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Cuál es la situación actual del país, con el nuevo Gobierno tutsi formado tras la guerra?Tras los momentos difíciles del genocidio, estamos viviendo sus consecuencias: un número enorme de viudas y huérfanos, y un vacío intelectual, ya que mataron a muchas personas que tenían alguna formación. El trabajo que ahora estamos llevando a cabo es fundamentalmente de apoyo económico y psicológico a ese gran número de damnificados. Otra tarea es de formación para sustituir a los que han muerto. La gran preocupación es la reconciliación, la recomposición del tejido social, que es donde la Iglesia tiene su gran trabajo. El contexto actualmente es bueno, ya que ha terminado la guerra y la situación es actualmente de tranquilidad. La reconciliación pasa por la misma Iglesia: ¿se vive esta unidad entre los sacerdotes, evitando decantarse entre una u otra etnia? El problema de las etnias, desde mi punto de vista, se ha exagerado aquí a través de la prensa y la televisión. En Ruanda las etnias viven juntas, sus miembros se casan entre ellos, estudian juntos en la escuela. En la vida normal, habría que matizar mucho se pretendido enfrentamiento. En los nombramientos de los párrocos no se piensa si son de tal o cual etnia. Hay otros problemas más profundos, como el de la pobreza extrema de la población: diez millones de habitantes que viven en un pequeño territorio de 26.000 km2. El 90% son agricultores, que deben alimentar a toda la población sólo con su azada; por tanto, hay un problema de hambre. En la Escuela Primaria, por otro lado, de cada 60.000 que terminan sólo 4.000 pueden acudir a la Secundaria; el resto tiene que ponerse a trabajar. Es suficiente que un político diga: Esta etnia es más rica que la otra; la población le cree, y es así como surge el problema étnico, de un problema económico. La prueba de que el conflicto es pequeño es que yo mismo soy de dos etnias. |
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¿Cree usted que existe una persecución contra la Iglesia?
No, no es una persecución. Existe una colaboración con el Estado bastante buena. Yo estoy encargado de la educación católica en el país, y el entendimiento es bueno. Colaboramos también con el ministerio de la Sanidad. Respecto al proceso contra monseñor Misago, que está ya en la última etapa, y cuya sentencia se hará pública a mediados de junio, personalmente yo lo he seguido, y no encuentro argumentos fuertes para condenarlo. ¿Cree usted que Ruanda está, por tanto, pacificada? Yo creo que ahora, sí. Desde hace tres años la población trabaja por la reconstrucción. Los extranjeros se interesan por Ruanda: nos visitan, vienen a invertir, a hacer turismo, lo que es un signo de que hay paz. La situación, repito, ha mejorado mucho. Muchos católicos fueron masacrados durante la guerra, algunos de ellos, parece ser, por su fe. ¿La Iglesia ruandesa está recabando datos sobre esto? Se trata de una cuestión importante. Estamos haciendo listas de los que murieron en cada diócesis, no solamente de tutsis sino también de hutus (muchos murieron por defender a hermanos de otra raza) y presentarlos a Roma como mártires. No queremos que sean utilizados con fines políticos, sino que sean considerados como cristianos que, en momentos difíciles, dieron un testimonio heroico de fe que ahora impulsa también a la reconciliación. Inma Álvarez |