RetrocesoA&ONº 216/8-VI-2000SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
Publica la revista El Siglo de Europa un artículo del señor Diego Carcedo sobre la trayectoria del Papa Juan Pablo II; un artículo de esos que, en el argot periodístico, llamamos a la contra; es decir, que, entre supuestas alabanzas y en un tono irónico, vierte ideas contrarias y descalificadoras para el Papa. Así ironiza que el Espíritu Santo no se equivocó al inspirar a los cardenales el nombre de Karol Wojtyla. Claro que no: don José Manuel Diego lleva toda la razón; ni en ese nombre ni en el de ninguno de los Papas que en la Historia han sido. En lo que no la lleva es en afirmar que, gracias al Papa, la antigua Unión Soviética se ha convertido a una pseudo-democracia y a la libertad, con mafias desbocadas. Nadie como Juan Pablo II ha contribuído a la caída del muro de Berlín, pero nadie como él ha acusado a Occidente de llevar a los países de la Europa del Este a otro tipo de servidumbres indeseables.

No es verdad que el Papa haya contribuido a la dictadura mundial del señor Clinton, el de Mónica, como escribe, con no se sabe qué intención. No es verdad que hayan quedado para mejor ocasión decisiones de más manga ancha sobre el aborto, o sobre el problema del celibato de los curas; y no lo es, porque nunca será buena ocasión ninguna decisión que tenga que ver con la matanza de inocentes, y porque don José Manuel sabrá de dónde saca que el celibato sea para los verdaderos sacerdotes un problema. Tampoco es verdad que el cardenal Wojtyla llevara toda su vida tras el telón de acero sin poder asomarse a otro horizonte que el del comunismo ateo. Si el señor Carcedo se documenta mínimamente, comprobará que el sacerdote polaco, el arzobispo y el cardenal de Cracovia, antes de llegar a la sede de Pedro, se había pateado muchos países y había atravesado muchas fronteras.

Gregorio Peces Barba vuelve a donde solía y, erre que erre, insiste sobre la persistencia de la Iglesia católica por ocupar parcelas de poder y por extender más allá de lo justificado la influencia de su adoctrinamiento, y dice que eso nos puede retrotraer a dialécticas pasadas no deseables. El señor Peces-Barba, de dialécticas pasadas no deseables, sabe un rato largo, pero mientras siga viendo a la Iglesia en términos de poder, seguirá sin saber de la misa la media y sin enterarse. Curiosamente, en reciente entrevista, afirma que la mejor opinión que hoy puede dar Felipe González es el silencio. No sabe cuánto me satisface estar en algo de acuerdo con él, sin que sirva de precedente, pero todavía estaría más de acuerdo con él, si lo que dice de Felipe González se lo aplicara a sí mismo.

Viene a este rincón, excepcionalmente y por derecho propio, la foto del presidente Aznar tratando de consolar a la hija menor de Jesús María Pedrosa, el concejal del PP que acaba de ser asesinado por ETA en Durango. Abruma imaginar el espantoso futuro que, de no terminar definitivamente con ETA, les espera a los jóvenes vascos. No deja de ser significativo que ciertos periódicos (los de un modo de pensar) hayan llevado a su portada esta fotografía, mientras que otros (los que ven la vida de otra manera) llevan la foto de Ibarreche dando el pésame a Aznar.

Gonzalo de Berceo