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PERO ¿QUE ESTA PASANDO?
Leo asustado una noticia del 23 de junio: un hombre, con la complicidad de su mujer, fuerza durante más de seis años a la hija de ésta, que no suya. Y añade la noticia que, fruto de ello, la joven quedó embarazada en cuatro ocasiones, procediendo a interrupciones voluntarias del embarazo. No sé por dónde empezar: ¿pero qué está pasando? Cerramos los ojos ante una realidad que está en nuestras propias ciudades. ¿Qué clase de mundo es éste? ¿Quién le explica ahora a la chica que la vida es bella?, ¿con qué argumentos? Llaman al aborto interrupción voluntaria. ¿Hasta qué punto ha sido voluntaria? Supongo que en la misma medida en que lo han sido los abusos de su padrastro. ¿Quién se atreve a decir ahora que la chica ejercía su derecho a elegir? Ese argumento, como siempre, resulta inválido. Otra pregunta: ¿Cuál fue la clínica cómplice de este juego tan bajo? Y ¿bajo qué supuesto acogió a la víctima? Casi diariamente es la frecuencia con que se cometían las salvajadas. Durante seis años, fueron cuatro los abortos. ¿Pero es que nadie ayudó a la niña? ¡Ah, sí, la solución estaba en interrumpir voluntariamente los embarazos de la niña! ¡Qué buenos son estos médicos, que se dedican a sacar de problemas a las mujeres necesitadas! Claro que, de nuevo en casa, vuelta a empezar. |
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Me consta que esa niña no se repondrá jamás. A las consecuencias brutales de los abusos de ese matrimonio salvaje se unen las consecuencias reales que sobre ella quedan y la inestimable ayuda que, por parte de los médicos de esa clínica, ha recibido. Y, como ella, ¿cuántas? ¡Qué maravilla de Estado de bien-estar!
Marcial Cuquerella. Madrid PUNTUALIZACION
En relación al artículo dedicado a la exposición El Jardín de las delicias, copias, estudio técnico y restauración, publicado en su edición del día 6 de julio de 2000, les comunicamos que hemos observado una errata en la redacción del mismo y que desearíamos que se publicara nuestra correción al respecto: La citada exposición, así como las jornadas especiales del estudio convocadas con motivo de esta muestra, han sido patrocinadas por la Fundación Winterthur; no así el proceso de restauración de la obra protagonista, El Jardín de la delicias, que fue patrocinado en su día por la Fundación Hieronymus de Praga. Por respeto a las instituciones que gentilmente colaboran con el Museo Nacional del Prado en el desarrollo de sus actividades, consideramos conveniente observar el máximo rigor en la información relativa a sus patrocinios. Aprovecho la ocasión para agradecerles sinceramente el espacio que han dedicado a esta exposición y les envió un muy cordial saludo. Elena Garrido Domingo SEÑALES DE TRAFICO Y LEY DE DIOS En un programa de televisión oí a Ramoncín hacer unas consideraciones de lo más acertadas y sensatas, dando consejos a los conductores para evitar su propia desgracia y/o la de otros. Decía que las señales de tráfico no son un estorbo, sino una ayuda inestimable. Yo pensaba, al oírle, que eso es exactamente lo que ocurre en esa otra conducción que es nuestra vida. Tenemos unas señales inmejorables que nos impedirán estrellarnos en otro sentido mucho peor que el material. Me refiero a la Ley de Dios, que está tan clara y tan a favor del ser humano. Y sin embargo muchos, tan progres ellos, creen que lo valioso es la tan cacareada transgresión. Como el coche, todos tenemos un freno y una marcha atrás. Podemos decir no cuando alguien quiere que conduzcamos suicidamente, pero, si no hemos sabido echar el freno a tiempo, podemos usar la marcha atrás y volver a la dirección permitida. Quienes se pierden, además, también pierden a otros, como suele suceder en cualquier accidente cuando alguien no respeta las señales y, alardeando de su libertad, coge la carretera que, por algo, está prohibida. No se estrella él solo, sino que, probablemente, se carga a dos o tres más. ¿Por qué eso que tan claro para conducir un coche no lo ven igual para conducir su vida? ¿Por qué no prueban a dejarse de transgresiones y piensan que la felicidad está precisamente en el cumplimiento de esas normas morales que les engrandecen ante sí mismos? Julia Estevan. Almería HOMOFOBIA Y ADULTEROFOBIA
Es tremendo que dos ciudadanos, por el mero hecho de mantener unas prácticas sexuales y por proclamar que se aman, quieran tener más derechos que los demás ciudadanos solteros, como, por ejemplo, dos amigas que viven juntas sin ser lesbianas. ¡Si hasta les van a dar hijos en adopción! Que algunos grupos de homosexuales insulten a quienes discrepan con el término de homófobo es tan patético como que los adúlteros insulten a los demás llamándoles adulterófobos. Lo intolerante es que ciertos grupos de presión gay nos quieran intimidar, avasallar; y que pretendan que la Iglesia cambie su moral, lo que a ningún adúltero se le pasa por la cabeza. O que adopten a niños, porque un niño necesita un padre y una madre, que es lo natural. Es injusto que se maltrate a los homosexuales. Pero la ley navarra permite que se dé en adopción a un niño a una pareja de homosexuales. Eso es jugar con los niños. Por vivir en Navarra me quedo horrorizada con tan sólo pensar que, si yo fallezco, pueden dar en adopción a mis hijos a una pareja de homosexuales. Entiendo que aquí ya no están protegidos. María José Martínez. Pamplona |