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Querida Madre: Recordarás que fue hace cinco años cuando inundados de orgullo y emoción, te ofrecimos el primer gran trofeo de nuestra historia, la Copa del Rey del 95. El de hoy es todavía más importante, hemos ganado la Liga Española del 2000. Sin falsas modestias, quisiera decirte que nos sentimos orgullosos de nosotros mismos. Sólo tú sabes la larga carrera de obstáculos que hemos tenido que sortear para llegar adonde estamos. Hemos trabajado sin descanso, sufrimos como los que más, fuimos objeto de incomprensión y probamos los sinsabores de este auténtico valle de lágrimas. Pero siempre creímos que, tras todo Calvario, hay una Pascua, que a la Cruz le sigue la Resurrección, y que al final la Justicia tarda en llegar, pero llega.Perdóname si en algún momento peco de triunfalista. Comprende que por mi responsabilidad, en esta gran hermandad que formamos los deportivistas, nunca puedo restar méritos a nuestras gentes, ni hacer concesiones a lo que pudiera derivar en falta de ambición, resignación o carencia de grandes metas. En nuestra fuerza interior radica la clave de todo lo que hemos hecho. De ella también dependerá nuestro futuro. Por eso estamos aquí, para alimentar nuestro espíritu, para reforzar el sentido de nuestro trabajo, que es el factor diferencial que nos ha llevado adonde estamos. |
| CORDIALIDAD Y ACOGIDA
Sé que, como Virgen coruñesa, te sientes especialmente feliz por nuestros éxitos. Sobre el papel, con criterios mundanos, no serías una Patrona importante. La ciudad no es muy grande y tus fieles no pertenecemos a la élite poderosa de la tierra. Nunca Te ha importado: el corazón de un solo coruñés vale más que todas las mundanidades del universo. Nosotros hemos seguido tu ejemplo. Al principio fuimos pocos y con muy pocos medios. Pero éramos multimillonarios en ilusión, fe y pasión por nuestro proyecto. Lo demás se nos daría por añadidura. Ahora tú también puedes disfrutar legítimamente del honor de nuestros éxitos. Te agradecemos que nos hayas dado un destino, una vocación, tan acorde con las ansias profundas del ser humano. El fútbol, que apenas tiene más de un siglo, fue considerado en un tiempo el opio del pueblo, cuando no el desahogo público ante las frustraciones de la vida. No le han faltado detractores que no han calado en lo profundo de una actividad que junta y hermana, que nos acerca compitiendo. Sin el deslumbramiento por el futbolista, como ser humano dotado de cualidades excepcionales; sin el sentimiento de la amistad; sin la capacidad de reconocer y asombrarse por los demás, no se puede entender el enganche, la vocación por el fútbol. Nosotros hemos nacido con ella, es innata. Por eso hemos sido capaces de preservar esta comunidad emocional entre la afición y el equipo que se da en el Deportivo. Reconocerás que nos hemos mantenido fieles al lema de La Coruña, la ciudad en la que nadie es forastero. Esta voluntad de cordialidad y acogida es nuestra verdadera seña de identidad. Quisiera expresarte en esta ofrenda un sincero reconocimiento a los que nos han ayudado a ser lo que queríamos ser: - A nuestras familias, que nos han querido por encima de los resultados, que han entendido esta fuerza que nos arrastra y nos han acompañado en los peores momentos. - A los aficionados, que son en definitiva nuestra familia deportiva. Para ellos es el deporte como espectáculo, pero su pasión, convicción y apoyo lo ha transcendido en una comunidad de protagonistas. En las gradas, en la calle, en las Peñas, en La Coruña, en el resto de Galicia, en España y en el resto del mundo, el Deportivo ha estado representado por ellos. - A los jugadores y cuerpo técnico que nos han dado una magistral lección de profesionalidad futbolística, solidaridad humana y entrega a unos colores que personalizan la trayectoria histórica de todos los que los han defendido y apoyado. Su sintonía con la afición ha sido tan emocionante que no podía conducir más que a un gran acontecimiento colectivo. PROMESAS DE MEJORAR
- A todos los que desde la fundación del club, en un modesto gimnasio hasta ahora, han mantenido esta institución. Ellos sembraron lo que hoy tenemos, y aunque hubo fracasos y también graves problemas, no faltaron los tiempos memorables. Cada cual en su función, aficionados, directivos, representantes institucionales y jugadores, sembraron la semilla de nuestra actual ilusión. Si su historia es la nuestra, el presente la continúa y completa. - Ayúdanos para afrontar los próximos desafíos: que la suerte, en lo que tiene de azar, nos sea favorable. Del trabajo, y de lo que dependa de nosotros, damos fe de que lo cumpliremos sin reservas. No nos dejaremos llevar por el engreimiento ni se nos subirán los triunfos a la cabeza. Trataremos de mejorar el componente profesional de la institución, sus locales, campos, estructuras, patrocinios, apoyos exteriores y todas las exigencias materiales de los tiempos. Pero no olvidaremos que, si somos algo más que una empresa, si superamos la condición oficial de Sociedad Anónima Deportiva, es porque somos portadores de un espíritu propio, de unas convicciones profundas, de un sentir especial. Tú lo sabes muy bien, hace ahora dos milenios, aportaste una nueva luz al mundo, a la conciencia y sentimientos de la Humanidad. Tu ejemplo es una esperanza para todos. En nuestra sencilla sociedad hemos partido con escasos recursos, pero teníamos fe. Sabemos que eso es lo que nos ha hecho diferentes, por lo que nos quieren con un cariño especial. Y, si bien trataremos de multiplicar nuestros talentos, nunca perderemos la conciencia de nuestros orígenes, nunca dejaremos de ser nosotros mismos. Así Te lo prometemos en este inolvidable día de mayo del año 2000. Augusto César Lendoiro |
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