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Con la publicación de esta carpeta, la Fundación Nacional PROFORPA y la CONCAPA pretende contribuir a clarificar y resolver uno de los más graves problemas que el comportamiento de los jóvenes está planteando actualmente a los padres y educadores, a los responsables políticos y sociales, y a la sociedad en general. Inserto en la naturaleza humana está un deseo innato de felicidad: las personas siempre han buscado la manera de ser felices, de pasarlo bien, de divertirse. El ser humano siempre elige el bien, aunque no siempre eligen bien.
Tratar un fenómeno pluridimensional como es éste, que hemos dado en denominar movida juvenil, resulta tremendamente complejo. Las causas y circunstancias que inciden sobre el mismo son dispares, a veces circunstanciales y muchas veces interesadas para los distintos sectores económicos. No compartimos, dicen, el dramatismo, aunque sí la preocupación, que desde múltiples sectores se ha generado en torno a este fenómeno, importado en las últimas décadas y plenamente asentado en la juventud española de hoy. Se entrecruza un fenómeno ajeno a nuestra cultura tradicional, el gregarismo y la concentración, con otro que nos es muy arraigado: el consumo de alcohol como vehículo para las relaciones sociales y la diversión. Los puntos colaterales de la movida son los lógicos cuando se aglomeran cientos o miles de personas. El ruido, la suciedad, la congestión viaria... La habituación y persistencia del fenómeno motiva la crispación nerviosa del vecindario, la degradación urbanística y la desvalorización inmobiliaria de la zona escogida para su asentamiento. Nuestra cultura ha sido históricamente una cultura del vino, si bien la importación de los gustos de otras latitudes ha orientado las preferencias hacia bebidas de más alta graduación, siempre dentro de una concepción del alcohol como estímulo necesario para la integración del grupo. La tendencia a la emulación excluye del grupo a quien rechaza su consumo. |
| Todo esto se ha producido en un momento en que la permisividad de los padres hacia sus hijos ha alcanzado sus máximas cotas en lo relativo a horarios, formas de conducta, etc., paralelamente a un distanciamiento motivado por la falta de diálogo y de tiempo. Ello ha facilitado que el joven necesite imperiosamente del grupo, como cauce para sus relaciones sociales, y en su virtud, aprende y vive para el grupo, por lo que asume todo lo necesario para su integración, incluido el consumo de productos poco recomendables.
A lo anterior se une el mensaje de los medios de comunicación, a través de una agresiva publicidad y de las propias conductas y actitudes de quienes se convierten en los prototipos de joven de éxito de hoy. Las perspectivas frustrantes del mercado laboral y la falta de salidas contrastan con la incitación continua al joven, desde su más temprana edad, al consumo de los más variados productos, como vía para la integración en una sociedad que valora al individuo por su estatus económico. La frustración resultante se compensa mediante la integración en un grupo a su medida en el que estas circunstancias se ven difuminadas por unos mensajes que asocian el consumo del alcohol al éxito personal, social o sexual. A esto se une la permisividad hacia los establecimientos de hostelería que toleran el consumo de bebidas en el exterior, sin contar con controladores al efecto, y la venta de alcohol a menores en grandes superficies, supermercados o pequeños establecimientos. CONCLUSIONES Y PROPUESTAS
Algunas conclusiones y propuestas son: - Todos los estamentos de la sociedad tienen responsabilidad en la resolución de los efectos negativos de la movida. - Confiar en la juventud. El joven se sentirá así responsable de una labor que tiene que cumplir y de la que debe responder: plenamente satisfecho porque se siente útil, no necesitará buscar la evasión de la realidad. - Reclamar a los políticos, publicistas, sociólogos, periodistas y educadores que traten la información sobre la juventud desde una óptica constructiva ofreciendo imágenes modélicas en las que ellos se puedan reflejar. - Resaltar la defensa de cualquier movida juvenil siempre que ésta no perjudique a la persona. - Fomentar la educación integral. Una educación con la que se aprenda a pensar y que proporcione fundamentos verdaderos, sólidos y estables para la vida, y haga entender el sentido de lo cotidiano, el sentido del cansancio, de las dificultades, del sufrimiento; una educación que libere de actitudes consumistas, capacitando a cada persona para disfrutar en todo momento de su realidad actual, sin escapismos ni compensaciones. - Los educadores deben cultivar en los niños y en los jóvenes la capacidad de ir más allá de lo inmediato, de lo fácil, de lo que no exige esfuerzo. - Los hijos necesitan ver en sus padres modelos de referencia, por lo que éstos deben educar con el ejemplo de madurez y equilibrio. - Educar a los jóvenes en la libertad, como uno de los valores más sólidos que debe impartirse, para que no busquen sólo el placer inmediato, la diversión a toda costa, el consumo, etc. Fomentar el sentido crítico ante lo que les rodea, ante los medios de comunicación, ante la publicidad, para saber discernir sobre el mensaje que reciben. Así podrán ser capaces de escoger y abrir caminos, es decir, a conocer y comprender a la sociedad, su funcionamiento y los obstáculos que se oponen a su evolución. - Concienciar a los padres de la necesidad de ofertar a los hijos, sobre todo a los adolescentes, actividades lúdicas que les satisfagan. Es necesario que conozcan sus gustos y aficiones. - Enseñar al hijo que él es un miembro activo de la familia, que participa de las alegría y tristezas, de los trabajos, responsabilidades, etc. |