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18 de febrero de 1967. Universidad de Duquesne, en Pensylvania (Estados Unidos). Un grupo de treinta personas, entre estudiantes y profesores, se reúnen para asistir a un retiro espiritual. Su ilusión se conjuga con el verbo de la esperanza de que la acción del Espíritu Santo, ése gran desconocido, haga de su forma de vivir la fe un nuevo Pentecostés. Después se repetiría esta experiencia en las Universidades de Notre Dame, South Bend, Michigan... Lo que hoy nos parece un movimiento de renovación de carácter popular, nació un día en el ámbito de la cultura más selecta. David Magnan, uno de los primeros, comenta que lo que empezó entonces, gracias a Él, fue una capacidad nueva de estar a la escucha. Dios tomó de su mano el formarme para lo que Él quería de mí.
En España según nos cuenta Marisol Salcedo, miembro de la Renovación Carismática Católica, estamos entrando ahora en una etapa de madurez. Ya hace 25 años que surgió y, si bien es verdad que al principio nació como un movimiento del Espíritu de una forma espontánea y libre, el Papa, concretamente en el encuentro de Rimini del pasado mes abril, ha escrito una carta donde recomienda a la Renovación frutos de madurez, de compromiso y de comunión. Recomienda que seamos un movimiento eclesial al servicio de la Iglesia. Ha llegado el tiempo de la responsabilidad, en comunión con otros movimientos, al servicio de la Iglesia. Monseñor Paul Josef Cordes, Presidente del Consejo Pontificio Cor Unum, ha escrito recientemente que la Renovación Carismática Católica tiene hoy una ocasión privilegiada de servir a la Iglesia y a la Humanidad. Y esto, no solamente porque sois todavía relativamente jóvenes y vigorosos, sino también porque sois muy numerosos y estáis repartidos en casi todas las partes del mundo y de la Iglesia. Hace tiempo oí la inquietud de los obispos sobre la Renovación Carismática: la juzgaban de "superespiritual" y, tal vez, algo indiferente a la justicia y necesidades de los hombres. Ahora puedo oír a esos mismos obispos elogiar la Renovación porque hace contrapeso, en el otro extremo, a la inquietante y actual orientación de los "supermaterialistas", que quisieran reducir todo el Evangelio a programas sociales y políticos. |
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Marisol Salcedo niega toda tentación iluminista en la Renovación Carismática. Es verdad insiste que el hombre, que con su razón observa, trata de encajar y encasillar lo que ve, y es fácil que nos pongan la etiqueta de iluminados. Pero en la Renovación, si hay una nota predominante, es el ser una corriente de gracia que hace posible, que favorece o que permite, el encuentro personal del hombre con Jesucristo, con el Dios vivo y resucitado. Ese encuentro regala a quien lo tiene una gran alegría, una nueva forma de ver la vida, un optimismo, un vivir guiados por el Espíritu, que quien verdaderamente no ha tenido ese encuentro y lo mira con los ojos de la razón, fácilmente pueda encajar a esa persona como de iluminada. Nada de eso. El encuentro de un ser humano con Jesucristo, si se mira sólo con los ojos de la razón, se puede etiquetar de iluminado o fantástico. Por eso, en este tiempo de madurez, se recomienda a la Renovación, para que no desaparezca, para que no se desvirtúe, no tanto el ser un movimiento de una realidad al margen del mundo, sino plenamente insertado en la Iglesia, para transformar al mundo y a la Iglesia desde dentro.
No es fácil explicar cuál es la dinámica de integración en la Renovación Carismática Católica. La propia desestructuración hace, de esta corriente de gracia, que se establezca una peculiar relación comunitaria. Para Marisol Salcedo, un grupo se genera partir de los seminarios de las siete semanas, los seminarios de iniciación a la vida en el Espíritu. Son una catequesis que dura siete u ocho jueves, durante siete semanas, donde se dan distintos temas y testimonios. Al final, presidido por un rato de alabanza y una enseñanza, finaliza con un testimonio de alguien que ha tenido un encuentro personal con Jesucristo que le haya cambiado la vida. Si, por ejemplo, te llaman de una parroquia porque quieren que se inicie un grupo de Renovación Carismática, vamos un grupo de servidores con un sacerdote, y allí se celebra un seminario. Las personas reciben su efusión y normalmente encuentran al Señor, y así queda constituido el grupo. José Francisco Serrano |