RetrocesoA&ONº 217/15-VI-2000SumarioDesde la feContinuar
El pequealfa
¡Sin poder dormir!
Hola, amigos! ¿Cómo va eso? Perdonadme si me siento, es que el viaje de hoy ha sido muy cansado. He encontrado aquí una flor muy amable que me ha ofrecido sus pétalos para que mis alitas pudieran coger fuerzas. ¡Gracias, amiga flor!

Estos días han sido un poco extraños. Durante varias semanas unos enormes monstruos hechos por los humanos (mi abuelo dijo que se llamaban máquinas) han estado molestando a todos los que vivimos en el bosque. ¡Ha sido un rollo! ¡No me dejaban dormir…! Al principio, todos estábamos muy asustados. Imagináos, estáis tan tranquilos en vuestras casas durmiendo, un domingo tempranito por la mañana, y de repente ¡sentís que vuestra cama empieza a moverse! A mí se me pusieron las antenas de punta. No quería moverme. Me tapé bien tapado y me acurruqué hasta el fondo. A veces pensamos que por escondernos y cerrar fuerte los ojos las cosas malas que no nos gustan van a desaparecer. Pero luego me acordé de mi abuelo, que siempre me riñe cuando me escondo ante algún animal grande del bosque que no conocemos, de esos que siempre llevan cara de pocos amigos. En esos momentos él me manda quitarme la mano de los ojos y hacerle frente al animal: ¡Sé fuerte, Mariano! Sonríe y pregúntale amablemente lo que quiere. Si no estuviera en esas situaciones, me gustaría echarme a reír y gritarle desencajado: Pero abuelo, ¿no te das cuenta de que sus dientes son más grandes que tú y yo juntos? ¡¿Cómo voy a hacerle frente a un animal tan grande y feote?!

La verdad es que mi abuelo acaba teniendo siempre razón. Al final, siempre me he armado de valor y he intentado hablar con ellos. ¡Y hasta eran simpaticones y todo, oye!

Pero bueno, como iba contando, estaba yo tan tranquilo en mi camita cuando todo comenzó a moverse. Pensé en mi abuelo y en que tenía que ser valiente, y conseguí llegar hasta la cama de mi hermana Vera. Ella también estaba despierta, pero se había tapado con las mantas y temblaba del susto. Cuando logré que saliese de la cama nos encontramos con que, por una vez, nuestro abuelo no tenía una cara que reflejase tranquilidad. Yo pensé entonces que algo gordo tenía que estar sucediendo ahí fuera cuando todos los mayores en casa (mis abuelos y mis padres) estaban tan preocupados.

Cuando, después de muchos esfuerzos, nos contaron lo que pasaba, no me quedaron más ganas de meterme de nuevo en la cama. ¡Los humanos nos estaban destrozando el bosque!

El árbol donde vivimos se movía tanto porque los humanos, que parece que si no plantan su manaza en todas partes no se quedan tranquilos, querían hacer una carretera que atravesase nuestro bosque. ¡A que no sabéis qué es una carretera! ¡Pues yo sí, ala! ¿Cómo, que vosotros también lo sabéis? Uf, pues entonces creo que tengo que salir del bosque con más frecuencia para ver qué pasa por el mundo.

Para hacer esa carretera habían traído los monstruos esos (ya, ya sé que se llaman máquinas) y se ponían a excavar en la tierra, y a molestar a los amigos gusanos, a los topos y a todos los animales que tienen sus casas bajo tierra. (Con la de trabajo que cuesta hacerlas). A mí no me dejaron participar, porque dijeron que era muy pequeño, pero mi abuelo, que en el bosque es muy respetado por su sabiduría, reunió a todos los animales y entre todos decidieron defenderse. ¡Ninguna máquina tiene por qué venir a perturbar la paz y el silencio tan agradable de nuestro bosque! Incluso para los humanos, que con frecuencia vienen hasta aquí para respirar aire puro, es mucho mejor que no haya carreteras en los bosques que nos ensucien el aire.

Así que, con mucho esfuerzo, han logrado echar a esos monstruos amarillos de nuestro hermoso bosque, y ahora todos los animales y todos los duendes que allí habitamos podemos volver a dormir tranquilos. ¡Qué gusto!

Estoy pensando que, como esta flor es tan acogedora, voy a echarme una siestita en sus pétalos. Tanto hablar de dormir me ha acabado dando sueño. ¡Hasta pronto!