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La fiesta de la Virgen del Carmen nos invita, un año más, a ser cada vez más sensibles a los muchos y graves problemas de las gentes del mar, para contribuir a su pronta solución. Siendo como son hermanos nuestros, ¿cómo vamos a poder olvidar a los más de dos millones de marinos y pescadores de altura, a esos otros treinta millones de pescadores de bajura, y tantas otras personas que trabajan sobre las plataformas petroleras o prestan sus servicios en los grandes cruceros? Ellos y sus familias deben estar muy en el corazón de la Iglesia.
La Marina mercante va asimilando rápidamente los progresos de la técnica, y tiende a una creciente especialización. Sin embargo, hay que lamentar, en términos generales, la profusión de las banderas llamadas de conveniencia, ya que de ello deriva una grave problemática social y laboral, con elevados índices de siniestralidad y de accidentes, e incluso con abandonos de los buques en puertos extranjeros, dejando a sus tripulantes en la más cruel indefensión. La flota pesquera sigue teniendo graves problemas: caladeros antes tradicionales son hoy de difícil acceso, o se encuentran agotados o en vías de serlo, con la inevitable reducción del número de barcos y de pescadores, y la necesidad de sufrir las consecuencias muchas veces negativas de difíciles y largas negociaciones con otros países. La avanzada tecnología y la imprudente utilización de artes y prácticas destructoras siguen agudizando la crisis de los recursos naturales, lo que conlleva la necesidad de tener que recurrir a paros biológicos y a excepcionales medidas protectoras. En estos procesos, a menudo, las personas de los pescadores y de sus familias no ocupan el lugar de interés preferente, como pide su dignidad. |
| Ambos mundos, mercante y pesca, aunque tan distintos entre sí, tienen, sin embargo, una problemática común en muchos aspectos: más horas de trabajo diario que lo habitual entre los trabajadores en tierra, largas permanencias en la mar, inseguridad en las ganancias, falta de comunicación con sus familias... La familia, por la ausencia del padre y la soledad de la madre y de los hijos, sigue siendo el gran problema de las gentes del mar, aunque es gozoso constatar que la familia marinera se mantiene hoy, por lo general, más estable y unida que el resto de las familias. Sin embargo, un materialismo destructor va minando ricos valores humanos y cristianos de numerosas familias del mar.
+Carmelo EchenagusíaDesnudez interior Madre, la puerta entornada En la intimidad velada La vergüenza me acongoja, Hoy, descentrado, me centro Padre Tomás Polvorosa Romance de los Cargadores de la isla Cargadores de la Isla Yo la vi que estaba triste Su rostro llenaba el lirio ¿Qué te pasa, mi Señora, Tres años hace, tres años, ¡Mis hijos, los de la Isla, No lloréis, Señora mía. ¡Cargadores de la Isla, José M. Pemán José María Pemán dedicó este poema a los que llevaron el paso de la Virgen del Carmen en la isla de San Fernando, en su primera salida en procesión después de tres años de contienda y de laicismo oficial |