RetrocesoA&ONº 223/27-VII-2000SumarioDesde la feContinuar

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MEMORIA DE LA IGLESIA

Ha escrito monseñor Vicente Cárcel Ortí una sinfonía histórica en dos tiempos. Una sinfonía tónica con la partitura de la Historia, bien contada, sin las alaracas de quienes cargan las páginas de citas que sólo sirven para su regusto, presuntamente científico. Son las letras, los párrafos, las páginas de estos dos libros una oportunidad para comprender, para entender algo más del pasado de la Iglesia y del mundo que nos rodea, del pasado más lejano al más cercano en solución de continuidad. Además, debemos añadir una diferencia específica que aportan estas novedades biboliográficas: tienen un primer capítulo en común. No sólo por empeño del autor; más bien porque los acontecimientos, y el sentido de éstos, así lo han permitido. La línea que comenzó en el pescador Pedro, roca de la Iglesia, mantiene su progreso, más allá de las necesarias contingencias del tiempo y del espacio.

Monseñor Vicente Cárcel Ortí nos entrega, en la valenciana editorial Edicep, Pío IX. Pastor universal de la Iglesia. Nadie crea que, frente a una leyenda negra sobre este Papa y su pontificado, este libro se ha teñido de ningún color hagiográfico. Los capítulos desgranan los compases de una agitada biografía, no exenta de oscilaciones, de curvas que se escribieron con el cincel de un alma que buscaba, ante todo, la gloria de Dios y el bien de las almas. Como afirma el prestigioso historiador Martina, la Iglesia, con el paso del tiempo, capta con mayor claridad los varios aspectos de las cuestiones; pero es, sobre todo, la realidad misma, en continuo devenir, la que permite o incluso impone actitudes sucesivas diversas. Pío IX fue el primer Papa moderno, de los tiempos modernos y de actitudes modernas, en el original sentido de la palabra. ¿Quién se atrevería a juzgar definitivamente un libro, de un autor clásico, por las erratas o las imperfecciones gramaticales que en él se encuentran?

Cuando el 5 de marzo de 1978 el Papa Pablo VI hablaba de Pío IX y decía de éste que era un verdadero hombre de Dios, que se había distinguido por sus dotes eminentes de piedad religiosa y de celo ardiente para con las almas, estaba diciendo una verdad, molesta para muchos de nuestros plumíferos contemporáneos. Pablo VI no hacía más que glosar los pensamientos de su antecesor, Juan XXIII, escritos en su Diario y que merece la pena que los reproduzcamos: En la mansedumbre y en la humildad del corazón reside la oportunidad para recibir, hablar y tratar; la paciencia para soportar, comnpadecer, callar y animar. Debe residir, sobre todo, la disposición habitual para las sorpresas del Señor, que trata bien a sus predilectos, pero quiere a menudo probarlos con tribulaciones, las cuales pueden ser enfermedades del cuerpo, amarguras del espíritu, contradicciones tremendas... Pienso siempre en Pío IX, de santa y gloria memoria; e, imitándole en sus sacrificios, querría ser dirgno de celebrar su canonización.

El segundo tiempo, allegro y molto vivace, nos lo facilita la biografía de Juan XXIII. Biografía espiritual del Papa de la unidad y la paz, como reza el subtítulo, también presentado por Edicep. Son estas páginas un remanso de Providencia, de la paz que quiso el Papa Roncalli para un mundo que llevaba, hasta sus últimas consecuencias, las agitaciones que habían nacido en los siglos anteriores. De Papa a Papa, de Concilio a Concilio, la Iglesia sigue..., porque el poder del infierno no prevalecerá.

José Francisco Serrano