RetrocesoA&ONº 216/8-VI-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
La Universidad San Pablo-CEU crea la cátedra Ángel Herrera Oria
Porque Dios existe, hay quien se compromete
Algunos, dentro incluso de la propia Iglesia, dieron por muerta hace décadas la Doctrina Social de la Iglesia. Hoy, ni siquiera sus más furibundos enemigos se atreven a negar la riqueza de sus aportaciones a lo largo de todo este siglo, ni su rabiosa actualidad, signo del compromiso de la Iglesia con los tiempos. Ser lugar de elaboración y difusión de esta Doctrina es, precisamente, el reto que se ha marcado la nueva cátedra Ángel Herrera Oria de la Universidad San Pablo-CEU. Su titular, el profesor José Luis Gutiérrez, en la conferencia inaugural, dio sobradas razones para insistir, ante el hombre y la sociedad de hoy, en la necesidad de esta Doctrina
No hay problema humano que sea ajeno a la Iglesia. Dice el profesor Gutiérrez: La Doctrina Social de la Iglesia ha respondido y responde —con doctrina y con hechos— con probada prontitud a todos y a cada uno de los problemas o retos de nuestra época. Sobran ejemplos: La situación del tercer mundo, con el abismo creciente entre la opulencia de unos pocos y la pobreza de los más; el creciente desempleo masivo; el matrimonio y la familia, que padecen una guerra promovida por los países poderosos, que pretenden eliminar la vinculación natural de la familia con el matrimonio, y controlar, como sea, el crecimiento de la población mundial, a fin de mantener el actual de su liderazgo político y económico; el permisivismo moral; el terrorismo…

Es una respuesta comprometida, convocatoria para la acción, impulso de presencia, fuente energética de actuaciones decididas, clave de solución, por desgracia con frecuencia desatendida, de los grandes problemas de nuestra época, tal como la define el profesor Gutiérrez. Y, aún más, un elemento clave en la misión de la Iglesia, que tiene en sí misma, como escribe Juan Pablo II en la Evangelium vitae, el valor propio de un instrumento de evangelización.

Ahora bien, Gutiérrez quiere evitar cualquier malentendido: No es una ideología temporal o un programa político o social. En estos campos, la Iglesia no tiene fórmulas inmediatas, ni soluciones concretas, ni modelos que proponer. Cualquier calificativo, antes que tercera vía sociopolítica o algo por el estilo. De entrada, porque la fe cristiana no es ideología, no pretende encuadrar en un rígido esistema la cambiante realidad socio-política; y reconoce que la vida humana se desarrolla en la Historia en condiciones diversas.

HUMANISMO AUTENTICO

La Doctrina Social de la Iglesia es, tan simple como esto, la respuesta lógica a una pregunta, la pregunta humana por excelencia: Es el dilema sobre el sentido de la vida, sobre la naturaleza del hombre. O se acepta la existencia de Dios ,o se niega su existencia. La abstención agnóstica no supone respuesta.

El argumento sirve también para responder a quienes insisten en ver una Iglesia preocupada por cosas que son sólo de otro mundo. Más que nada, porque no lo son, porque no puede trazarse una línea de separación sin más, y pretender que la ruptura no tenga consecuencias: Cuando se opta por la negación de Dios, el hombre queda solo ante el hombre y, tarde o temprano, más bien lo segundo, se ve sometido a la esclavitud ante el más fuerte. . Como afirmó Eliot, no quieres tener a Dios (y Él es un Dios celoso), tendrás que rendir homenaje a Hitler o a Stalin.

La Doctrina Social de la Iglesia no supone una esfera al margen de la misión de la Iglesia, ni una versión sin Dios del cristianismo. Propone un humanismo auténtico, que contempla al hombre en toda su plenitud y dignidad, la que le confiere la filiación divina. En otras palabras, la Doctrina Social tiene sólo razón de ser porque Dios existe. Es el dato supremo de la realidad, la respuesta exacta al dilema. El orden social y la dignidad personal del hombre adquieren entonces consistencia trascendente. El fundamento de la convivencia, a fuer de divino, es permanente. Con Dios, la convivencia se asienta sobre roca firme. Sin Dios, la casa se levanta sobre arena, sin estabilidad.

Ricardo Benjumea