RetrocesoA&ONº 220/6-VII-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
150 años de vida de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor
Un poema de vida apostólica y misionera
La Congregación de Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor acaba de celebrar el 150º aniversario de su fundación. Es un acontecimiento de gracia que se inserta, como perla preciosa, en el Año Jubilar, evocando con gozo la memoria de un poema de vida apostólica y misionera compuesto por la dedicación de tantas mujeres consagradas al servicio de la Iglesia y de los hermanos más necesitados. El Instituto tiene su origen en la inspiración de un fraile capuchino, el Siervo de Dios padre José Tous y Soler, español. Él, como consecuencia de la revolución de 1835, se vio obligado a abandonar el convento de Santa Madrona, de Barcelona. Fue encarcelado y sufrió el exilio, sucesivamente en Italia y en Francia. En Francia trabajó generosamente en la diócesis de Toulouse, hasta que en 1843 pudo regresar a Barcelona, donde se dedicó a la propagación del carisma franciscano, al culto a María, Madre del Buen Pastor, y especialmente a la formación cristiana de la juventud.

Fue precisamente en este campo apostólico donde surgió el núcleo inicial de su fundación, con las jóvenes colaboradoras Remedios Palos, Isabel Jubal y Marta Suñol, que abrieron la primera obra, una Escuela cristiana, en Ripoll, el 27 de mayo de 1850. Remedios Palos y Casanovas es la primera Hermana Profesa de una larga lista de Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, que se comprometieron a vivir según el espíritu de santa Clara de Asís, pero con la misión específica de colaborar con la Iglesia en la evangelización de la niñez y juventud de clase modesta, por medio de la educación integral, es decir, formación cultural, social, moral y religiosa.

En su concepción espiritual, el padre Tous decidió consagrar la nueva Congregación y todas sus obras a Cristo, Buen Pastor, y a su Madre, María Santísima. Durante su vida fundó ocho comunidades: en Barcelona, Gerona y Madrid, con cinco escuelas, un hospital, un centro de reeducación de jóvenes y un asilo para niños abandonados. Después de la muerte del padre Tous, que acaeció el año 1871, la Congregación se extiende en España, con obras en Barcelona, Gerona, Vizcaya, Badajoz, Murcia, Palencia y Madrid; fuera de España, en Francia y en Italia (Roma); y a partir de 1920, en Iberoamérica, concretamente en Nicaragua, Costa Rica, Cuba, Guatemala y Colombia.

A la actividad tradicional se han unido, progresivamente, la inserción y colaboración en la pastoral diocesana, sobre todo con la catequesis y formación de catequistas, la asistencia a jóvenes universitarios, en residencias y casas de espiritualidad; la animación de grupos de voluntarios, especialmente en apoyo de centros misioneros. Entre éstos no se puede olvidar el grupo O.A.S.I. de Roma, que promoviendo diversas iniciativas, entre otras, excelentes conciertos líricos, ayuda eficazmente a las misiones de las Hermanas Capuchinas en Iberoamérica.

LA PAZ Y EL BIEN


El Gran Jubileo proclamado por el Papa encuentra en la vida consagrada una espléndida concreción histórica y existencial del misterio del amor de Dios, manifestado hace dos mil años en la Encarnación del Verbo y en el cumplimiento de la Redención. La vida consagrada es una epifanía del Amor de Dios, y en las diversas modalidades suscitadas en la Historia representa los rasgos fisonómicos de la vida de Cristo, entregado a la contemplación en el monte, o anunciando el reino de Dios, o curando enfermos y pacientes y convirtiendo a los pecadores al buen camino, o bendiciendo a los niños y haciendo el bien a todos, siempre obediente a la voluntad del Padre que lo envió.

Las Hermanas Capuchinas han estado particularmente inspiradas, según el carisma del padre Tous, en el pasaje evangélico en el cual Jesús, viendo a la multitud, sintió compasión porque estaban cansados y fatigados como ovejas sin pastor. Por ello, urgidas por un impulso misionero, llevan a su paso la paz y el bien como les exhortaba el padre Tous. Es una realidad que se repite doquiera que están presentes como levadura dentro de la masa. Son un icono viviente de Cristo: como afirma el Papa en su carta postsinodal Vita consecrata, dejándose guiar por el Espíritu Santo en un incesante camino de purificación, llegan a ser día tras día personas "cristiformes", prolongación en la Historia de una especial presencia de Cristo resucitado. Éste es el testimonio que espera la Iglesia y es el augurio confiado del Papa Juan Pablo II, que, impartiendo de corazón la bendición apostólica a todo el Instituto, desea que las Hermanas Capuchinas, con espíritu de honda contemplación como María, la Madre del Buen Pastor, anuncien con la vida y la palabra el Misterio de Cristo y de su Iglesia, y manteniéndose constantemente abiertas al Espíritu Santo, sean fieles a la misión específica que el Siervo de Dios padre José Tous y Soler les legó: la educación cristiana de la niñez y de la juventud.

Tarcisio Bertone,
arzobispo emérito de Vercelli
y Secretario de la Congregación
para la Doctrina de la Fe