RetrocesoA&ONº 222/20-VII-2000SumarioDesde la feContinuar
Guzmán Carriquiry, Subsecretario del Consejo Pontificio para los laicos, ante la Jornada Mundial de la Juventud:
Queremos poner a cada joven ante la presencia de Cristo
La Jornada Mundial de la Juventud se anuncia como el punto central del Jubileo del 2000, una ocasión excepcional cargada de significado religioso y espiritual. Sobre los preparativos y el programa, Zenit ha entrevistado al profesor Guzmán Carriquiry, Subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos
Es muy importante subrayar —explica Carriquiry— que esta Jornada Mundial de los Jóvenes se desarrolla en Roma. En este sentido, se quiere poner en evidencia el testimonio de Pedro y Pablo, la tradición apostólica, el magisterio de la Iglesia y la presencia del Vicario de Cristo. No es casualidad que uno de los gestos fundamentales de todos los jóvenes será la profesión de fe del Credo de los Apóstoles. Si en París el punto de referencia era el bautismo, aquí en Roma la respuesta de los jóvenes se concretará en la proclamación del Credo. De este modo, retomaremos toda la tradición cristiana que se expresa de manera soberbia en el testimonio de los mártires romanos, de Pedro a Pablo, de san Esteban a san Lorenzo, de santa Inés a santa Cecilia, de san Sebastián a san Clemente, de san Calixto a los mártires más recientes de los diversos continentes. En este marco se sitúa el testimonio de los jóvenes que, junto al Santo Padre, proclamarán el Credo y renovarán el acto de fe.
¿Cómo se prepara la jornada final?

Hay muchas novedades. La primera es la apertura de todas las diócesis de Italia a la acogida de los jóvenes. En realidad, ya la Jornada de París fue precedida de la peregrinación de los jóvenes a las diócesis de acogida. A partir de esta experiencia, todas las diócesis de Italia acogerán, entre el 12 el 15 de agosto, a millares de jóvenes de otros países. Recientemente, me he entrevistado con un responsable de la diócesis de Vasto que, en esos días, acogerá a dos mil jóvenes, franceses en su mayoría, pero también canadienses, libaneses y españoles. Serán hospedados por las familias de la diócesis. Lo mismo sucederá en cada diócesis italiana. Una iniciativa que implica no sólo a las estructuras eclesiásticas, en cuanto instituciones, sino a las familias y a las parroquias. Todos deben hacer algo para coger a estos jóvenes, y así se celebrará la universalidad de la fe en cada diócesis. Italia estará implicada de manera capilar en estos días previos, con la presencia de jóvenes provenientes de diversas partes del mundo.

En cuanto a la Jornada Mundial de los Jóvenes, empezará el 15 de agosto, por la tarde, con el rito de acogida del Santo Padre. Prevemos una afluencia de unas 250.000 personas. Tras la acogida, comenzarán los tres días de catequesis, todas las mañanas, en todas las iglesias de Roma, y en las diócesis subvicarias, a cargo de unos 250 obispos. Cada mañana, un tercio de los jóvenes harán la peregrinación jubilar desde Castel Sant’Angelo, por la vía de la Conciliación, hasta la basílica de San Pedro y regreso. Mientras tanto, los otros dos tercios de los jóvenes seguirán las catequesis en las iglesias. El viernes 18 de agosto tendrá lugar un Via Crucis. Por las tardes de los días 16, 17 y 18, se celebrarán lo que se ha llamado Incontragiovani: son mesas redondas, conciertos, testimonios, encuentros de oración, peregrinación por las siete iglesias, representaciones teatrales, etc. Todas estas manifestaciones son organizadas por las diócesis a cargo de movimientos y organizaciones.

El sábado, 19 de agosto, empezará la gran peregrinación. Los jóvenes se desplazarán a pie desde su alojamiento hasta Tor Vergata, donde se tendrá la preparación a la Vigilia que, junto al SantoPadre, comenzará a las 20 horas. Los jóvenes, tras la Vigilia, se quedarán a dormir allí, preparándose para la misa final que se celebrará al día siguiente.

¿Cuántas personas llegarán a Roma en esos días? Muchos medios de comunicación hablan de un megaencuentro...

Será seguramente la manifestación más grande del Jubileo, la que supone un mayor empeño organizativo, pero para nosotros es también una gran pasión espiritual y misionera. No es nuestra intención subrayar la imagen de un espectáculo triunfal. Nuestro verdadero objetivo es el de realizar una grandísima manifestación de la Iglesia joven en movimiento, reunida en la sede del Papa para dar testimonio ante la tumba de los Apóstoles, y renovar la fe para ser misioneros del tercer milenio. El nuestro no es sólo trabajo de reunir masas de jóvenes, no queremos ni entreternerlos, ni excitarlos, ni distraerlos. Pretendemos en cambio situar a cada joven ante la presencia de Cristo. Una presencia tan verdadera y llena de persuasión como la que se apareció a los Apóstoles hace dos mil años. En la mirada del Papa, los jóvenes reencontrarán al primer testigo de Cristo.