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La Iglesia Española, con la institución de este día, ha querido resaltar la importancia que la modalidad asociativa de la Acción Católica ha tenido en la creación del apostolado seglar, desde una perspectiva misionera y de futuro. Con el nacimiento y posterior consolidación de la Acción Católica se ponen las bases para el desarrollo del apostolado seglar propiamente dicho, ya que es cuando por primera vez surgen en la Iglesia organizaciones apostólicas dirigidas, representadas y gobernadas por seglares. Ellos son los verdaderos responsables de sus organizaciones ante la Jerarquía eclesiástica y la sociedad civil.
Los movimientos de Acción Católica fueron pioneros en el despertar de la conciencia social de los cristianos y en la creación de obras apostólicas que siguen dando frutos importantes. A poco que profundicemos en la Historia de lo que ha sido el apostolado seglar en España, aparece la Acción Católica y sus movimientos especializados como la gran impulsora de comunidades cristianas, movimientos eclesiales, grupos de apostolado de renovación pedagógica, de formación de adultos, instituciones y movimientos de solidaridad, como Cáritas, los Centros de Cultura Popular y Manos Unidas, que gozan de gran prestigio en la sociedad y en la Iglesia, gracias a la intuición, dedicación y constancia de las mujeres de Acción Católica (ahora integradas en la nueva Acción Católica de Adultos) y al trabajo desinteresado de tantas personas que, movidas por su fe y su profundo amor al prójimo, dedican lo mejor de sus vidas a la promoción y desarrollo de los empobrecidos en muchas partes del mundo. |
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UNA MANERA DE SER
La Acción Católica puso también de manifiesto una nueva presencia eclesial en la sociedad, haciendo presente a Cristo y a su Iglesia en el mundo a través de la encarnación y de la inmersión en las organizaciones sociales, políticas y sindicales, respetando la propia autonomía de estas organizaciones; demostrando que se puede ser cristiano y hombre comprometido, como cualquier otro militante social, en una época en que lo más común en nuestra Iglesia era apartarse del mundo. En este contexto, los militantes cristianos de la Acción Católica se empeñaron en descubrirle, a un mundo obrero distanciado de la Iglesia, que el mensaje de Jesús de Nazaret alienta e impulsa el deseo de justicia, de libertad, de esperanza y de promoción de los pobres y los necesitados. A través de la experiencia asociativa de la Acción Católica, de su metodología, de su estructura comunitaria, de la vida sacramental y de oración, muchos cristianos hemos venido configurando una espiritualidad que se hace vida y se concreta en una manera de ser, de sentir y de actuar profundamente cristiana y, consecuentemente, mucho más humana. Sin embargo, esta rica e interesante historia pertenece ya al pasado, y la Acción Católica no es sólo pasado; sigue siendo historia presente, después de unos años de crisis y otros de actualización, para dar una respuesta a los retos y desafíos que la sociedad actual demanda a la Iglesia y que, indudablemente, son distintos a los de épocas anteriores. El apostolado seglar es, gracias a Dios, mucho más amplio que la Acción Católica; el Espíritu que anima la vida de la Iglesia no ha cesado de impulsar y de alumbrar caminos nuevos. Cientos de asociaciones eclesiales de carácter público, privado y de Derecho Pontificio, animan la vida de la Iglesia, se hacen presentes en el mundo desde su identidad, su carisma y su especificidad pastoral, en los diversos ambientes: familias, jóvenes, infancia, universidad, mundo de la salud y la enfermedad, mundo obrero, mundo rural ; aunque es verdad que no todas las asociaciones gozan de la misma vitalidad, pues muchas de ellas nacieron para dar respuesta a unos problemas concretos que tienen relación con una época determinada y que posiblemente hoy necesitarán de nueva orientación y actualización, la inmensa mayoría ya han pasado su examen, y trabajan anunciando, difundiendo y haciendo realidad, con sus vidas, la Buena Nueva que nos trajo Jesucristo, que este año adquiere una resonancia especial al cumplirse 2.000 años de su encarnación . ESPERANZA
En España y en la Europa actual hay grandes motivos de esperanza: se afianzan los valores de la libertad y la democracia; existe una gran sensibilidad por los derechos humanos, la justicia, la ecología, el pacifismo y la dignidad de la mujer. Pero se advierte la necesidad de una renovación espiritual y ética; una necesidad de buscar valores a los que agarrarse ante una sociedad que nos quiere reducir a meros consumidores. Nuestra cultura se está desarraigando cada vez más de sus raíces cristianas y humanistas; se está cayendo en el paganismo del dios dinero, de la competitividad, el rendimiento y la eficacia económica; los valores verdaderamente humanos y morales están en franco retroceso y cada vez se dejan a más personas tiradas en la cuneta. La Doctrina Social de la Iglesia dice que el hombre es el camino primero y fundamental para la Iglesia. Ningún objetivo económico, político ni ideológico puede estar en contra del hombre y, como ha dicho el Papa Juan Pablo II, si el no comprometerse ha sido siempre algo inaceptable, el tiempo presente lo hace aún más culpable. A nadie le es lícito permanecer ocioso. En Pentecostés los Apóstoles toman conciencia plena de que son enviados al mundo por la fuerza del Espíritu. Nosotros, los cristianos, no podemos permanecer impasibles ante la llamada que Dios nos hace a la conversión personal y a ser testigos de Jesucristo en el mundo, a través de la entrega desinteresada en la construcción del Reino. Desde esta perspectiva, la tarea evangelizadora es inmensa; la Iglesia necesita de los laicos, de sus movimientos y asociaciones, de su metodología y contenidos educativos y evangelizadores. Nos necesita a todos y a cada uno. Las nuevas generaciones necesitan descubrir, desde el testimonio de vida, que el mensaje de Jesucristo es la liberación plena para todas las personas. En esta tarea todos somos necesarios, y juntos necesitamos convencernos de que es posible una sociedad más libre, más justa y más humana, donde los hombres y mujeres, los jóvenes y los niños, sean realmente personas, nunca medio ni instrumento al servicio del dinero, de la productividad y del consumo. Rafael Serrano Castro |