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La exigencia ética que reclamáis es tanto más grave cuanto que expresa una angustia de la misma sociedad de la que sois espejo.
Sí, rechazad la política de la agenda, que consiste en el establecimiento del orden del día de una redacción a partir exclusivamente de los temas mayoritarios aparecidos bajo la presión de los sondeos. Sí, reaccionad contra el conformismo de los medios que practican una copia recíproca, que se repiten, que se corresponden hasta el punto de que no alimentan ni una sola fuente de información. Sí, luchad contra la dictadura de la urgencia, de la instantaneidad, que no es, en sí misma, una garantía de la verdad: controlad el reflejo mediante la reflexión, dad una jerarquía a vuestros mensajes en lugar de atascarlos en desorden. Pensad en todos aquellos que hoy no saben hacer más que zapping frente al embotellamiento de noticias, o el surfing sobre la cresta espumeante de las imágenes. Guiad al hombre del tercer milenio hacia su propia frontera, hacia el fondo de sí mismo, donde libertad y responsabilidad, comunicación y comunión le dan acceso a su plena humanidad. Cuando el reflector de los medios se sitúa sobre un mapamundi, según las oportunidades políticas o comerciales, ¿acaso no deja en la sombra alguna miseria enterrada, alguna guerra olvidada, alguna solidaridad perdida? No dudéis en romper, con vuestras preguntas e investigaciones, los cercos de miopía colectiva o de egoísmo partisano, para ayudar a ver lejos allí donde haya un hombre. Os toca ser los guardianes de un mundo nuevo que amanece: ¡permaneced asomados a la ventana más alta y más amplia de vuestros medios! La Iglesia y los medios han estado a menudo a malas, y aún queda mucho por hacer, de una parte y de otra, para domesticarnos mutuamente, según la expresión de Saint-Exupéry, sin cuestionarnos demasiado sobre quién es el Zorro y quién el Pequeño Príncipe. El acuerdo nunca podrá ser perfecto, porque la Iglesia, como su Señor, estará siempre clavada en la picota de la opinión pública. Y si es verdad que el Evangelio es una Noticia, una Buena Noticia que confiar a todos los medios, la paradoja de la Iglesia respecto a los medios es que ella nunca es más fiel a su misión como cuando invita al misterio y a la interioridad, a la contemplación; pero, incluso en este caso, cada periodista está llamado a ser en cualquier circunstancia el ángel del Altísimo. |