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El Depor se lleva por primera vez la Liga a la Coruña. El Real Madrid consigue su octava Copa de Europa y el Español de Barcelona se convierte en campeón de la Copa del Rey. Este podría ser el sinóptico resumen de la temporada que acaba de concluir. Una campaña que comenzó con el Real Madrid pagando cinco mil millones de pesetas por un muchacho de apenas veinte años nacido en los suburbios de París, tímido y retraído hasta límites insospechados, cuya categoría como futbolista era, a priori, incalificable. Un joven obligado a demostrar, desde que bajó del avión, el porqué del extraordinario precio de su fichaje, y lo único que fue capaz de evidenciar durante casi nueve meses fue que tal avalancha de millones pueden con la responsabilidad de cualquiera, y más de un chaval cuya personalidad está aún en pleno período de formación. Sólo cuando un señor, que ha demostrado tener el sentido común por bandera le trató como quien es y no como lo que los demás querían que fuese, el chico empezó ser quien de verdad puede llegar a ser. Ese señor se llama Vicente del Bosque.Si el nombre de Anelka ha marcado la temporada de uno de los grandes, coronada por el éxito cosechado en París, el de Van Gaal ha sido sin duda la referencia en el eterno rival. El entrenador holandés se ha despedido del Barcelona como llegó, queriendo dar lecciones y tratando de convencer a todo el mundo de que su filosofía del fútbol es la mejor, sin pararse a pensar que un entrenador dirige un grupo de seres humanos, con sentimientos propios, y no a un conjunto de máquinas. |
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Toda temporada tiene sus vencedores y sus vencidos, y este año estos últimos han sido tres históricos del fútbol español: Sevilla, Atlético de Madrid y Betis han ocupado las tres últimas posiciones de la tabla y, por lo tanto, el año que viene jugarán en Segunda División. Una hipotética alineación formada por los once mejores jugadores de estos tres equipos alcanzaría en el mercado de los fichajes el valor de veintitrés mil millones de pesetas. Un dato que bien puede hacernos recapacitar sobre la verdadera relación dinero-deporte.
El Sevilla ha sido desde el principio un equipo mal planificado, con un claro destino desde las primeras jornadas. El Betis ha pagado las ínfulas de su Presidente y la retahíla de entrenadores que han pasado por el banquillo del antiguo Benito Villamarín, y el Atleti... El equipo de la Ribera del Manzanares ha pasado la peor temporada de su historia. La intervención judicial, la entrega del equipo a un administrador y la posterior devolución de la presidencia a Jesús Gil, los malos resultados en la Liga y la última derrota en la final de la Copa del Rey, un clavo ardiendo para un año tan aciago, ponen de manifiesto la necesidad que tienen determinados clubes de una reforma en profundidad. Lágrimas en la casa de los ricos, que contrastan con la alegría en la casa del pobre, que contradiciendo al refrán este año ha durado mucho en Vitoria. Allí el Alavés ha concluido una campaña realmente meritoria, quinto en la Liga, lo que le da derecho a jugar el año que viene la Copa de la UEFA. El Zaragoza acompañará al Alavés en su periplo europeo, y si los maños se quedaron in extremis sin jugar la Liga de Campeones, el premio de consolación paga en parte los esfuerzos de una temporada brillante. Otros pobres que han terminado con la sonrisa en los labios son el Numancia de Soria, el Rayo Vallecano, el Valladolid o el Racing de Santander. Todos ellos modestos, con el objetivo de la permanencia en la máxima categoría cumplido y con el premio de jugar un año más entre los grandes. Y eso que el año que viene la Liga española no va ser igual. Esa Liga de las estrellas, que ha deslumbrado a Europa colocando a tres equipos entre los cuatro semifinalistas de la Copa de Europa, perderá la próxima temporada a uno de los jugadores más grandes que han pisado sus terrenos de juego. Tras casi veinte años en Primera División vistiendo seis camisetas distintas, más la de la Selección Nacional, Julio Salinas dejará, a sus treinta y siete años, el fútbol en activo. Atrás quedan sus goles inverosímiles y sus incomprensibles fallos. Atrás quedan el pundonor, la garra y el esfuerzo que nunca se le pudo negar dentro del campo de juego. Conservaremos con nosotros el señorío y la elegancia con la que Julio se ha paseado siempre por el mundo del fútbol. Desde Lezama Mendizorroza, pasando por las Ramblas, Riazor, el Molinón y la Rivera del Manzanares, nadie ha oído nunca a Julio Salinas una palabra más alta que otra sobre entrenadores, compañeros y directivos. Se cierra el telón con un hasta siempre, con la alegría histórica de la primera gran final europea teñida de rojo y amarillo y al son de pasodoble, y con el agridulce sabor de la despedida de uno de los grandes. Así se pone el punto y final a una temporada larga, intensa, aunque quizá la proximidad del Campeonato de Europa de Selecciones, que asoma ya a la vuelta de la esquina, convierta nuestro punto y final en un punto y seguido, con los valores humanos y morales como meta, como dice el Papa. Javier Bosque |