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| En los dos días previos al Jubileo de las Comunicaciones Sociales tuvo lugar en Castelgandolfo el Congreso Comunicación y unidad, organizado por el Movimiento de los Focolares, en el que participaron más de setecientos periodistas. Dos importantes conferencias constituyeron el eje central, en el que alrededor de algunos temas claves dieron su testimonio, como comunicadores profesionales, representantes de todos los medios, todos los continentes, todas las especialidades y todos los estilos y tipos de comunicación posibles.
Las dos principales conferencias del Congreso fueron la de la fundadora del Movimiento de los Focolares, Chiara Lubich, y la del prestigioso periodista Sergio Zavoli, que ha llevado las riendas de la televisión pública italiana durante décadas. Chiara Lubich puso en relación la tensión del Movimiento de los Focolares por el sueño de Dios de la unidad, expresado por Jesús en su oración para que todos sean uno, y la tensión incesante entre la complejidad y la unidad, entre la fragmentación y la búsqueda de la unidad, en tiempo real, propia de la era comunicacional en la que vivimos. El desarrollo de la actividad mediática del Movimiento, que hoy dibuja un mapa espectacular (el alcance de la Palabra de Vida a través de todos los medios de comunicación a más de 14 millones de personas, el desarrollo de las 34 ediciones en 22 lenguas de la revista internacional Ciudad Nueva, las 27 editoriales surgidas en torno a esta revista, los centros de producción audiovisual, las diversas multitransmisiones vía sátelite, de grandes acontecimientos organizados por el Movimiento, que han podido ser seguidas por cientos de canales televisivos tanto internacionales como nacionales y locales, la conexión telefónica internacional interactiva, periódica y simultánea entre los diversos centros del Movimiento, o su sitio oficial en Internet y sus diversos enlaces), no ha surgido por un proyecto mediático predeterminado, sino como respuesta, en cada caso, a necesidades reales para mantener y acrecentar la unidad sin barreras entre los miembros del Movimiento esparcidos por todo el mundo, y como todas las realizaciones del mismo, fruto espontáneo de la vida, cuya entusiasmante difusión nunca ha necesitado de publicidad. Por último, Chiara Lubich invitó a los comunicadores a aprender una nueva mirada capaz de generar medios no invasivos, sino solidarios; no guiados por intereses particulares, sino por el interés de los públicos; no instrumentalizadores, sino respetuosos ante la presencia de Dios en cada persona; no banales, sino comprometidos con los valores humanos verdaderos y comunes, y no uniformadores, sino vehículos de comunión entre civilizaciones y culturas. Y esto sólo será posible con hombres nuevos capaces de hacer nacer y crecer una comunicación tal como Dios la piensa. Manuel Mª Bru |