|
|
Ciao, Vittorio
|
El párroco de San Gregorio al Celio, con quien Vittorio Gassman hablaba a menudo últimamente, lo ha contado: Esto fue lo último que me dijo: "Cristo me fascina, nunca se me hubiera pasado por la cabeza devorar el Evangelio en cuatro días como he hecho". El párroco de Santa María dei Miracoli, en la romana Piazza del Popolo, confirma: Me encantaba verlo absorto en oración; se veía que era una persona convencida de lo que estaba haciendo. Aunque luego hablaba con él e ironizaba: "Estoy escribiéndole cartas al Padre Eterno, porque mi fe es un poco titubeante. A veces pienso que tendríamos que vivir dos vidas en la tierra, una para entender y otra para actuar". El gran Vittorio se ha ido a la vida definitiva. Lo más seguro es que ya lo haya entendido todo. Por ahí anda su foto con Juan Pablo II, de no hace mucho, de cuando descubrió que, más allá de las palabras del hombre, hay una Palabra absoluta. Gassman fue durante toda su vida un auténtico mago de las palabras, y vivió y supo hacer vivir no una ni dos vidas, sino muchas a lo largo de su carrera. Buscó la Luz. ¡Ojalá la haya ya encontrado! Al día siguiente de su muerte, también del corazón, claro, moría Walter Mattau, otro gruñón repleto de ternura. Este fin de semana, el mundo del cine y del arte el mundo, sin más se ha quedado algo más vacío
|