

Este tipo de trastornos se puede prevenir en el seno de la familia, pero si la depresión continúa, se debe recurrir a un especialista. En cualquier caso —afirma la profesora Victoria del Barrio—, respecto a la familia, hay que tener en cuenta que el niño aprende de lo que ve, de las reacciones de los que le rodean. Otro problema importante es el de la incorporación de la mujer al trabajo; las autoridades tendrían que solucionar el problema de los horarios flexibles y bien pagados para permitir a las madres asistir a la etapa de formación más importante de sus hijos, que son los primeros 18 meses de vida. Hay que tener en cuenta que la depresión es la enfermedad de la soledad.

Inma Álvarez