|
|
Estaba en el patio dando vueltas, sin rumbo fijo, cuando nos vio llegar, se puso a dar vueltas por nuestro lado, como si buscase que alguien le escuchase. Le ofrecimos nuestro calor humano, nuestra ternura, nuestro amor; en él pudimos ver la presencia de Cristo sufriente, encarnado en un hermano preso. Después de una larga charla pidió recibir el Sacramento de la Reconciliación.
Nos contó que, desde los dieciocho años, estaba enganchado a la droga, a raíz de un problema familiar: cuando se encontraba realizando el servicio militar, su padre abandonó a su madre Nos contó que era una persona corpulenta, que, a pesar de estar enganchado, una vez terminada la mili encontró trabajo en Gerona de bombero profesional. Que se sentía a gusto realizando labores a favor de la comunidad. En estos momentos, y con 34 kilos de peso, se encuentra muy mal; casi no tiene fuerzas para subir las escaleras que llevan hasta su chabolo (habitación). Nos dice que es Dios mismo que le empuja, que le da fuerzas para poder subir los peldaños, para poder vestirse, en definitiva, para poder levantarse cada mañana. Al no poder escribir por su propia mano, nos ofrecimos para que nos dijera lo que en aquellos momentos sentía en su interior. Lo primero que nos dijo: Veo que ahora me llega el descanso, se termina la pesadilla, el final físico se ha quedado a medio camino. Ya no me quedan fuerzas. El espíritu lo tengo bien fuerte; cada día estoy con Él y estoy en el inicio. He vivido en la calle pidiendo limosna. Algunas personas me han dado; otras, no; incluso algunas me han insultado; otras me han dado amor, otras me han dado dinero. Recuerdo con cariño que un niño me dio un duro y una sonrisa, escapándose de su madre, que no quería que se me acercara. |
| ¿Cómo vives la enfermedad?
Mi misión, de alguna manera, mi trabajo: he hecho mucho, ha sido una vida intensa en todos los niveles. He estado arriba y abajo, he comido caviar y he estado en los mejores hoteles de Barcelona La enfermedad la encuentro como el final de todo esto; me voy en paz. Me gustaría irme sin dolor; lo físico me hace daño; tengo artrosis y la médula ósea ¿Cómo ves la muerte? La veo como el comienzo de la vida; de la auténtica vida, y poder poner en práctica todo lo que se nos ha enseñado de bueno en esta vida y lo malo dejarlo de lado. ¿Quién es para ti Dios? Dios está en mí, yo no puedo hacer y deshacer. Soy un instrumento de Dios. ¿Y Jesús de Nazaret? Lo veo un hermano, que ha sufrido como yo. Todos portamos dentro el Buen Jesús, también portamos a Satanás, que nos da el instinto animal y que nos hace actuar instintivamente mal; la bestia escondida en un pequeño rincón que tenemos en nuestro corazón; hay gente que lo saca, que lo purifica , es como una habitación que la ventilas y la purificas, para que salga. ¿Quién es para ti la Virgen María? Para mí es mi Madre; es como mi madre; siempre está conmigo. Dios, Jesús y la Virgen van ligados: son el Padre y la Madre. (En la actualidad hace tiempo que no sabe nada de su madre. Pero si le aplican el artículo 60 actual 104.4, le gustaría ir a morir a casa de su madre. Estamos en contacto con Pastoral Penitenciaria de la diócesis de Ibiza, a fin de que nos ayuden a localizar a su madre). ¿Qué le dirías a tu madre? Que la quiero y me gustaría verla; la necesito. Aunque no me dé ni cinco duros, necesito verla; la quiero. ¿Qué mensaje podrías transmitir de tu enfermedad, soledad, cárcel , a todos (refiriéndose a los compañeros que están en su misma situación)? Que no tengan miedo y abran sus corazones a la verdad antes de morir. Que no les de vergüenza llorar, chillar y decir que me he portado mal con esta persona; saber pedir perdón y perdonar. ¿Qué nos dirías a los discípulos de Jesús de Nazaret, a la gente de Iglesia? Les pediría humildad, que no sean hipócritas, que la hipocresía es la espina más grande que tiene el ser humano. La gente piensa que dando un donativo tiene el alma salvada. Caridad es amor, lo que tú estás haciendo ahora. La caridad no es dinero ni un trozo de pan, es algo más: es amor (un abrazo, una sonrisa ) |
|