RetrocesoA&ONº 215/1-VI-2000SumarioDesde la feContinuar
Rabino Amram Amselem:
Tenemos mucho en común
El rabino Amram Amselem es uno de los líderes más destacados de la comunidad judía en Estados Unidos. Acaba de traducir del ladino (idioma que hablaban los sefarditas en España) al español el libro Fundamento sólido, que, escrito en 1729, explica de una manera sencilla los fundamentos de la religión judía. Con ocasión de su visita a Madrid, habla para Alfa y Omega:
Qué cree que le puede aportar este libro a un cristiano?

Si yo puedo contribuir de alguna manera a acercar los corazones y los sentimientos, me sentiría profundamente satisfecho. El Nuevo Testamento se publica con el Antiguo Testamento, lo que significa que sus bases están en el Antiguo. ¿Por qué no podemos entonces dialogar y resolver nuestras diferencias?

Juan Pablo II se ha referido a los judíos como a nuestros hermanos mayores.

Exactamente. La Iglesia empezó a cambiar su visión del pueblo judío. Todo eso contribuye a dilucidar una cantidad de incógnitas que se han presentado a lo largo de la Historia, o de prejuicios, que han tenido serias consecuencias. Jesús era judío, como María y José. Eso no se puede negar, pero a menudo se ha obviado. Desde una óptica judía, es verdad que Jesucristo hizo mucho énfasis en el amor al prójimo. Debemos ser capaces de entendernos y comprender que hay muchas más cosas en común que disparejas. Los católicos tienen que seguir siendo católicos y los judíos tienen que seguir siendo judíos. Pero eso no significa que no podamos entendernos y respetarnos.

¿Cómo cree que influirá la reciente peregrinación del Papa a Tierra Santa?

Creo que hubo mucho más de constructivo que de negativo. Se vivieron momentos de mucha emoción y fue un ejemplo extraordinario al mundo. Hubo cositas que no gustaron a ciertos sectores, pero es que, en definitiva, no se puede satisfacer a todas las tendencias. Hay, a veces, los extremistas, que esperan algo más, o que sencillamente no quieren nada, sino simplemente dejar las cosas en statu quo.

¿Y repercusiones políticas? Hay cuestiones, como la del estatuto de Jerusalén, en que el diálogo interreligioso tiene unas repercusiones políticas muy claras.

El problema es que tenemos que recordar que Jerusalén siempre fue la capital del pueblo judío. Cómo no, puedo tener tolerancia y aceptar que diferentes credos estén representados allá. Y ya demasiadas concesiones se están haciendo. Se están cediendo terrenos a los palestinos muy cerca de Jerusalén. Y creo que se está cometiendo un error: a mi manera de ver, no terminamos por proclamar los derechos bíblicos sobre la ciudad de Jerusalén.

En el proceso de paz israelo-palestino, suele identificarse a los sectores laicos como pacifistas, mientras que se habla de los sectores religiosos como los enemigos de la paz. ¿Qué piensa usted al respecto?

Puedo entender perfectamente los dos campos. El religioso en Israel está teniendo una actitud de rechazo a muchas cláusulas de las negociaciones, porque hemos cedido demasiado y no hemos obtenido nada a cambio. Ah, ¿qué tengo que hacer concesiones para llegar a la paz? El Gran Rabino de Israel dijo que inclusive se podía dar terreno de Israel para salvar una vida judía, porque una vida judía vale más que un pedazo de tierra. Pero la cuestión es que doy la tierra y todavía hay muertos: esto no es paz. Los árabes no han dado nada. Y yo pienso, a lo mejor me equivoco, que, cuando Arafat no consigue lo que quiere, dice a los terroristas de Hamas: Haz una travesura acá para presionar el proceso de paz y que nos den lo que nosotros queremos.

Muchos dicen lo contrario, que Hamas fue una creación del Mosad para mermar la autoridad del propio Arafat…

Pero es que nosotros no hacemos una intifada ni les ponemos bombas. No se puede jugar con las vidas humanas. Yo entiendo que podemos tener discrepancias, pero somos seres humanos; podemos llegar a resolverlas a través del diálogo. Siempre recuerdo una lección de un maestro mío, muy linda. Cuando nosotros rezamos en silencio, que es la oración más importante que hacemos durante todo el ritual, damos unos pasos hacia atrás. El maestro explicó que, con este símbolo, estamos pidiendo a Dios que, así como reina la paz en las alturas, reine la paz aquí en la tierra. ¿Pero sabes una cosa?, me dijo. Para que reine la paz en la tierra, alguien tiene que dar marcha atrás.

En una conferencia sobre el Holocausto dije: Yo me siento muy orgulloso de ser judío, porque me puedo cruzar con un alemán por la calle y le tengo todo el respeto del mundo, cuando sus antepasados, hace apenas 50 años, mataron a 6 millones de inocentes. Pero no soy capaz de sentir odio por un alemán. Ni por un árabe. Y eso hay que verlo, porque una cosa es el mensaje bonito y filosófico y otra es vivirlo.

Ya que habla usted de crisis de la familia, suelen citarse estas cuestiones de defensa de la vida y la dignidad de la persona como campo propicio para el diálogo interreligioso…

El problema es que existen discrepancias importantes. La Iglesia condena la píldora y la fecundación in vitro. El judaísmo ni dijo que fueran permitidos ni que fueran prohibidos: no generaliza las situaciones. Entendemos que el conocimiento del hombre es una expresión divina y que Dios no puso en el mundo fuerzas negativas. El problema radica en que, cuando el hombre es amoral o inmoral, esa fuerza puede ser negativa. Evidentemente, una niña de 12 años no puede utilizar la píldora, pero sí una mujer que tenga un problema de corazón y quedar en estado ponga en peligro su vida. Dios puso en la naturaleza esa fuerza; ah, pero dictó quién la puede utilizar, cómo se puede utilizar, cuándo se puede utilizar, por cuánto tiempo...

¿Dónde, entonces, podemos ir al diálogo?

Como rabino, yo tengo que educar a mi gente a respetar a todo el mundo, a amar a todo el mundo sin diferencia de credo, raza o color. La Iglesia y el Islam también tienen que hacer eso. Entonces, cuando empecemos a construir cada uno desde su campo, nos vamos a encontrar en la calle y nos vamos a abrazar. Y entonces empezaremos a resolver el problema mesiánico de la paz universal. Para nosotros, lo esencial es que somos todos hijos de Dios. Dios, en su infinita sabiduría, no creó dos Adán o un millón de Adán. Creó un solo hombre y le convirtió en padre de toda la Humanidad. Significa que, de alguna manera, todos somos hermanos. Aquí podemos resolver el problema de amar al prójimo como a uno mismo.

Ricardo Benjumea

-Después ha llegado ella, María Magdalena. Y se ha quedado allí conmocionada. Se ha secado los ojos y le ha salido de los labios un ¡Oooh! así de largo.

-Y, eso que Jesús ya lo había dicho claro: .

-Ya sabéis cómo son los hombres: cortos de memoria. Tienden a olvidar las cosas bellas y a recordar sólo las cosas feas. Jesús debía primero morir, para poder después resucitar. Estos hombres... El único modo para demostrarles que la muerte es sólo un paso, doloroso pero también necesario, hacia la vida eterna, era demostrárselo con los hechos.

-Es verdad. Pero, ¿lo habrán entendido?

-Lo entenderán, ¡y tanto que lo entenderán! Y comprenderán cuánto les ama el Padre. Mucho, muchísimo. Y, de hoy en adelante, les recordará esta Pascua cada año.

-¿Y la frase? ¿Le dijiste la frase?

-Por supuesto. ¿Por qué buscas entre los muertos a Aquel que está vivo? La he sonreido. Con toda seguridad ha recordado la promesa de Jesús. Y en ese momento ha salido corriendo.

-¿Asustada también?

-¡No, feliz!

Tomado de Popotus,
suplemento infantil del diario
italiano Avvenire