RetrocesoA&ONº 223/27-VII-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
La Teología en la Universidad
Del precristianismo al postcristianismo
La conclusión de un período tan largo y decisivo para la historia de la Humanidad, como son los dos últimos milenios, nos obliga a preguntarnos cuál es la naturaleza y el porvenir de esa realidad que nos ha determinado hasta el punto de que el tiempo se ha contado y su sentido se ha fijado a partir de la aparición histórica de Jesús de Nazaret. ¿Cómo hay que situar el cristianismo dentro de la historia del mundo? ¿Cuál es la novedad que introdujo en el curso de la Historia, y cómo desalojó a las dos grandes realidades que entonces determinaban el mundo: judaismo y paganismo? En la primera página de su gran obra: Die Mission und Ausbreitung des Christentems (Berlin 1902-1924) A. Harnack responde a esta pregunta: La comprensión cristiana no tuvo ninguna duda: la aparición de esta religión designa la entrada de la religión verdadera y perfecta frente al dominio de la falsa (paganismo) y de la imperfecta (judaismo), y con ella el mensaje de la perfecta redención del género humano del poder del pecado y de la muerte.

El cristianismo se ha afirmado en la Historia, ante todo, por su contenido religioso, pero también por su capacidad creadora en el orden ético, estético, litúrgico y jurídico. Esas grandes aportaciones, ¿son segregables de su matriz originaria? ¿Pueden lograr autonomía y mantendrán vigencia separadas de su raíz vivificadora? ¿Qué nuevos fundamentos podrán tener, si se agota la fuente cristiana? El siglo XIX presentó una alternativa simple pero radical al cristianismo: en cuanto teología fue reducido a antropología (Feuerbach); en cuanto propuesta de redención, a mesianismo secular revolucionario (Marx); en cuanto a ética, derivada de una revelación, a propuesta de un hombre soberano del ser (Nietzsche). ¿Qué ha resultado de esas alternativas después de un siglo? ¿Cómo han afectado al cristianismo? ¿Dónde quedan esos proyectos y dónde está hoy el cristiansimo?

Tras volver la mirada al origen, a sus aportaciones fundamentales y a los críticos que le pusieron el hacha en la raíz, nos preguntamos cómo ve la cultura, es decir, el hombre que piensa en lucidez y libertad a la altura del tiempo, el futuro del cristianismo. A la vez preguntamos cómo encara el cristianismo su propio futuro. Con ello se intenta responder a la pregunta de si el cristianismo ha sido un leve percance de la historia humana, un paréntesis que ahora se cierra, o es, por el contrario, la semilla de su futuro absoluto.

Olegario González de Cardedal