RetrocesoA&ONº 220/6-VII-2000SumarioEn portadaContinuar
La movida nocturna, ese sucedáneo de la creatividad
Y el lunes ¿qué?
La llamada movida nocturna, lógicamente, preocupa a muchos padres y crea tensiones entre padres e hijos. ¿Es realmente diversión, o quizá una mera evasión, o una búsqueda? Sería absurdo demonizar el pasárselo bien el fin de semana —cuando realmente sea pasárselo bien y descansar del ajetreo de la semana—, o los bares, como lugares de socialización y diversión. ¿Cuántos matrimonios no se han conocido en un guateque o en una fiesta? Hoy, a menudo, la situación pasa de castaño oscuro. El preocupante excesivo consumo de alcohol, hasta agarrársela en muchos casos, o el acudir impunemente a las drogas —sin ser conscientes de los problemas que acarrean— para encontrar una sensación nueva placentera, indica cómo los jóvenes buscan en la marcha algo que no encuentran en sus casas, en sus familias, en su vida y que pretenden encontrar olvidándose de la realidad. Pero, al llegar el lunes ¿qué? ¿Qué significa divertirse?
La marcha nocturna, hasta alta horas de la madrugada, surge en la España de los ochenta con un cierto carácter emblemático al amparo de lo pretendidamente cultural. Cuarenta años antes ya se empezó a poner de moda en Estados Unidos. Hoy día, en ciudades como Madrid o Barcelona, es posible empezar un lunes de marcha y acabar el domingo, si el cuerpo aguanta. España es uno de los países en el mundo donde más lugares de encuentro hay, y donde más tarde se queda para salir, por no hablar del horario de vuelta a casa, con excusas como la de traer los churros.

La marcha empieza el viernes —últimamente incluso el mismo jueves—, con un botellón en un parque. Algunas jóvenes salen de casa con una ropa y se cambian ya fuera, puesto que sus padres se asustarían al verlas con esos ropajes. Se pone un bote y se intenta alcanzar el primer puntillo del alcohol con todo tipo de mezclas al tuntún. No importa molestar a vecinos o ensuciar parques y calles. ¿Quién va a ponerse a recoger los restos del botellón, cuando te espera la zona de bares, que hasta bien pasada la madrugada no empieza a llenarse? Por si el simple bailar, hablar o estar con amigos fuera poco, y hubiera que añadir algo más a la diversión, se sigue bebiendo hasta alcanzar, a veces, el pedo o momento en el cual uno ya se la ha agarrado, está contentillo.

Y si esto fuera ya poca marcha para el cuerpo, algunos jóvenes creen necesitar recurrir al consumo de drogas de diseño, como el éxtasis o la que esté de moda en ese momento, para alcanzar el puntazo que te mantenga despierto con una sensación de bienestar para lo queda del día que, por cierto, ya está empezando. Cuando el resto de locales cierra, quedan los after hours durante la mañana del domingo.

Otra consecuencia de la movida son los accidentes de tráfico. Más de 2.500 personas al año se matan en coche por conducir bajo los efectos del alcohol.

Sin afán alarmista, los últimos datos del Plan Nacional sobre Drogas indican que un 4 ,8 por ciento de los jóvenes españoles entre 14 y 18 años han probado alguna vez la cocaína durante 1994 y 1998, y un 2,4 por ciento lo había hecho en el último mes. Los datos también muestran cómo un 0,8 por ciento de los españoles consume habitualmente cocaína.

En opinión de Amador Calafat, coordinador de la ONG IREFREA-España (Instituto y red europea para el estudio de los factores de riesgo en la infancia y en la adolescencia) —cuyo proyecto fue financiado y avalado por el Plan Nacional sobre Drogas—, hoy, consumir éxtasis no se entiende si no va acompañado con otras drogas como puede ser el cannabis, la cocaína, el LSD, etc... Uno de los aspectos más relevantes de nuestro estudio es este policonsumo, preocupante para la salud y por el hecho de ser un factor de riesgo en sí. Sin llegar a profundizar en los efectos a largo plazo, los efectos nocivos a corto plazo son más que visibles en la salud y el aspecto físico del sujeto que la ingiere.

¿DIEZ MIL PELAS EN QUE?


Según el estudio de IREFREA, los jóvenes de la movida se gastan, como promedio, —¿creíble?— 9.915 pesetas cada semana, de las cuales 2.556 se las gastan en drogas ilegales, 2.302 en alcohol y 1.338 en tabaco. Atenta contra la justicia social que se le cobre a un chico de catorce años 800 pesetas o más por una cerveza. Sin embargo, casi todo el mundo lo transige. Según este estudio, en todas las ciudades, las primeras sustancias que se consumen son el alcohol, la favorita de la noche, a promedio de edad de 14,6 años, y el tabaco (14,8 años). Tras esas sustancias se sigue con el cannabis —la sustancia ilegal más generalizada, puesto que la consume la mitad de la población de la muestra—, y casi al llegar a los 16 años se continúa con el LSD y las anfetaminas, alrededor de los 17 años. El extendido éxtasis llega más tarde, a los 18,4 años, y la cocaína a los 18,6 años.

La tolerancia respecto al consumo de estas drogas, la despreocupación e inexistencia de una educación verdadera en los hogares familiares, la permisividad de los padres con tal de no quebrantar la paz de la casa, la falta de creatividad a la hora de proponer planes alternativos son algunos factores que delatan que nuestros jóvenes, fuera de sus casas, buscan lo que allí quizá ya no encuentran. Los jóvenes que salen lo hacen cada vez a una edad más temprana. Lo malo es que, como no conocen otra cosa, tragan la pésima oferta cultural con la que se encuentran en la noche, perdiéndose así en una diversión efímera y consumista que los deja más cansados y no les da lo que realmente buscaban. ¿Dónde va la gente? Donde va Vicente... El humorista Billy Cosby escenificaba así lo que queda de la movida nocturna: agachado en un servicio y vomitando. Y se preguntaba: ¿Toda la semana esperando el sábado para esto?

ABSENTISMO Y PERMISIVIDAD


Los ingredientes de la coctelera son, para el doctor Aquilino Polaino, especialista en Neurología y Psiquiatría y doctor en Medicina, una música estruendosa, que al final se percibe como un ruido muy alto, y un lugar artificial donde se junta mucha gente desconocida y se mueven intereses económicos para el consumo de alcohol, llegando a pagar cantidades muy altas por una simple copa. Lo que empezó siendo una propuesta cultural se ha generalizado en toda una rutina ordinaria, autóctona, autónoma e independiente. A la pregunta de si la gente se lo pasa realmente bien en la movida, el doctor Polaino responde que no del todo. Hay jóvenes que salen todas las noches, muchas veces becados por sus padres. Hay de todo. Hay muchos —continúa— que dicen que se lo pasan muy bien. Otros que ni bien ni mal, sino todo lo contrario, gente que va tirando de la vida. Y luego hay un núcleo minoritario que se lo pasa mal y, sobre todo, como consecuencia de la movida pone en gravísimo riesgo la salud psíquica y física. Los padres tienen mucho miedo al destino de sus hijos y suelen ser negativos. Si a las tres de la madrugada el hijo no ha vuelto aún, éste no puede ser el único momento en el cual uno se preocupe por el hijo. La educación es una tarea bellísima, pero continua, desde que nacen.

Vivimos en una época en la cual estamos mejor comunicados que nunca.El número de móviles supera ya al de fijos, y la telefonía móvil llega —según la compañía Ericsson— a más del 70 por ciento de los jóvenes de entre 14 y 24 años, modificando así sus hábitos sociales. Otro ejemplo de estos cambios culturales es el hecho de que los jóvenes abandonan cada vez más tarde el hogar familiar. El libro Hijos que no se van, del doctor en Psicología Jorge Barraca (Desclée De Brouwer), trata de dar respuesta al por qué los jóvenes tardan cada vez más en dejar su hogar y las repercusiones que este hecho tiene en la convivencia de padres e hijos. Datos en mano, los jóvenes de 16 a 29 años que viven con sus padres se acercan al 80 por ciento, cuando en 1984 no llegaban al 70 por ciento. El doctor Polaino cree que la afluencia a la movida quizá hubiera sido menor si los padres, al principio, hubieran propuesto otras alternativas, si se hubieran resistido enfrentándose ante los poderes públicos, o, desde un punto de vista político, si se hubieran limitado los horarios en muchos lugares públicos, como hacen tantos países de Europa.

La equivocada concepción del sexo que nos bombardea hoy día deja a los dos como culpables, egoístas, que se han utilizado recíprocamente, y que no se han encontrado. Sí, sí, han estado juntos, pero el yo del uno y el de la otra no se han encontrado. Y al final, si te he visto, no me acuerdo. La llamada "movida" es consecuencia del absentismo y de la permisividad de los padres.

Paradon José Bautista, coordinador del Departamento delprograma de Prevención de la FERE (Federación Española de Religiosos de Enseñanza), los políticos han dejado de creer en la prevención contra la drogadicción desde hace tiempo. Desde que los medios de comunicación han dejado de dar noticia de accidentes de tráfico, o de reflejar el pánico de la gente ante las drogas, creo que se ha pérdido un poco la tensión sobre la gravedad que supone este problema de las drogas.

SUSCITAR ALTERNATIVAS


La solución para el doctor Aquilino Polaino pasa por una inquieta educación de los hijos, por ser creativos, por pasárselo muy bien con los hijos desde que nacen, proponer actividades deportivas, inquietudes culturales, hobbies, etc… Si la gente joven no tiene todo un arco de opciones que aprender desde pequeños en la familia o en la escuela, evidentemente se buscan la movida. Es necesario que haya alguien que les motive, escuche y anime, y los padres en esto se han ausentado. Muchos apoltronados padres se han inhibido o aburguesado.

Si lo propio de los hijos es que sean libres, lo propio de los padres es educar a los hijos en ser responsables. Hay que plantearse cómo se le recibe cuando llega, cómo llega y qué se le dice al día siguiente. Hay que hablar más, puesto que falta el diálogo. ¿Cena junta toda la familia entre semana?; ¿se esperan unos a otros? O ¿cada uno come cuando llega, con la caja tonta? Los padres de ahora viven con una presión de trabajo tal durante la semana que acaban relajándose, dejando así el campo libre a los jóvenes, desde una edad cada vez más temprana.

El joven no es tan tonto o tan fácilmente manipulable como se cree. Los jóvenes saben bien que vale más tener una amistad, esa sonrisa del amigo o el misterio de su intimidad que nos cuenta. En cada uno, hay un núcleo de autenticidad, de querer ser él mismo, que se opone a toda posibilidad de manipulación una segunda vez. La gente joven no está en contra de la gente mayor. Es falso el llamado conflicto generacional. La gente joven quiere aprender, puesto que no tienen ninguna experiencia de la vida. Tienen vitalidad y capacidad de innovación. Pero ¿está bien enfocada?

En la búsqueda del por qué la gente joven sale por la noche, don Pedro González Blasco, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, señala lo fundamental sobre lo que esa búsqueda significa para los jóvenes: Un espacio suyo de libertad, esa parcela propia, un lugar de denuncia, una forma de identidad para los propios jóvenes, o un modo de huída de los espacios de los adultos. Al llegar el viernes, se dilata el muelle comprimido, en el que se encuentra su vida. Otros, para resolver su problema personal de timidez y de ser aceptados socialmente. Muchos que la probaron no han vuelto, al ver que eso no les llenaba. Otros salen para contar a su amigo el drama de su vida, el conflicto con sus padres, o por sentirse una noche libre de monsergas. Otros, que necesitarían tratamiento psiquiátrico, salen porque están deprimidos de conductas aburridas, y van para tomar un poco de alcohol y salir un poco del estado deprimido, o buscando drogas intencionalmente. Otra motivación puede ser la conducta sexual entre chico y chica. Esto se explica porque es lo que ven todos los días en televisión, no han recibido educación sexual de sus padres, quieren experimentar. La movida no es, pues, descalificable en su totalidad, puesto que muchos jóvenes salen con el fin pasárselo bien de una forma sana o de encontrar la persona de su vida de una forma leal y con sinceridad. Y muchos la encuentran.

Respecto al progresivo y significativo aumento del consumo de drogas por parte de los adolescentes, don Gonzalo Robles, Delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, ha señalado recientemente cómo esto se debe en parte al exceso de tolerancia de nuestra sociedad. La clave está en la permisividad excesiva de esta sociedad.

EL PELIGRO DE LAS DROGAS


La heroína da miedo, ya que produce unos efectos muy duros. Los jóvenes han empezado a cogerle miedo, puesto que tener que inyectarse algo se relaciona con problemas de SIDA. Lleva a un deterioro excesivamente rápido, mientras la cocaína es un tipo de droga más blanda, con menos riesgo, que les produce unos ciertos niveles de satisfacción. Se ha restringido el uso de la heroína, ha aumentado el de la cocaína. Se está empezando a dar una cierta laxitud social respecto a la hierba. El cannabis, por ejemplo, está más aceptado. Parece estar bastante demostrado es que el cannabis es un paso para llegar a las otras drogas. No todos los que toman hierba acaban en la heroína o cocaína, pero casi todos los que llegan a la cocaína o heroína han pasado por el cannabis o la puntual.

Llegamos a esta situación por el conjunto de valores que mantiene esta sociedad: hedonista, búsqueda del gozo inmediato aquí y ahora, muy somatizado, que se note, se sienta; indiferencia hacia ciertos valores religiosos, valores incluso de otro tipo, valores humanos de fidelidad, de respeto, de patriotismo, etc. Falta una dosis de disciplina, de aceptación del dolor, se huye de todo lo que exija esfuerzo, trabajo. Se busca una especie de humanismo indoloro, placentero con una solidaridad muy del momento.

La familia, en función de tener paz dentro del hogar, está procurando no tensar las situaciones y, por lo tanto, acepta ciertos comportamientos de los jóvenes y no trata de imponer valores. Ha dejado en gran parte de transmitir valores sociales, políticos, religiosos, etc.

Los jóvenes huyen de cierta disciplina de aceptación, sienten indiferencia o prejuicio hacia lo religioso, por desconocimiento. Son vidas fragmentadas y se tratan de construir a base de negaciones de lo que han sido antes: Quiero ser mujer, pero no como lo era mi madre. Son actitudes escépticas frente a lo que ven en los mayores, pero pragmatistas y, por otra parte, no carentes de valores nuevos: solidaridad, tolerancia. Muchos jóvenes tienen un sentido de la trascendencia; la figura de Cristo les atrae, pero como un prototipo de valores a seguir, y no como una Presencia que cambia la vida. Sin embargo, el compromiso con la Iglesia no se da; el seguir o el pertenecer a algo se ve como un menos, un estorbo y cada uno cree a su manera.

El hecho de que hace una semana varios periódicos publicaran unos datos alarmantes sobre el aumento en el consumo de drogas, lo único que produce es un nerviosismo social, que dura, por desgracia, bastante poco, según el Director General de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), don Ignacio Calderón. No veo mucho —dice— que se pongan en marcha acciones para intentar frenar este fenómeno. Todo el mundo pone enseguida en titulares que el consumo de cocaína ha aumentado de una forma alarmante, pero ¿quién analiza el problema en profundidad? Para frenar esta carrera enloquecida en la que estamos, hay que realizar planes de acción concretos y con calendario en mano, dentro del sistema educativo, de la sociedad, de las familias, con el fin de poner en marcha un programa para llegar a los padres y que éstos puedan participar de una forma activa.

Se habla de que es un problema de falta de valores en la juventud. En un informe que la FADpresentará próximamente, se ve cómo en realidad la juventud tiene los valores que tiene la sociedad: la diversión, la inmediatez de la gratificación a lo que se hace, el dinero, el éxito, el bienestar. No hace falta ser muy listo para saber que todo eso conduce a determinadas actitudes frente a una sociedad en la que imperasen valores como la responsabilidad, la disciplina, el esfuerzo, la generosidad.

Para el Director General de la FAD —la Fundación responsable de todas las conocidas campañas de televisión como la de Engánchate a la vida, la del Dí NO, o la del Comecocos en el cerebro—, la disyuntiva que se plantea es la siguiente: O tú has formado a unos jóvenes en unas capacidades personales que les permitan moverse en esos ambientes con una fuerza y una resistencia al fenómeno y con una capacidad de opción, o si no, los más débiles, o los que tengan una problemática determinada, serán clientes claros de fenómenos de este tipo.

Propone una acción de tal envergadura que llegue al mayor número de familias posibles: Hay que unir, coordinar y planificar los esfuerzos desde el Plan Nacional sobre Drogas, desde la Delegación del Gobierno, hasta todas las ONG que trabajamos en esto para que la sociedad, a través de sus agentes, consiga una educación en factores de protección de los jóvenes y logre que sean todo lo libres que hay que ser, pero con una capacidad de manejar responsablemente esa libertad que les aparte de los conocidos riesgos.

En opinión del responsable del Departamento de Pastoral de Juventud, de la Conferencia Episcopal Española, don Victor Cortizo, hay que tener cuidado con las drogas de nueva aparición, cuya adicción no es tanto física, como psíquica. Te permiten hacer una vida normal trabajando y estudiando hasta el fin de semana. En el fondo, es el mismo problema de siempre: Frente a una realidad que no les llena, que no termina de darles motivos para vivir ni motivos para estar realmente alegres, necesitan todo lo que es deshinibirse, pasarlo bien. Yo lo llamo "fenómeno fin de año", porque se sienten obligados a pasárselo bien. Cuando miran a su vida, ven que lo que tienen dentro no les satisface porque no tienen relaciones personales plenas, laboralmente no se sienten muy bien tratados, estudian carreras que les han tocado, sin vocación alguna. Cuando yo no tengo motivos internos, y de fondo, para pasármelo bien hay que medio inventárselos.

La educación en los centros escolares es muy importante también para atajar este problema, aunque muchas veces es más dificil, puesto que el sujeto que llega a las aulas se ha criado en un panorama cultural y social distinto al vivido por los maestros. Doña Lourdes Ibáñez, profesora en un Instituto madrileño de Secundaria, resalta la importancia de la tutoría. Cada vez se nota más —dice esta profesora de Matemáticas— cómo les cuesta concentrarse durante un largo período de tiempo, se despistan fácilmente, tienen poco hábito de estudio en casa, menos motivación que nunca, yse nota que muchos se sienten carentes de afecto.

Recientemente Alfa y Omega ha recibido una carta de un joven de Jaén, Juan Manuel Molina, que escribe un decálogo de un hijo a un padre. En él pide a su padre caminar más lento para que pueda ir junto a ti, y que se tome un tiempo para explicarme las cosas maravillosas de este mundo con gusto; estar más pendiente de mis necesidades, y puesto que soy un regalo tan especial de Dios, por favor, atesórame como Dios quiso que lo hicieras, dándome principios con los cuales vivir, y enseñándome disciplina amorosamente. Necesito —continúa— tu apoyo y tu entusiasmo para crecer. Puedes criticar las cosas que hago sin criticarme a mí. Y concluye pidiéndole que le lleve a la iglesia regularmente y me enseñe a rezar, dándome el ejemplo.

Benjamín R. Manzanares