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Los resultados electorales (victoria del opositor Vicente Fox y la coalición por él liderada, Alianza por el cambio) desbordaban, el pasado 2 de julio, las expectativas más optimistas, que daban como más probable un empate técnico, o como máximo una ventaja del 5% (ha sido del 7%) del ganador, con Francisco Labastida, el candidato del PRI, derrotado en unas elecciones por primera vez en su historia.Manuel Gómez Granado, en declaraciones a la agencia vaticana Fides, afirmaba: Es un acontecimiento histórico, inédito e increíble para muchos mexicanos. La Conferencia Episcopal Mexicana emitía poco después un sentido mensaje de felicitación al vencedor. LOsservatore Romano informaba en estos términos: Vicente Fox pasará a la Historia como el iniciador de una época. Si Vicente Fox mantiene el programa electoral que le ha llevado a la presidencia, la Iglesia podría ver reconocidos sus derechos, por primera vez desde la Constitución de 1917, que negaba derechos civiles a sacerdotes y religiosos; y a los cristianos, la libertad de enseñanza, manifestación, prensa y expresión política. Los ejes de la campaña de Fox han sido, de hecho, el impulso de la libertad religiosa y la protección de la familia. |
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El Partido Revolucionario Institucional (PRI), fundado en 1929 por Plutarco Elías Calles que puso fin a la guerra de los cristeros, la persecución religiosa más sangrienta ocurrida en el país, cuyos primeros mártires fueron recientemente beatificados por Juan Pablo II, ha gobernado México durante prácticamente todo el siglo, desde el laicismo absoluto y un, a veces, hostil anticlericalismo la Iglesia no había sido reconocida oficialmente sino hasta hace nueve años. Desde 1988, fecha del inicio del levantamiento zapatista, su posición dominante venía resquebrajándose por las continuas acusaciones de corrupción, que llegaban incluso al entorno presidencial más inmediato, y de fraude electoral. Las medidas tomadas por el pasado Gobierno para dar una cierta imagen de transparencia, como por ejemplo la independencia del Instituto Federal Electoral en 1996, o la mayor transparencia en la financiación de los partidos y en el control de los medios, no pudieron evitar las denuncias por corruptelas, como la promesa de sostenimiento económico a los más de 26 millones de pobres a cambio del voto, o la compra de los trabajadores del Estado, o el chantaje a los damnificados por las inundaciones en la región de Veracruz.
La Iglesia católica, desde que se abriera el período electoral el pasado 19 de enero, ha tenido un papel preponderante en la formación de la conciencia social: la Conferencia Episcopal hacía públicos sendos mensajes, en los que se llamaba a la participación ciudadana y al voto responsable: Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad de todos, del 25 de marzo, y, sobre todo, el controvertido La democracia no se puede dar sin ti, del 3 de mayo, en el que se daban una serie de principios generales para el voto de los católicos, a quienes se animaba a no ceder ante los chantajes y el clientelismo, a considerar la calidad moral de los candidatos, y otras cuestiones que han molestado a los dirigentes del PRI, como el derecho a la vida desde el momento de la concepción, el derecho a la libertad de enseñanza y la libre iniciativa social en el terreno económico. Esto, unido a las voces aisladas de algunos prelados, como el Nuncio de Su Santidad, Leonardo Sandri, que apostaba por una alternancia en el poder, o los obispos Jacinto Guerrero, Administrador Apostólico de Tlaxcala, que publicó un manifiesto contra el abstencionismo, o el obispo emérito de Papantla, que denunciaba el intento de fraude de Veracruz, y las prédicas de algunos sacerdotes y religiosos, incomodaron hasta tal punto al PRI que, según la agencia Fides, los funcionarios de la Subsecretaría para los Asuntos Religiosos de la Secretaría del Gobierno (algo así como el Ministerio del Interior mexicano) habrían presumiblemente aumentado la vigilancia de los eclesiásticos más destacados. En vísperas de las elecciones, la Conferencia Episcopal organizaba una campaña de oración y actos de oración y penitencia, como el rezo del Rosario o la adoración permanente de la Eucaristía, durante los días previos a los comicios, rogando porque se celebrasen en un clima de paz. Tras la victoria, los obispos recordaban a Fox, antiguo hombre de negocios y actual Presidente electo, hasta que se realice el traspaso efectivo del poder a finales de año, su obligación de que su servicio a la nación sea desinteresado y generoso, realizado en la verdad y la honestidad, buscando la reconciliación y la unidad de todos los mexicanos para poder construir un país próspero y fraterno. Inma Álvarez |