RetrocesoA&ONº 221/13-VII-2000SumarioEn portadaContinuar
Lo presentado sobre el genoma humano no es más que un borrador
El hombre es mucho más que sus genes
Escribe para Alfa y Omega la Directora de la carrera de Bioquímica y de la cátedra de Bioética del Centro Universitario Francisco de Vitoria, de Madrid
Junio de 2000 será una fecha para recordar en la historia de la biología molecular. Ha transcurrido menos de medio siglo desde que, en 1953, James Watson y Francis Crick descubrieron la estructura en doble hélice del ADN (macromolécula que compone cada uno de los genes que integran el genoma humano). Trece años después, en 1966, se descifró el código genético; en 1973, se descubría la técnica del ADN recombinante. El soporte tecnológico que se ha desarrollado en las dos últimas décadas de este último siglo ha sentado las bases para secuenciar, a gran velocidad, el material genético de diferentes especies.

La ciencia conoce ya el genoma de varias bacterias, levaduras, el del gusano C.elegans y, recientemente, el de la mosca Drosophila, por citar sólo algunos. Siendo estos avances nada despreciables, sin duda, su interés no es el mismo que ha despertado la secuencia del genoma humano. Y es que el conocimiento de nuestros genes no tiene sólo una repercusión científica, sino una repercusión social, ética y jurídica sobre la que vale la pena reflexionar.

Hace poco más de una semana, el mundo fue testigo de uno de los anuncios más esperados desde que comenzó el proyecto Genoma Humano. Esta espera se hizo más acuciante desde el pasado mes de abril, en el que la empresa Celera comunicó haber completado la secuencia del genoma humano. Efectivamente, ya se conoce el borrador de la secuencia completa y, lo que es más importante, ordenada del genoma del ser humano.

Sin embargo, es necesario puntualizar que, aunque este hecho científico se ha comunicado con un gran despliegue de medios y ha estado avalado con la presencia del Presidente de Estados Unidos y del Primer Ministro del Reino Unido, aunque los medios de comunicación han ofrecido una gran cobertura de este anuncio, no debemos olvidar que lo que se ha presentado es un borrador, que aún debe revisarse y corregirse, y que hasta dentro de unos tres años no conoceremos con exactitud el 99´9% del orden de la secuencia de nuestros genes. Las bases están sentadas, pero la andadura científica en Genómica y en Proteómica no ha hecho más que comenzar.

REPERCUSION SOCIAL


Del conocimiento que ya se tiene podemos deducir una serie de repercusiones que se van a dar a varios niveles. En pocos años la Medicina entrará en una nueva era, pues el conocimiento del patrón genético de cada individuo cambiará métodos de diagnóstico y pronóstico de muchas patologías, y modificará las terapias actuales. La legislación nacional y supranacional debe considerar en sus códigos la regulación de las acciones que derivan del conocimiento del genoma humano. A la Bioética, como ciencia que estudia las implicaciones éticas de los avances biomédicos y biológicos, se le abre un campo apasionante. En definitiva, el anuncio tiene una repercusión social que va más allá de las fronteras del mundo científico.

El genoma humano es el conjunto de los genes que caracteriza a nuestra especie, responsable de que seamos diferentes de otras especies, y director del desarrollo del ser humano desde la fase de óvulo fecundado hasta la vida adulta. Cada célula del cuerpo contiene todo el genoma, y las diferencias existentes entre células se deben a que unos genes estén activos y otros no en estas mismas células. Vale la pena puntualizar que, si bien en un principio se pensó que el número de genes del ser humano podría superar los 140.000, actualmente se cree que no poseemos más de 100.000.

El material genético se organiza en cromosomas, de los que el hombre tiene 23 pares. Se conoce ya la composición de los cromosomas 21, 22 y los sexuales X e Y. El análisis de estos cromosomas ha mostrado que cada uno de ellos posee menos genes de los que se pensaba. Por ello cabe esperar que el genoma humano tenga entre 50.000 y 80.000 genes. Sin embargo, aunque el número de genes de la especie humana sea inferior al esperado, no cabe duda de que el conocimiento de estos genes tendrá una repercusión en la práctica clínica.

Es difícil profundizar en cada una de las implicaciones que tendrá el conocimiento del genoma en medicina; por ello, me limitaré a destacar sólo algunas que considero esenciales.

MEDICINA A LA CARTA


Hasta ahora el diagnóstico de la gran mayoría de las patologías no incluye un perfil genético del paciente; sin embargo, a partir de los próximos años, un diagnóstico genético será habitual. Con esta nueva forma de diagnóstico, se podrá individualizar cada vez más el paciente, lo que necesariamente tendrá una repercusión en los tratamientos. Es lo que se ha dado en llamar medicina a la carta. Cada paciente tendrá un tratamiento individualizado según el perfil genético de su patología; no cabe duda de que esto supone una mejora indiscutible que permitirá eliminar a priori ciertos tratamientos a los que se sabe que el enfermo no va a responder, y aplicar, sin embargo, aquel que, de acuerdo con su perfil genético, tenga mayor probabilidad de éxito.

Por otra parte, el conocimiento del genoma va a proporcionar un enorme número de fármacos y tratamientos basados fundamentalmente en el estudio de las proteínas humanas. De ahí el profundo interés de las compañías farmacéuticas por conocer la información precisa derivada de nuestros genes para el desarrollo de nuevos fármacos. De hecho, cinco empresas farmacéuticas se han suscrito ya a las diferentes bases de datos de la empresa Celera.

La medicina no sólo se beneficiará del conocimiento del genoma humano, sino que también lo hará en gran medida del conocimiento del genoma de microorganismos, concretamente de bacterias; lo que permitirá el diseño de nuevos antibióticos y agentes antimicrobianos.

En el próximo decenio, las pruebas genéticas revelarán la tendencia o exposición a una enfermedad; entre otras misiones, compete al proyecto Genoma Humano identificar variaciones genéticas comunes. Confeccionada la lista, la epidemiología establecerá la correlación entre variaciones y riesgo de contraer una enfermedad. Conoceremos el papel de los genes que, si bien por sí mismos contribuyen sólo débilmente a las enfermedades, al interaccionar con otros genes y ciertos factores ambientales (dieta, infecciones, exposición prenatal, etc.) afectan a la salud. Hacia el año 2050 muchas enfermedades potenciales se curarán en el ámbito molecular antes de que se manifiesten.

Todo lo descrito tiene indudables ventajas, pero no está exento de riesgos. En primer lugar, el diagnóstico basado en la huella genética de un individuo puede aumentar considerablemente los procesos eugenésicos (selección de los individuos según su calidad genética). Hemos de recordar que la medicina debe siempre luchar por curar a la persona enferma, pero no debe eliminarla. Llegados a este punto, debemos aclarar el hecho de que no existe un determinismo genético. Aunque la información de la huella genética de un individuo puede ser muy válida, el hombre es mucho más que sus genes, y limitarlo a ellos sería caer en un dramático reduccionismo.

Queda mucho trabajo antes de certificar el verdadero significado de muchos chequeos genéticos. Falta tiempo para poder casar, con estadística fiable, la epidemiología molecular con la tradicional, y así poder saber la exactitud de lo que significa ser portador de un genoma determinado. Existe un riesgo alto de hacer determinismo y reduccionismo de los comportamientos humanos, y achacar a la carga genética la culpabilidad de una enfermedad o una determinada conducta.

EL RIESGO DE LA DISCRIMINACION

Asumiendo, pues, que el determinismo genético no existe, y que una mutación o alteración en un gen o un conjunto de genes dan una idea de la probabilidad que tiene un individuo para padecer una determinada patología, debemos asumir que los genes son sólo una parte biológica del ser humano, y que éste no debe reducirse a ellos.

Si entendemos que no es lícito discriminar a un ser humano en función de su raza, sexo o religión, tampoco lo es discriminarlo en función de sus genes, especialmente cuando sabemos que la información que de ellos se deriva puede dar una idea, una probabilidad, de que puede padecer una determinada enfermedad, pero no implica que necesariamente vaya a sufrirla. Por tanto, cualquier práctica eugenésica o discriminatoria a nivel social, en función de los genes de una persona, no está en absoluto justificada. La dignidad del ser humano es inviolable por el hecho de ser persona, y esta sublime dignidad no puede menoscabarse por su perfil genético. Por otra parte, el perfil genético de cada individuo pertenece a dicho individuo, y es por ello confidencial. Enfatizar esta confidencialidad es importante, puesto que el acceso a esta información, por parte de compañías de seguros médicos, puede repercutir negativamente sobre el asegurado.

De lo anunciado hasta ahora, se deduce fácilmente que la legislación española debe atender en sus Códigos las posibles situaciones de discriminación en función de los genes, que puede conducir a una nueva forma de racismo, y debe velar por el derecho a la confidencialidad de datos relevantes sobre la persona, como es el caso de su perfil genético.

Hay algo sobre la especie humana que el conocimiento actual del genoma ha venido a ratificar. Algo que, lamentablemente, a lo largo de la historia de la Humanidad, ha producido un innumerable número de muertes y vejaciones, como la esclavitud, el nazismo..., en definitiva, el racismo. Hoy en España, lamentablemente, continuamos padeciéndolo. Todos los seres de la especie humana nos parecemos en un 99´9 % en nuestro genoma. Las diferencias entre las personas son, en este sentido, superficiales. Hay la misma variación genética entre un africano y un caucasiano que entre un madrileño y un vasco, es decir, sólo un 0´1 %. Ahora bien, no son sólo los aspectos que se refieren a la discriminación o a la confidencialidad genética aquellos de los que la legislación debe encargarse. Con la secuencia del genoma humano surge un conflicto, que actualmente está siendo objeto de debate: ¿debe patentarse el genoma?

Nos encontramos ante un proyecto científico en el que se han invertido alrededor de 370.000 millones de pesetas y unos recursos informáticos impresionantes, gracias a los cuales hemos podido conocer nuestra secuencia, diez años antes de lo previsto. Indiscutiblemente, existe un gran interés económico en la posibilidad de, por una parte, rentabilizar la inversión (fundamentalmente las compañías privadas entre las que la americana Celera es la más poderosa) y, por otra, obtener beneficio de la información derivada del genoma. Todo ello ha planteado las bases sobre el debate de si el genoma humano es o no patentable.

La UNESCO, con la Declaración Universal sobre el Genoma y Derechos Humanos de 1997, declaró al genoma en sentido simbólico Patrimonio de la Humanidad. El pasado mes de abril, tras el anuncio de Celera, Bill Clinton y Tony Blair apoyaron que los datos del genoma humano fueran públicos. Sin embargo, no fueron las empresas privadas, sino los Institutos Nacionales de la Salud, de Estados Unidos, los primeros en plantear la posibilidad de patentar la secuencia en crudo de los genes humanos, que sus científicos iban describiendo a principios de los años 90. Esta intención provocó la dimisión del primer director del proyecto y premio Nobel James Watson.

EL GENOMA HUMANO NO ES PATENTABLE


Actualmente, Estados Unidos tiene aceptadas unas 700 patentes basadas en genes humanos, pero ninguna se refiere a un gen en crudo, sino a la forma de usarlo para desarrollar nuevos fármacos o tratamientos. Estas patentes no impiden a otros investigadores utilizar esos genes, siempre que no pretendan explotar comercialmente sus resultados.

Quiero hacer notar aquí que la secuencia del genoma en sí misma no tiene valor comercial, pero sí las aplicaciones del mapa genético. Las compañías implicadas en el proyecto, comparten el criterio de libre acceso a los datos sin elaborar del genoma humano; ahora bien, se reservan el derecho de patentar informaciones con valor añadido. Europa pondrá en vigor, en este mes, la Directiva 98/44 de Protección de las Innovaciones Biotecnológicas, marco legal para que empresa y científicos de la Unión Europea puedan patentar genes humanos sin problemas. De hecho, la Oficina Europea de Patentes ya ha admitido algunas patentes de secuencias de genes humanos.

Efectivamente, el genoma como tal es patrimonio de la Humanidad y no debe ser objeto de patente comercial. Sin embargo, aquellas secuencias que tengan una utilidad concreta pueden ser objeto de patente, tal y como lo son actualmente los fármacos obtenidos de productos naturales, o de modo similar a como se explota una mina de oro, o un pozo de petróleo, encontrado en cualquier lugar del planeta.

En resumen, el conocimiento que se nos reveló en la última semana de junio de 2000, abre una nueva era en medicina y farmacología, pero debe prestarse especial atención a las implicaciones éticas de este nuevo período. Una bioética que vele por la dignidad del hombre, debe advertir necesariamente del peligro de nuevas justificaciones eugenésicas que quedan abiertas con estos avances, y debe sumarse al artículo 11 del Capítulo IV del Convenio para la protección de los Derechos Humanos y la Dignidad del ser humano, en el que se prohíbe toda forma de discriminación de una persona a causa de su patrimonio genético. Asimismo debe velar por salvaguardar la intimidad de un trabajador o de un asegurado, en lo que a la confidencialidad de su información genética se refiere. Por último, el genoma humano como tal no es patentable, aunque puedan serlo sus aplicaciones.

Dra. Mónica López Barahona