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La construcción diaria del edificio de la Verdad es vuestra exigente tarea profesional. El Concilio Vaticano II puso los cimientos firmes. Se fabrica la verdad cuando se ofrece y se la defiende sin cobardía ni complejos. Debéis ser portadores de la sal y de la luz de las que nos habla el Evangelio; ¡qué triste sería un mundo sin luz! La vuestra es una altísima responsabilidad. Responsabilidad viene de responder: a alguien. A Dios. A uno mismo.
La verdad no tiene precio, no se puede comprar ni vender. La nueva evangelización no podrá ser un hecho sin esa sal y esa luz y ese fermento de la vida de los hijos de la Iglesia. Los mejores evangelizadores han sido los santos. El periodismo necesita santos. Vuestra profesión es envidiable: sois como parteros de la Historia. Estáis donde nace la vida cada mañana y estáis para contarla. Las maravillas de Dios son siempre actuales. Hay que darlas a conocer. Hay que publicarlas. Normalmente vosotros dais noticias. Hoy, en este Jubileo, vosotros sois noticia. La Iglesia es periodista por excelencia: transmite la Buena Noticia desde hace dos milenios. De vosotros depende que se conozca la verdad y que ésta verdaderamente produzca libertad. Cristo fue y es el gran comunicador de Dios Padre. Cristo era un periódico abierto. Juan Pablo II da constante testimonio de la verdad y sabe comunicarla. A este Papa, en el futuro, no tendrán que buscarlo tanto en los Archivos Vaticanos, como en las fotografías que lo muestran rezando con la cabeza entre las manos, o distribuyendo paz y sonrisas en los ojos de la gente que escucha su insustituible testimonio y su audacia de la verdad. Debería distinguirse inmediatamente algo escrito o dicho por un periodista católico de lo escrito y dicho por un periodista que no lo es. |