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Desde hace menos de un año, la mayor parte de la población de Timor Oriental sobrevive con la ayuda de organizaciones internacionales, tras el esfuerzo genocida de las milicias musulmanas de Indonesia, que respondieron con violencia al resultado del referendum que decidió la independencia de la isla católica.
Monseñor Ximenes Belo, Administrador Apostólico de Dili, en Timor Oriental, denunció ante las organizaciones médicas internacionales la realización de un agresivo plan que tiene como fin difundir las técnicas anticonceptivas y el aborto entre la población. El obispo dirigió una carta, publicada por la agencia portuguesa Lusa, en la que critica los programas controlistas en curso en el territorio de la isla. Los sacerdotes de varias diócesis escribe han señalado que los funcionarios del departamento de salud pública están promoviendo varios métodos de planificación familiar artificial, como la distribución de preservativos y píldoras abortivas. Monseñor Ximenes Belo aseguró que estos métodos son completamente inaceptables por atentar contra la vida y prescindir de las convicciones católicas de la mayoría de la población, que muchas veces sin la debida información es obligada a someterse a procedimientos anticonceptivos. Todas las acciones que interfieren directamente con el proceso de gestación, especialmente el aborto directo, son completamente inaceptables y deben ser evitadas, agregó. |
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El obispo Administrador Apostólico de Dili también denunció la esterilización masiva, cualquier acción que tiende a evitar o imposibilitar la procreación, de mujeres timorenses en los campos de refugiados.
Los argumentos de monseñor Ximenes Belo, enviados a 23 organizaciones internacionales, incluyendo tres portuguesas, se basan en que el 90% de los timorenses se proclama católico, y recuerdan que la Iglesia nunca va a dejar de defender la necesidad del derecho directo de cada persona de decidir su propio destino. La ola de brutal violencia contra los timorenses se desató a principios de septiembre de 1999, después que el Presidente indonesio, J.B. Habibie presionado por la crisis económica que le obligó a recurrir a la ayuda internacional, decidiera a regañadientes convocar un referendum en Timor Este. La gran mayoría católica eligió, con más de un 80% de los votos, la total independencia. Como respuesta, la minoría indonesia musulmana conformó grupos paramilitares que, con la anuencia y, en algunos casos, con la intervención directa del Ejército y la policia indonesia, se dedicaron a destruir propiedades, atacar católicos y matar o deportar timorenses. Timor Oriental fue una colonia portuguesa durante casi 400 años hasta lograr su independencia en 1975. Ese mismo año, Indonesia invadió la mitad de la isla, anexionándosela como provincia al año siguiente, en un acto que no fue reconocido por las Naciones Unidas. De los 800.000 habitantes de Timor, el 85% son católicos y sólo el 11% musulmanes; mientras que Indonesia es la mayor nación musulmana del mundo. De acuerdo a las estadísticas de la Iglesia antes de la crisis, en Timor había 44 sacerdotes diocesanos, 56 sacerdotes religiosos, 32 hermanos, 305 religiosas, 148 seminaristas y 1.780 catequistas. Según organizaciones internacionales de ayuda, entre 6.000 y 7.000 católicos fueron asesinados en los primeros once días de la crisis; 100.000 fueron deportados a Timor Occidental y a otras islas. Unas 200.000 personas fueron expulsadas de sus hogares. Entre las víctimas muertas por ser católicos, figuraban los sacerdotes Tarcisius Dewanto, Hilario Madeira y Francisco Soares. Según la portavoz de Cáritas Australia, Ann Wigglesworth, todos fueron masacrados dentro de su iglesia. El obispo de Dili, monseñor Carlos Felipe Ximenes Belo, la figura más destacada de la comunidad católica timorense y Premio Nobel de la Paz, tal vez debe su vida a su perfil internacional. En efecto, una turba atacó su casa y procedió a atacar a unas 5.000 personas allí refugiadas, mientras que a él lo deportaron a Australia con la excusa de salvarle la vida. Alfa y Omega |