RetrocesoA&ONº 217/15-VI-2000SumarioEspañaContinuar
El bastón del Papa
Los ojos de Juan Pablo II son azules y de una gran luminosidad. La viveza de su mirada refleja la potencia de su mente. Creo que quemaría si no envolviera tanta ternura. La gran capacidad de concentración del Papa se proyecta sobre ti como si en ese crítico momento fueses el centro del Universo. No exagero. En todo caso, me quedo corto. Pero no sé cómo explicar mejor la maravillosa sensación que sentí el domingo 4 de junio en Roma. Fue para mí una experiencia muy singular.

Ocurrió en el Aula Pablo VI del Vaticano: unos 7.000 periodistas de 54 países abarrotábamos la gigantesca Aula con motivo de nuestro Jubileo. El cardenal Etchegaray había presidido la Eucaristía jubilar. Con él concelebraron diez obispos (entre ellos el arzobispo de Mérida-Badajoz, don Antonio Montero) y casi un centenar de sacerdotes. Después entró el Papa en el Aula. Caminaba cansinamente, muy encorvado, apoyándose en un bastón. Le recibimos con el entusiasmo desbordante que Juan Pablo II sabe despertar. Su Santidad pronunció un discurso, casi un resumen, diría yo, del documento Ética en las Comunicaciones Sociales, y nos dio las gracias por nuestra labor de divulgación de sus palabras y de los hechos de su servicio ministerial.

Tras el discurso, los representantes de las distintas delegaciones pudimos saludarle personalmente. Por España nos acercamos don José María Gil Tamayo, director del Secretariado de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal, y yo, como Presidente de la UCIP-E. Le regalamos un bonito bastón costeado entre todos. Yo le dije: Santidad, este bastón es un símbolo del apoyo y del amor de los periodistas católicos españoles a la persona de Su Santidad y a su pontificado. El Santo Padre musitaba complacido: Grazzie, grazzie. Tenía sus ojos a 40 centímetros de los míos. Yo sentí con toda intensidad que el amor del Papa se concentraba en mí, como si yo fuese en aquel momento la persona más querida para él. Apóyese en nosotros, Santidad, añadió don José María mientras el Pontífice, sonriendo, tomaba en sus manos el bastón.

Él había dicho en su discurso: Se puede ser al mismo tiempo auténticos cristianos y excelentes periodistas. El mundo de los medios de comunicación necesita hombres y mujeres que, día a día, se esfuerzan por vivir lo mejor posible esta doble dimensión. ¿Sabremos nosotros ejercer bien de bastón? ¿Seremos capaces de apoyar y ayudar al Papa en su alto ministerio? Ese bastón que le hemos regalado sólo tendrá sentido si el otro bastón que simboliza, el de la cultura de la comunicación, propia de los medios, se manifiesta con rigor y mantiene un comportamiento ético. Es así como los medios de comunicación deben ayudar a la cultura de la sabiduría, propia de la Iglesia, para que pueda captar limpiamente los acontecimientos de la actualidad.

Rafael González