RetrocesoA&ONº 201/24-II-2000SumarioIglesia en MadridContinuar
Centro diocesano para la familia
Un Centro diocesano al servicio de la pastoral familiar será creado en la archidiócesis de Madrid. Así lo ha anunciado el cardenal Rouco en la última reunión del Consejo de Pastoral. Esta decisión responde a la necesidad de una urgente respuesta por parte de la Iglesia a la gravísima situación por la que atraviesa el matrimonio y la familia, expresión de la profunda crisis de la concepción de la vida y de la persona humana. No se trata de un proyecto sectorial en la pastoral diocesana, sino que va dirigido a la entraña misma de la misión esencial de la Iglesia.

n Señaló el cardenal arzobispo de Madrid la crisis demográfica, de la que por fin parece tomarse conciencia públicamente, aunque hace ya más de 20 años que el gravísimo problema está ahí. Una ciudad europea hoy, en comparación con su vitalidad hace 40 años, puede considerarse un signo de muerte, sin niños; su imagen es más bien la de un asilo, que la de una guardería. Esta crisis de la natalidad es la consecuencia lógica de la crisis del matrimonio y de la familia.

No hay niños, y es preciso subrayar también que el modo de la procreación natural, del matrimonio, se margina de hecho. Hay una enorme carencia de amor, carencia de lo humano. Desaparece la figura del padre, del hermano... y hasta de la madre, en buena medida. Se ha generalizado en el lenguaje común hablar de pareja, con lo que se ha biologizado, en el sentido de deshumanizado, el lenguaje.

n Tras esta exposición de los hechos, el cardenal Rouco se centró en los juicios morales de valoración y en los principios antropológicos que subyacen. Se ha llegado a una enorme inseguridad legal sobre cuándo se es persona humana. Es difícil encontrar a juristas que vayan más allá del positivismo; a sociólogos que entren en el fondo de la cuestión; a psicólogos y filósofos que ofrezcan auténtico pensamiento… Se considera al feto como material biológico a utilizar, y destruir... Se deja en manos del Estado. En los bancos de embriones no se sabe qué hacer con ellos. Son hechos de los que, de algún modo, somos responsables todos.

¿Y qué se hace con los que tienen malformaciones? En el contexto de la mentalidad al uso, sobran. Suele decirse: ¡A nadie se le obliga a abortar!; o también: ¿Por qué uno no va a quitarse la vida cuando quiera? La relación de la vida humana con el derecho a la vida, se difumina. Se habla de biosociología: hasta un profesor ha llegado a afirmar sin más que el hombre es una variante de lo animal. Un niño mongólico, por ejemplo, en no pocos casos tiene menos derechos que un chimpancé. Hablar del ser humano como de un ser distinto, se dice que no es científico. Una madre hace poco se quejaba de que sus 9 hijos no podían bajar al patio de su bloque de viviendas, donde siempre habían jugado niños, porque ¡están jugando los perros de la mayoría de los vecinos!

No se intentan borrar de un plumazo sólo dos mil años de pensamiento cristiano, sino tres milenios. El Derecho romano era sin duda mucho más humano que el Derecho que hoy trata de imponerse, en la concepción de la familia. Se comienza relativizando el hecho de lo masculino y de lo femenino, hasta decir con toda rotundidad que ¡son intercambiables!; las parejas de hecho se convierten en objeto de institucionalización. Cuando se habla hoy de la protección a la familia, surge una terrible pregunta: ¿A qué tipo de familia se va a proteger? Toda consideración moral se reduce al ámbito de lo puramente privado.

n Las consecuencias no se hacen esperar. Una muy evidente es la práctica masiva del aborto (más de 35.000 abortos en Madrid), en multitud de casos, se trata de adolescentes; no puede olvidarse la gravedad de una educación sexual en la escuela, puramente biologista. Otra consecuencia es la desatención a mayores y a enfermos; resulta grotesca, si no fuera dramática, la proliferación de señoras haciendo aeróbic y la cada vez mayor ausencia de voluntarios para atender a enfermos y ancianos. Y es una evidencia que aumentan de día en día las familias rotas, con una doble cara: faltan niños, y abundan los niños abandonados. Por otra parte, está la crisis de la mujer. Cada vez le pone más difícil la sociedad entera el ser madre: dificultades por parte de las empresas y menosprecio, a todos los niveles sociales.

n Conclusión: todo lo expuesto significa un reto de primer orden para la Iglesia. O la Iglesia reteje el matrimonio y la familia, o desaparece la Iglesia… y como la Iglesia no desaparecerá, no cabe duda de que se ha de retejer el matrimonio y la familia. En este contexto se sitúa la decisión de crear un Centro de Orientación Familiar, con tres ámbitos de actuación: el pensamiento, la ayuda práctica y la vertiente social.

Alfonso Simón