RetrocesoA&ONº 201/24-II-2000SumarioMundoContinuar
Moisés, el portavoz de Dios
El nombre de Moisés despierta en los cristianos la admiración hacía un personaje más que singular. La filmografía de la historia de Moisés es abundante: la vida de Moisés, el niño salvado de las aguas, criado por la hija del faraón y educado en la elite egipcia de su tiempo, que se enfrenta al faraón y produce las terribles diez plagas que culminan con el éxodo y el paso milagroso del mar Rojo, mantiene su poderoso atractivo. Pero, sobre todo, un hombre elegido por Dios para ser su portavoz y revelarle su nombre al hablarle desde la zarza ardiendo: Soy el que soy.

La figura de Moisés tiene múltiples aspectos. Es el liberador, el verdadero fundador y educador del pueblo de Israel, es el mediador de la nueva Alianza entre Dios y su pueblo: Los diez mandamientos, las Tablas de la Ley que recibe Moisés en el Sinaí, es la expresión de esa Alianza, aún imperfecta, que Cristo perfeccionará y extenderá a todos los hombres: Yo no he venido a abolir la ley... sino a perfeccionarla.

Moises vivió hace casi 3.300 años, pero sigue siendo para judíos y cristianos, un guía moral, porque el Decálogo, vivificado por Cristo con nuevo vigor, es aún valido. En nuestra liturgia de la Pascua, que nos habla del Cordero pascual, del paso del mar Rojo, de la estancia en el desierto, de la marcha hacía la Tierra prometida, del maná. Los textos litúrgicos de la Pascua están ligados a las peripecias vividas por el pueblo de Israel bajo Moisés que prefigura nuestro caminar hacia Dios.

Mercedes Gordon