RetrocesoA&ONº 215/1-VI-2000SumarioUsted tiene la palabraContinuar
Libros de interés
Cuando acaba de cumplirse, anteayer, 30 de mayo, cuarenta años de su muerte, la editorial Galaxia Gutember/Círculo de Lectores edita este espléndido libro de Boris Pasternak, Premio Nobel de Literatura, que recoge tres narraciones, separadas entre sí por casi una década, que son ejemplos de una rara virtud: demostrar que la mejor prosa y la mejor poesía están muy cercanas entre sí. La infancia de Liuvers cuenta el descubrimiento del sentido moral de la vida y del mundo por una niña que sale de su niñez. El salvoconducto, relato autobiográfico de Pasternak, hasta ahora inédito en España, revela la lucha de toda una generación de escritores rusos, pero de manera particular la del autor. La tercera parte, que cierra el libro, son los poemas de Juri Zhivago, presentados como apéndice a la famosa novela que fue llevada al cine. Un inmenso aliento poético late y aflora en estos versos, algunos de los cuales denotan la profundísima vivencia religiosa de Pasternak: La estrella de Navidad, Magdalena, Getsemaní. Hay páginas verdaderamente antológicas en este libro, como la maravillosa descripción de Venecia, o la impresionante narración de la muerte de Tolstoi. Enrique Vilamatas escribe un maravilloso epílogo que responde a una de las grandes preguntas de Pasternak: ¿Qué hace un hombre honrado cuando "sólo" dice la verdad?
Estoy seguro de que a Miguel Delibes, que en cuestión de caza se las sabe todas, le encantaría este libro; más aún, estoy por decir que a Miguel Delibes incluso le hubiera gustado haber escrito algunas de las páginas de este libro que acaba de editar Palabra, y cuyo autor, Miguel Martín —lo que son las cosas—, nació también en Valladolid. Como él mismo escribe en el prólogo, me
veía abocado a cruzar el rubicón del medio siglo. Había criado seis hijos y plantado muchos miles de árboles, y di en la ocurrencia de que debía escribir un libro para dejar cabales mis cuentas con la especie
.

A fe que la ocurrencia fue estupenda, y a fe que el fruto de la ocurrencia no lo es menos. Ha sabido trazar el autor, a quien se le nota de manera inevitable un profundo conocimiento y amor a la naturaleza, las coordenadas precisas y los perfiles humanos cabales de una historia y de unos personajes que enganchan desde el primer capítulo y de cuyas peripecias se queda uno con las ganas de saber más al concluir el libro. Un lenguaje ceñido, creativo y sobrio a un tiempo, enriquece al lector que se identifica con el oso y con el cazador. Es un libro limpio y precioso que vale igual para niños que para mayores, que se lee de un tirón y que descansa el ánimo, al modo de los mejores clásicos de aventuras.