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Corren tiempos de Contrarreforma. La herejía protestante se ha hecho fuerte en Europa. La Iglesia se pregunta qué ha podido llevar a los cristianos de Occidente a este gran cisma y emprende, presta, un proceso de renovación y revitalización sin precedentes. No ya sólo en el mensaje. Se van a cuidar mucho, como nunca antes, las formas: de la liturgia a la música sacra, de la construcción de los templos a la estructura de los sermones, de las Biblias ilustradas a las representaciones plásticas de pasajes de las Escrituras. En España, la síntesis entre el mensaje de Trento (1545-1563) y la maestría de los Greco, Zurbarán, Velázquez, Ribera
alcanza una fuerza expresiva única y abre una página gloriosa en la Historia del arte.La confesión es uno de los grandes temas en disputa. La ruptura protestante le niega todo valor. Calvino llega al extremo de afirmar que el hombre nace ya predestinado a la salvación o a la condena, sin poder hacer nada al respecto. Escribe, en el Catálogo de la exposición, el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid Alfonso E. Pérez Sánchez: Santos penitentes y pecadores arrepentidos desbordan ahora la iconografía católica. Pero es, sin duda, san Pedro el que alcanza una mayor y más directa significación. En sus "Disputationes de controversis christiani fidei" (1610), el cardenal Roberto Belarmino, apoyándose en un comentario de san Ambrosio, afirma que las lágrimas del Apóstol, atormentado por el remordimiento de haber negado tres veces a Cristo, son una imagen directa de la confesión, aunque no haya habido, de hecho, confesión auricular, pues Jesús no necesitaba oír lo que ya conocía. Eran las lágrimas las que expresaban el arrepentimiento y el dolor por la falta cometida, así como la voluntad de no pecar más. |
| Ahí está el primer Padre de la Iglesia, hombre mayor, vestido con modestia, trabajador como lo demuestran sus recias manos algo enrojecidas y de uñas renegridas, escribe la otra autora del Catálogo, Ana Sánchez-Lassa, conservadora del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Es así como lo quieren ver el maestro Murillo y muchos otros de su generación. Y esa imagen del Apóstol, tan radicalmente humana, va a tener una eficacia pedagógica mucho mayor que la de cualquier elaborado mensaje teológico. Frente a la ruptura, que plantea una religión deshumanizada, a veces cruel y despiadada, el cristianismo que se plasma en estos lienzos es real, de carne y hueso, acepta al hombre tal como es, con todas sus limitaciones, y, por eso, necesitado de la acción salvífica. Pero no la de un Dios lejano que, cual Saturno, crea a sus hijos para condenarlos, sino la de un Dios presente en el mundo, que conoce la naturaleza de los hombres. Ése es el sentido de los sacramentos.
La muestra ha sido posible gracias a la colaboración, ya habitual, entre la Diputación Foral de Vizcaya y el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria. A Bilbao han ido prestadas, además, obras de colecciones privadas, públicas y eclesiásticas procedentes de toda la geografía española: San Pedro en lágrimas ante Cristo flagelado, de Luis de Morales; Las lágrimas de San Pedro, de El Greco; Las lágrimas de San Pedro y San Pedro, de José Ribera; Las lágrimas de San Pedro, de Velázquez; San Pedro arrepentido ante Cristo flagelado, de Zurbarán; San Pedro, de Francisco Collantes, y San Pedro penitente, de Pereda. R. B. |