RetrocesoA&ONº 217/15-VI-2000SumarioRaícesContinuar
Palencia Mariana
Desde su llegada a la diócesis como obispo de Palencia, en febrero de 1996, monseñor Rafael Palmero Ramos venía acariciando un proyecto que se ha plasmado, finalmente, a lo largo del bello libro Palencia Mariana, escrito por Gemma Vega Abia, que presentamos en esta doble página. A lo largo de este espléndido volumen se va descubriendo la indeleble huella de la Virgen María por la geografía, la literatura, el arte y la Historia, y sin la cual no se llega a conocer a fondo toda la riqueza de esta mariana tierra palentina
Palencia: tierra de maravillosos contrastes entre su fisonomía toponímica y el paisaje, no menos bello, con su riqueza humana, artística y espiritual. Su provincia es todo un conjunto armónico en el que se descubren las huellas de la Historia: desde la Palencia Vaccea de la cripta visigótica de San Antolín, a la Palencia de los Concilios, o a la de sus santuarios, ermitas y conventos dedicados a Santa María, sembrados por toda la provincia y en los que podemos contemplar arte románico, gótico, renacentista y barroco. A la sombra de ellos se va tejiendo la vida de los palentinos: desde el norte, cerca de los Picos de Europa, con la Virgen del Brezo, hasta el sur con la Virgen de Onecha.

Palencia Mariana se empezó a concretar cuando, en noviembre de 1996, monseñor Palmero Ramos envió a cada parroquia de la diócesis un cuestionario con una serie de preguntas acerca de la devoción mariana, sus tradiciones, advocaciones y culto a la Madre del Verbo encarnado.

Tras varios años de estudio y trabajo, vemos los frutos de aquel proyecto inicial plasmados en un libro que, a través de bellas fotografías y textos, nos indica el lugar que ocupa la Virgen en la evolución del arte palentino, en la riqueza sin igual de su patrimonio artístico-mariano. Tras una hermosa introducción del obispo de Palencia y de su autora, el libro se divide en tres grandes partes.

La primera parte nos muestra el lugar de la Virgen en la gran riqueza artística y cultural de esta tierra. Aquí descubrimos las distintas rutas que surcan la provincia palentina, como la del románico o la jacobea, y seguiremos el rastro de la Virgen en la historia y en la literatura de Palencia, como vemos en las Cantigas de Nuestra Señora.

La segunda parte estudia la Tierra de Santa María por arciprestazgos. En unos, como el de la Ojeda, Santa María vive en la montaña; en otros, como el de Carrión, vive en las llanuras y valles; y por último, en arciprestazgos como el del Cerrato, Nuestra Madre vive en los campos palentinos. De cada uno de ellos, se van contemplando las distintas advocaciones, sus imágenes, sus fiestas y tradiciones, y algunos testimonios de su veneración, culto y extensa devoción.

La tercera y última parte del libro versa sobre la ruta de la diócesis a raíz de la definición del Dogma de la Asunción, y cómo esto ha influido en su historia, arte y literatura.

Como decía Juan Pablo II en Zaragoza, en su viaje a España en 1982, estamos en tierras de España, con razón denominada "tierra de María". Sé que, en muchos lugares de este país, la devoción mariana de los fieles halla expresión concreta en tantos y tan venerados santuarios.De éstos, donde os unís con frecuencia en el amor a la única Madre de Jesús y nuestra, es hoy —dijo el Papa en aquella ocasión— un símbolo el Pilar. Un símbolo que nos congrega en Aquella a quien, desde cualquier rincón de España, todos llamáis con el mismo nombre: "Madre y Señora Nuestra".

Aquí, como por todo el mundo, la riqueza de las múltiples advocaciones para llamar a la Madre por excelencia surge, cada una, de los lugares geográficos, tradiciones y cultura de donde proviene. Así, según donde vayamos por Palencia, nos encontraremos con la Vigen del Valle, de las Cantigas, de la Vega, del Carmen, de Belén, del Camino, de la Gracia o de las Nieves. Es curioso observar, entre la devoción popular, aquellas advocaciones de tono familiar, como La Panadera, La Buena Moza, La Serranilla, etc… Y los palentinos comparten sus alegrías y sus sufrimientos con su Madre bajo las advocaciones de las Angustias, de los Remedios, del Milagro o de la Piedad. María es el camino que nos conduce al Hijo, a Cristo.

Benjamín R. Manzanares

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