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Nadie como el PNUD ha conseguido, desde los números, abordar el desarrollo humano de una manera tan completa. Ahí es donde radica la riqueza de sus informes. Ha superado la confrontación tradicional entre los, según el Informe 2000, mal llamados derechos negativos (derechos civiles y políticos, tales como el derecho a la vida, la libertad de expresión o el derecho a un juicio con garantías) y los positivos (los derechos económicos, sociales y culturales), y ha permitido un acercamiento al problema de la pobreza y a las desigualdades en el mundo que, hasta ahora, contaba con poco más que las estadísticas económicas proporcionadas por el Banco Mundial. Dice, por ejemplo, en un párrafo que suena a declaración de intenciones: En los Informes sobre Desarrollo Humano se considera que la pobreza es más amplia que la falta de ingresos, que es una privación en muchas dimensiones. Si el ingreso no es la suma total de la vida humana, la falta de ingreso no puede ser la suma total de la privación humana. En efecto, en el Informe sobre Desarrollo Humano 1997, acerca del tema de la pobreza, ésta se define como la privación de las cosas valiosas que una persona puede hacer o ser. El desarrollo humano se centra en la ampliación de las capacidades importantes para todos, capacidades tan básicas que su ausencia impide otras opciones. La pobreza humana se centra en la falta de esas capacidades necesarias para vivir una vida larga, saludable y creativa, para mantenerse informados, para mantener un nivel de vida decoroso, dignidad, respeto por uno mismo y por los demás.Hay una continuidad en la filosofía del PNUD, un todo indivisible, que incluye desde la libertad religiosa, al acceso a agua potable: Los derechos humanos no son una recompensa del desarrollo. Más bien son fundamentales para lograrlo. Sólo cuando la gente sienta que tiene un interés comprometido y participación en las decisiones, se entregará por entero al desarrollo. Algo así sucedió en la India. Las hambrunas eran frecuentes en la época colonial. En la de Bengala, en 1943, murieron de dos a tres millones de personas. Pero desaparecieron súbitamente tras la independencia, con la instalación de una forma de gobierno democrático. Lo que ha ocurrido, dice el Informe del PNUD, es que la India democrática ha podido salir del borde de la hambruna por las presiones populares, por conducto de los medios de información, por una sociedad civil dinámica, y los procesos políticos democráticos pluripartidistas, que no permiten que el Gobierno permanezca inactivo. Ejemplos contrarios están a la orden del día: Algunas de las peores hambrunas de la época moderna ocurrieron sin que hubiera una disminución catastrófica de la oferta total de alimentos. De hecho, amplios sectores de la población permanecieron indemnes. Lo que nunca falta en esos países es, en cambio, graves violaciones de los derechos humanos. Sudán fue, recientemente, escenario de una de las peores hambrunas de las últimas décadas. Aquí los integristas islámicos han instaurado la sharia y despojan de todo derecho a cristianos y animistas. Y, sin embargo, hace sólo unos meses, éste fue el destino de miles de eritreos y de etíopes, que huían del hambre y de la guerra civil. |
| ¿DERECHOS HUMANOS O CULTURALES?
Los últimos años del segundo milenio pasarán a la Historia por el debate en torno al carácter universal de los derechos humanos, un debate que el cristianismo y otras religiones cerraron hace siglos y que ya resolvieron los juristas de la Escuela de Salamanca, en el siglo XVI. Han sido precisas dos guerras mundiales y cincuenta años de permanente sobresalto ante la posibilidad real y cercana de un fin del mundo, ha sido necesario que la televisión lleve a los hogares los horrores de la guerra y el hambre para que algunos Estados hayan querido darse por enterados. El tercer mundo teme, a veces con razón, que Occidente utilice la bandera de los derechos humanos para inmiscuirse con total impunidad en sus asuntos internos y así consolidar la relación existente de dominante-dominado. Es la recurrente, pero acertada, crítica a la hipócrita actuación de las grandes potencias del primer mundo. Se interviene en Irak y en Yugoslavia, pero se deja hacer a China en el Tíbet, a Rusia en Chechenia o a Israel en los territorios ocupados. El PNUD, sin embargo, no está dispuesto a dejar de lado la cuestión de fondo y se define sin ambages: Lo que distingue a todas las civilizaciones es el respeto que asignan a la dignidad y la libertad humanas. El propio Kofi Annan, Secretario General de la ONU, dedica a este asunto su contribución al Informe: Hoy sabemos mejor que nunca que, sin respetar los derechos del individuo, ninguna nación, comunidad, ni sociedad puede ser verdaderamente libre. Ya sea promoviendo el desarrollo, subrayando la importancia de la acción preventiva, o interviniendo, incluso a través de las fronteras estatales, para detener las violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos, nuestra preocupación ha estado siempre centrada en el individuo. Hay ciertas prácticas añade que no tienen excusa en ninguna cultura, bajo ninguna circunstancia. Está tomando forma lenta, pero, en mi opinión, firmemente, una norma internacional contra la represión violenta de cualquier grupo o pueblo, que debe tener y tendrá precedencia sobre los intereses de la soberanía de los Estados. Ningún Gobierno tiene derecho a escudarse en la soberanía nacional para violar los derechos de su pueblo. Los derechos humanos y las libertades fundamentales de una persona son sagrados, tanto si esa persona pertenece a una mayoría como a una minoría. LUCES Y SOMBRAS
El PNUD constata en los últimos años un significativo avance en la protección de los derechos humanos. En los países en desarrollo, en los últimos tres decenios, la esperanza de vida aumentó en diez años, de 55 años, en 1970, a 65 en 1998. La tasa de alfabetización de adultos pasó del 48%, en 1970, al 72% en 1998. Y la tasa de mortalidad de niños pequeños se redujo en más el 40%, de 110 por mil nacidos vivos, en 1970, a 64 en 1998. Los comentarios no son tan optimistas cuando se trata de los países más pobres o de regiones como Europa oriental y la Comunidad de Estados Independientes (todas las Repúblicas ex-soviéticas, excepto las tres bálticas: Lituania, Letonia y Estonia). En esta última, el crecimiento medio anual del Producto Nacional Bruto per cápita, entre 1990 y 1998, fue negativo en 18 países, estuvo entre el 0 y el 3% en uno de ellos, y entre el 3 y el 4%, en uno. En ningún caso superó el 4%. Estos datos se complementan con una disminución de la escolarización, una menor esperanza de vida, un menor acceso a la sanidad En términos generales, las cifras siguen siendo preocupantes. Sirvan éstas de muestra: 1,2 millones de mujeres y niñas menores de 17 años son víctimas de la trata para la prostitución cada año. Unos 300.000 niños fueron soldados en el decenio de 1990, y uno de cada tres niños en el mundo sufre malnutrición. 11 personas se contagian cada minuto; en muchos países africanos la esperanza de vida se ha reducido en más de 10 años, en el último decenio. Más de 1.000 millones habitantes en países en desarrollo carecen de agua potable. Más de 2.400 carecen de saneamiento apropiado. 1.200 millones de personas viven con menos de un dólar al día. Se estima que 100 millones de niños viven o trabajan en la calle: Ya sea porque huyen o son expulsados de sus hogares dice el Informe, suelen ser considerados por el público como elementos indeseables, perjudiciales para el vecindario. La indiferencia del Gobierno y la sociedad ante su difícil situación los ha dejado indefensos frente al maltrato y, a veces, la tortura y la muerte a manos de funcionarios y civiles. |
| También sigue ensanchándose la brecha Norte-Sur. La diferencia entre el ingreso de los países más ricos y el de los países más pobres era alrededor de tres a uno en 1820, de 35 a 1 en 1950, de 44 a 1 en 1973, y de 72 a 1 en 1992. Hablamos hoy de globalización, pero los que ganan son casi siempre los mismos: A medida que las exportaciones mundiales se duplicaban con creces, la participación de los países menos adelantados se redujo del 0,6% al 0,5%, en 1990, y al 0,4 en 1997. Además, en este nuevo marco internacional, surgen con fuerza otros actores, como las empresas multinacionales, que, como denuncia el Informe, pueden tener efectos enormes sobre los derechos humanos en sus prácticas de empleo, en sus efectos ambientales, en el apoyo que prestan a regímenes corruptos o en su defensa de cambios normativos.
No menores son las brechas abiertas dentro de los propios Estados. En Nepal, los intocables tienen una esperanza de vida de 46 años, 15 años menos que los brahamanes. En Marruecos, la tasa de analfabetismo de adultos en las zonas rurales es del 75%, más del doble de las zonas urbanas. En Sudáfrica, más del 98% de los blancos viven en casas, mientras que más del 50% de los negros viven en viviendas tradicionales o chozas rudimentarias , y así una larga lista de etcéteras. Pero las injusticias sociales no son patrimonio exclusivo de los países más pobres. En Canadá, el paraíso de los derechos humanos (ocupa el primer puesto en el ranking del PNUD), quien nace inuit sabe que va a vivir 17 años menos que la media, o 13 si nace indio. Ésta es una constante en los países de la OCDE (los 28 países más ricos del mundo). Para constatar este dato, que más de 130 millones de personas viven en los países ricos en la pobreza (menos de la mitad del salario medio), no hace falta más que salir a la calle. O una simple lectura a los periódicos, tan a menudo plagadas de ataques violentos e intimidaciones contra extranjeros y grupos raciales. En Suecia, en 1998, se detectaron 591 casos. En España, 143, dirigidos principalmente contra gitanos... Ricardo Benjumea |