RetrocesoA&ONº 221/13-VII-2000SumarioContraportadaContinuar
16 de julio: Fiesta de la Virgen del Carmen
¡Salve, Estrella de los mares!
Con motivo de la festividad de la Virgen del Carmen, el próximo 16 de julio, Día de las Gentes del Mar, ofrecemos un extracto del mensaje del obispo promotor del Apostolado del Mar, de la Conferencia Episcopal Española, y dos poemas dedicados a la Patrona de los Mares, una advocación muy arraigada en nuestro país
La fiesta de la Virgen del Carmen nos invita, un año más, a ser cada vez más sensibles a los muchos y graves problemas de las gentes del mar, para contribuir a su pronta solución. Siendo como son hermanos nuestros, ¿cómo vamos a poder olvidar a los más de dos millones de marinos y pescadores de altura, a esos otros treinta millones de pescadores de bajura, y tantas otras personas que trabajan sobre las plataformas petroleras o prestan sus servicios en los grandes cruceros? Ellos y sus familias deben estar muy en el corazón de la Iglesia.

La Marina mercante va asimilando rápidamente los progresos de la técnica, y tiende a una creciente especialización. Sin embargo, hay que lamentar, en términos generales, la profusión de las banderas llamadas de conveniencia, ya que de ello deriva una grave problemática social y laboral, con elevados índices de siniestralidad y de accidentes, e incluso con abandonos de los buques en puertos extranjeros, dejando a sus tripulantes en la más cruel indefensión.

La flota pesquera sigue teniendo graves problemas: caladeros antes tradicionales son hoy de difícil acceso, o se encuentran agotados o en vías de serlo, con la inevitable reducción del número de barcos y de pescadores, y la necesidad de sufrir las consecuencias muchas veces negativas de difíciles y largas negociaciones con otros países. La avanzada tecnología y la imprudente utilización de artes y prácticas destructoras siguen agudizando la crisis de los recursos naturales, lo que conlleva la necesidad de tener que recurrir a paros biológicos y a excepcionales medidas protectoras. En estos procesos, a menudo, las personas de los pescadores y de sus familias no ocupan el lugar de interés preferente, como pide su dignidad.

Ambos mundos, mercante y pesca, aunque tan distintos entre sí, tienen, sin embargo, una problemática común en muchos aspectos: más horas de trabajo diario que lo habitual entre los trabajadores en tierra, largas permanencias en la mar, inseguridad en las ganancias, falta de comunicación con sus familias... La familia, por la ausencia del padre y la soledad de la madre y de los hijos, sigue siendo el gran problema de las gentes del mar, aunque es gozoso constatar que la familia marinera se mantiene hoy, por lo general, más estable y unida que el resto de las familias. Sin embargo, un materialismo destructor va minando ricos valores humanos y cristianos de numerosas familias del mar.

+Carmelo EchenagusíaDesnudez interior

Madre, la puerta entornada
de mi corazón desierto
ha dejado siempre abierto
un resquicio a tu mirada.

En la intimidad velada
he quedado al descubierto,
y ahora siento el desconcierto
de mi desnudez privada.

La vergüenza me acongoja,
Virgen del Carmen, por dentro
donde el pudor se sonroja.

Hoy, descentrado, me centro
saliendo, Madre, a tu encuentro
para que Cristo me acoja.

Padre Tomás Polvorosa Romance de los Cargadores de la isla

Cargadores de la Isla
mecedla con suavidad,
que lleváis sobre los hombros
a la Reina de la Mar!
Cargadores de la Isla:
ésa que vais a sacar
es la Virgen marinera,
que huele a marisco y sal;
la que llamaban Señora
y Capitana, al rezar,
los abuelos que tenían
claras almas de cristal
bajo la recia envoltura
de sus capotes de mar;
la que apacienta las olas
los días de tempestad;
la que esta tarde de julio
el crepúsculo honrará
colgando nubes de grana
por los balcones del mar.

Yo la vi que estaba triste
la Señora, en el altar.

Su rostro llenaba el lirio
de una palidez mortal.

¿Qué te pasa, mi Señora,
Capitana de la mar,
que más que Virgen del Carmen,
pareces de la Piedad?

Tres años hace, tres años,
que me estoy sin ver la mar,
sin oler las algas verdes
y sin ver la claridad.

¡Mis hijos, los de la Isla,
ya no me quieren sacar!

No lloréis, Señora mía.
que dice un viejo refrán,
que la fortuna y el sol
igual vuelven que se van.

¡Cargadores de la Isla,
marineros de la mar!:
La Señora estaba triste:
si la queréis consolar,
cuando la saquéis, mecedla
de esa manera especial,
hecha de tango y ternura
y de vaivenes de mar,
como se mecen los santos
desde los Puertos a acá,
¡como no saben mecerlos
en ninguna parte más!
Tú, cargador, que no sabes
rezar la Salve, quizás:
si cuando lo saques, meces
el paso, con buen compás,
aunque no sepas la Salve,
Dios te lo perdonará...
¡que mecer así a la Virgen,
ya es un modo de rezar!

José M. Pemán
en Obras Completas (Edibesa)

José María Pemán dedicó este poema a los que llevaron el paso de la Virgen del Carmen en la isla de San Fernando, en su primera salida en procesión después de tres años de contienda y de laicismo oficial