|
|
|
|

|
En la actualidad la diplomacia también debe hacer frente a los retos que presenta la globalización para superar las amenazas a la paz y al desarrollo, entre ellas la pobreza de innumerables seres humanos, las desigualdades sociales, las tensiones raciales, la contaminación del medio ambiente y el respeto de los derechos humanos y de la libertad política. Son las primeras amenazas a la estabilidad y son cuestiones que la diplomacia tiene que afrontar. Los esfuerzos para enfrentarse a estos problemas serán vanos a menos que no se basen en un criterio objetivo de responsabilidad moral. Los intentos para establecer un Tribunal Internacional de Justicia para los crímenes contra la Humanidad son expresión de la exigencia de ese criterio por parte de la opinión pública internacional. No obstante, paradójicamente, la petición de un criterio objetivo de responsabilidad moral se acompaña, en muchos casos, de la difusión de un criterio de enfoque relativista de la verdad, lo que efectivamente invalida cualquier criterio objetivo de lo bueno y lo malo. La raíz de este dilema, con sus graves consecuencias para la vida de la sociedad, es la tendencia a exaltar la autonomía individual, a expensas de los vínculos que nos unen y nos hacen responsables los unos de los otros. La sociedad, por el contrario, necesita una visión coherente que abarca tanto la dignidad y los derechos inalienables de cada individuo, especialmente de los más débiles y vulnerables, como la clara conciencia de los valores fundamentales. (26-V-2000) |