RetrocesoA&ONº 221/13-VII-2000SumarioTestimonioContinuar
Ofrenda a Jesús Sacramentado del Alcalde de La Coruña
Reafirmando la fe de este Tu pueblo
Ofrenda que, en nombre del Reino de Galicia, hace el Alcalde de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de La Coruña, Cabeza Guarda y LLave, Fuerza y Antemural del Reino de Galicia, como Delegado Regio, ante el Santísimo
 Sacramento, en la Santa Iglesia Catedral Basílica de Lugo, en la Octava del Corpus del año 2000
Hoy cumplimos algo más que una Tradición. Respetando los compromisos de nuestros antepasados, damos auténtico sentido a nuestra condición de pueblo, que no es otro que la continuidad y permanencia en los principios y valores que constituyen la razón de ser de nuestra convivencia a lo largo de los tiempos.

Me postro ante Ti, Señor, incorporando en mi Ofrenda a todos los gallegos, los de ayer y los de hoy, los aquí nacidos, los que aquí viven y también a todos aquellos que, lejos de su tierra, siguen siendo y sintiéndose parte entrañable de su país.

Mi oración es la de la paz, la convivencia y la tolerancia, virtudes en la que todos, hombres y mujeres, nos sentimos identificados en el afán común de construir una sociedad abierta e integradora, donde la solidaridad colectiva presida nuestros trabajos siendo el fin principal de los mismos.

Hoy el destino me permite ser el último oferente del sigloXX y del segundo milenio, siendo la primera vez, en la historia de la Ofrenda, que un Alcalde Electo pronuncia el Voto por tercera vez. La concurrencia de estos dos hechos simbólicos añaden a mis palabras el valor, por una parte, del tiempo, como balance de la Historia y medida de los cambios, y, por otra parte, el de la permanencia en las propias creencias, como expresión de fidelidad a la coherencia que siempre debe presidir la actuación de quienes somos servidores públicos.

Atrás queda, Señor, un siglo de grandes silencios: guerras, muertes y exilios; un siglo con un progreso indudable pero mal repartido, donde la permanencia de las desigualdades nos obliga a ser parcos en nuestras valoraciones, porque todavía la pobreza, la marginación y la explotación reducen al silencio a hombres y mujeres, pueblos y naciones de nuestro mundo.

Te encomiendo y te pido por este Antiguo Reino de Galicia, en cuyo nombre tengo hoy el gran honor de hablar. Lo hago en mi condición de Alcalde de la Ciudad de La Coruña, faro de progresismo y libertad, invocando para toda Galicia la ayuda y protección de nuestra Patrona la Virgen delRosario, especialmente para aquellos que más lo necesiten, desde la enfermedad, la soledad, la dependencia de la droga, el paro o cualquiera que sea el motivo de su dolor o sufrimiento.

Ayúdanos a los gallegos a construir, con trabajo e ilusión, un gran país, donde quepamos todos, donde sepamos preparar a los jóvenes en la formación que las nuevas tecnologías requieren, pero asimismo educarlos en la superación de los valores materiales, manteniéndolos fuera de los modelos de violencia, egoismo y hedonismo tan opuestos al espíritu de rigor, esfuerzo, solidaridad y coherencia que es la base sobre la que se debe asentar el futuro de nuestra sociedad.

Desde Galicia expresamos nuestra solidaridad y afecto con las víctimas del terrorismo criminal que perturba la convivencia pacífica en nuestra amada España. La paz nunca jamás tendrá precio alguno y ningún fin puede justificar o explicar el asesinato de una persona; quienes creemos en el derecho a la vida desde su origen, somos los más obligados a denunciar, con claridad y rotundidad, el terrorismo asesino y sus cómplices, sin confundir víctimas con verdugos.

En mis palabras, Señor, he intentado incorporar las ansias, preocupaciones y aspiraciones de todos, en el respeto a la libertad de conciencia que nos une en la aceptación común de los valores universales de la moral y la ética.

Pero quiero terminar reafirmando ante Vos, Dios Nuestro, la fe mayoritaria de este tu pueblo, mantenida a lo largo de los siglos en comunión universal con toda la Iglesia católica, implorando tu ayuda para que sigamos siendo fieles al mensaje del Evangelio de tu Hijo, NuestroSeñor.

Amén.

Francisco Vázquez