RetrocesoA&ONº 222/20-VII-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Próximas beatificaciones
Chaminade, fundador de la Familia Marianista
Dios habla al corazón del que se calla para escucharle. Así hablaba Guillermo José de Chaminade, fundador de la Compañía de María y de las Hijas de María Inmaculada. Después de una vida dedicada a la misión apostólica, será beatificado el próximo 3 de septiembre, junto con los Papas Juan XXIII, Pío IX, Tomás Reggio y Columba Marmion
Ciento cincuenta años después de la muerte del padre Guillermo José Chaminade, fundador de la Compañía de María y de las Hijas de María Inmaculada, sus seguidores formulaban, en 1996, los siguientes principios:

Los integrantes de la Familia Marianista nos esforzamos en dar testimonio del Evangelio con nuestra vida y con nuestro servicio. Una vida y un servicio caracterizados por la sencillez, el diálogo, el discernimiento y la formación para la misión. En alianza con María, trabajamos juntos con fe y esperanza por la justicia, la dignidad y la libertad de las personas. Para transformar el mundo en Reino de Dios, la Familia Marianista, como parte de la Iglesia, colabora en la tarea de formar personas y comunidades de fe, abierta a una pluralidad de medios y de lugares.

La vida de Guillermo José Chaminade está marcada por el esfuerzo y por sus convicciones misioneras y marianas. Llevar a cabo sus planes no fue siempre fácil. Nació en Périgueux, Francia, en 1761. Pronto tuvo clara su vocación sacerdotal e ingresó, en 1771, en el Seminario Menor de Mussidan. Catorce años más tarde se ordenaba sacerdote, iniciando así un camino de sacrificio, pobreza y confianza en el Señor, madurando poco a poco sus planes de iniciar una nueva familia religiosa. Pasó la mayor parte de su vida en Burdeos, pero la Revolución Francesa le obligó a ejercer su ministerio de forma clandestina, disfrazado a veces, bajo la amenaza de la guillotina. Durante tres años se vió obligado a exiliarse en España, viviendo en Zaragoza y recibiendo de la Virgen del Pilar las últimas gotas de ilusión para comenzar su proyecto: renovar la fe en su país. Estaba convencido de que María ocupaba un lugar esencial para llegar a Dios. Por ello, la eligió como mediadora para las nuevas comunidades que él mismo fundó. Cuando llegó de su exilio, se volvió a instalar en Burdeos, y trató de reformar las bases de la antigua congregación mariana, iniciada anteriormente con la ayuda de Marie Thérèse Charlotte de Lamourous. Esta congregación se extendió con el tiempo hacia otras ciudades de la región y a toda Francia.

Guillermo José de Chaminade fue un hombre excepcional; siempre rodeado de jóvenes, sabía hablarles, entusiasmarles, y contaba con ellos para la creación de su familia misionera. Se formó a conciencia durante toda su vida. Su biblioteca era excepcional para la época, tenía más de 800 volúmenes; se doctoró en Teología, escribía, daba conferencias, ofrecía retiros...

El padre David Fleming, Superior General de la Compañía de María, dice del padre Chaminade que fue un héroe de la fe y del valor. Ha tardado 150 años desde su muerte el que se le reconozca públicamente, pero fue un hombre humilde, lleno de gracia, que se sintió movido tan sólo por su vocación de ser un misionero de María. Una curación inexplicable desde el punto de vista de la ciencia, ocurrida en Argentina y atribuida a su intercesión, permitió que la Congregación de los Santos presentase al Papa la petición de que sea declarado beato.

A.Llamas Palacios

Los cristianos tenemos que entender, vivir y enriquecer nuestra fe desde dentro de la Iglesia, desde la tradición apostólica, desde los dones del Espíritu Santo, desde las exigencias de la comunión eclesial. Sin miedo a los conflictos con el mundo, sin someter la claridad del Evangelio a los gustos de los poderosos y los sabios de este mundo, esos sabios que desprecian los dones de Dios y terminan siendo esclavos de sí mismos y de sus ambiciones.

FUTURO DE LA IGLESIA


Cada vez más la Iglesia apostólica y católica se configura como una minoría contracultural, fuertemente significativa e interpelante, unida interiormente y arraigada en su propia historia y sus propias tradiciones, capaz de soportar el menosprecio y la pobreza, fiel al Señor y fiel a sí misma hasta la muerte. Sólo así será capaz de presentar una alternativa de vida, fundada en la revelación y en los dones de Dios, que llame la atención de los hombres y los atraiga hacia unos modelos de vida nuevos, enriquecidos con los dones de Dios, creadores de una nueva Humanidad en la que aparezcan los frutos del Espíritu Santo: amor, gozo, paz, justicia, misericordia y esperanza.

El futuro de la Iglesia de Navarra no puede estar en esas corrientes o en esos grupos que, queriendo o sin querer, sabiéndolo o sin saberlo, pretenden llevar a nuestra Iglesia por el camino del disentimiento permanente, de las adaptaciones individualistas de la fe y de la moral, del sometimiento vergonzante a las exigencias del moderno paganismo.

Estoy profundamente convencido de que la renovación de nuestra Iglesia y la renovación religiosa y moral de Navarra, sólo vendrán por el camino de una Iglesia firmemente arraigada en la fidelidad, claramente definida en la doctrina y en la vida santa de los cristianos, en comunión explícita y vigorosa con la Iglesia católica, con el propio obispo, con el Papa y con los santos del mundo entero. Sólo desde ahí podremos ofrecer algo nuevo e interesante a nuestros conciudadanos, sólo desde ahí podremos evangelizar a los pobres, sólo desde ahí podremos ser luz y sal del mundo, fermento creador de unos estilos nuevos de vida y de una nueva sociedad.

+ Fernando Sebastián