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No hay vez que nos reunamos toda la patulea, que, entre risas y recuerdos, entre la remembranza de las mil anécdotas, no se repita, una y otra vez, por unos y por otros, en tono jocoso o con la seriedad de las cosas más profundas, que uno de los mayores dones que han recibido de Dios es el haber nacido en una familia numerosa.
Lo repiten los siete hijos, cinco de ellos ya casados y con hijos: la mayor riqueza, aquellos años de niños y adolescentes: el roce cercano, permanente, plural minuto a minuto, en un grupo de diferentes edades, sexos, caracteres, aficiones, generosidades que se quieren y debilidades que se superan... Y todo ello, sin lecciones especiales, ni tratados, ni sermones, ni discursos... Pura vida, en un círculo empapado de amor naturalísimo. ¿Se me tomará a petulancia si uno, humildemente, confiesa que sí, que, desde la última cumbre de la vida, puede afirmar que los hijos hombres y mujeres hechos ya salieron gloria bendita para sus padres y para los que les rodean, buenas personas, equilibrados, y que, en parte muy importante, se debe al hecho de aquella convivencia plural y riquísima de los unos con los otros? Porque además, uno se lo cree cuando conoce que la experiencia se repite con el testimonio de otras familias numerosas: ninguna escuela de humanidad como ésa. Hace algún tiempo Julián Marías se extrañaba de que una sociedad, que tiene como uno de sus grandes ideales la fraternidad, apenas da a sus miembros la oportunidad de vivir esa experiencia real; muchísimos hombres de hoy llegarán a adultos sin haber hablado nunca, sin haber jugado nunca, sin haber soñado nunca, sin haber reñido y superado la riña nunca con un hermano: les han privado de esa extraordinaria riqueza. Y hay añoranza de ello. Oirás: Me hubiera gustado ser familia numerosa, tener muchos hermanos. Y tanto unos los que disfrutan saboreando de una niñez bulliciosa y llena de vida cercana como los otros los que añoran hablan con sinceridad: creen en el ideal de la familia numerosa, como algo hermosísimo, educativo, muy gratificante... ¿Entonces...? No, no... ¡¡Hoy es imposible!! Y lo dicen como convencidos. |
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Impresiona ver, en una época que presume de haber llevado a la cumbre la idea de libertad, lo poco libres que son las personas para opinar con criterios propios, hechos en la reflexión propia, fruto de las experiencias y de la vida propias y no de lo que machaconamente te repiten.
¿De verdad es hoy imposible realizar el ideal confesado y añorado de la familia numerosa? La situación económica la disculpa sugerida con más frecuencia y, por lo tanto, el confort, los medios materiales, son hoy para la inmensa mayoría de los matrimonios mucho mejores que lo fue para sus padres. El trabajo de la mujer. Pero hay mujeres, también hoy, pocas o muchas, que eligen libremente no trabajar fuera de casa. Pero aun ésas repiten el hoy es imposible. Será, pues, por otra razón, no por el tópico del trabajo fuera de casa. Las que trabajan fuera, ¿es siempre por necesidad? En todo caso, será una opción. Cabría, entonces, decir: Sí, es posible; incluso es estupendo y beneficioso: pero prefiero lo otro: trabajar fuera. Más: ¿es cierto que, trabajando la mujer fuera, necesariamente y en todos los casos, es imposible la familia numerosa? Trabajando los dos más ingresos ¿no caben montar ayudas como de hecho ya las montan aunque para un número inferior de hijos? Las viviendas hoy son más pequeñas... Pero algunos tienen una habitación más (la que no pueden para los niños) para el coche; o, incluso, otra vivienda para las vacaciones, sea alquilada o comprada. O, a la hora de comprar la vivienda y pedir el crédito, se prefirió el barrio más moderno y mejor, a la vivienda más sencillita pero más amplia. Y eso sí, desde el primer día amueblada, decorada y con los mil utensilios imprescindibles. La experiencia de una familia numerosa arroja este casi universal balance: mayor enriquecimiento humano y mayor felicidad humana. ¿El precio? Vivir económicamente uno o dos peldaños más abajo del que te correspondería (coche, casa, vestimenta, vacaciones, un poco peores). Y algo más de cansancio físico, en el hogar, hasta una determinada edad de los hijos. Es decir, merece la pena. Pero se ha impuesto el tópico: hoy, imposible. El tópico y la moda, frente a lo que la verdad y la experiencia aconsejan. Pasa como con el consumismo manejado e impulsado por una publicidad que a todos arrastra; como con el stress por el afán de subir, con la competitividad a toda costa, con el placer inmediato o con el vértigo del moverse por el mero moverse... Los verás quejarse a todas horas, clamar contra la vida que llevan, perorar contra los atascos sin prescindir del coche, añorar la paz de un atardecer sin irse una tarde a sentarse, sin más, frente al ocaso. Nos puede el tópico. Nos han hecho creer que, hoy, es imposible vivir lo que juzgamos mejor. Y obedecemos ciegamente. Hemos perdido la libertad... ¡¡Precisamente ahora!! Por lo visto, resulta que lo posible tan posible, que es ya la realidad existente es que somos el último país del mundo en natalidad, y nuestro futuro es la vejez. Venancio-Luis Agudo |
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