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El pensamiento y el corazón de la Iglesia se dirigen al Espíritu Santo al final del siglo XX y en la perspectiva del tercer milenio de la venida de Jesucristo al mundo, mientras miramos al Gran Jubileo con el que la Iglesia celebrará este acontecimiento. Dicha venida se mide, según el cómputo del tiempo, como un acontecimiento que pertenece a la historia del hombre en la tierra. La medida del tiempo, usada comúnmente, determina los años, siglos y milenios según transcurran antes o después del nacimiento de Cristo. Pero para nosotros los cristianos este acontecimiento significa, según el Apóstol, la plenitud de los tiempos, porque a través de ellos Dios mismo, con su medida, penetró completamente en la historia del hombre: es una presencia trascendente en el ahora eterno. Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a suHijo, nacido de mujer,... para que recibiéramos la filiación. Y esta encarnación del Hijo-Verbo tuvo lugar por obra del Espíritu Santo.
El Gran Jubileo tiene directamente una dimensión una dimensión cristológica; en efecto, se trata de celebrar el nacimiento de Jesucristo. Al mismo tiempo, tiene una dimensión pneumatológica: La concepción y el nacimiento de Jesucristo son la obra más grande realizada por el EspírituSanto en la historia de la creación y de la salvación: la suprema gracia la gracia de la unión fuente de todas las demás gracias, como explica santo Tomás. A esta obra se refiere el Gran Jubileo y se refiere también si penetramos en su profundidad al artífice de esta obra: la persona del Espíritu Santo. Lo que en la plenitud de los tiempos se realizó por obra delEspíritu Santo, solamente por obra suya puede ahora surgir de la memoria de la Iglesia. Por obra suya puede hacerse presente en la nueva fase de la historia del hombre sobre la tierra: el año dos mil del nacimiento de Cristo. Toda la vida de la Iglesia, como se manifestará en el Gran Jubileo, significa ir al encuentro delEspíritu que da la vida. Juan Pablo II |