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La vida humana, se dice tantas veces, es el fundamento de todos los derechos y hasta del progreso humano. Pero, a fuerza de repetir esta realidad sacrosanta, puede empezar a sonar como algo hueco si la sociedad y los Estados, si los cristianos en primer lugar, no
acertamos a dar prioridad al valor de la vida por encima de todo lo demás. Recientemente, en Murcia hemos dado un pequeño paso, hemos confeccionado un símbolo, para recordar esta necesidad. Es muy de agradecer la colaboración en estas actividades de tantas personas, empezando por el obispo de Cartagena, monseñor Manuel Ureña, los grupos parroquiales, movimientos y grupos, familias y fieles, así como el Alcalde, don Miguel Ángel Cámara, que facilitó la organización.
Los actos comenzaron con un Symposium internacional de Bioética, y finalizaron con un Encuentro a favor de la vida y la firma de un manifiesto. Estos días hemos escuchado testimonios y experiencias; hemos rendido homenaje a Su Santidad Juan Pablo II; hemos rezado y reflexionado. En definitiva, hemos afirmado nuestro compromiso con el Evangelio de la vida. |
| Uno de los fines de la Universidad Católica San Antonio es colaborar con la Iglesia, depositaria de la Verdad revelada por Jesucristo, en su misión evangelizadora, mediante el anuncio de la Buena Nueva, así como la organización conjunta con nuestra diócesis de congresos, symposiums y encuentros de carácter religioso, que de modo preferente guarden relación con la nueva evangelización. Queremos seguir al Santo Padre, para promover el valor inviolable de la vida humana, como base del progreso humano y de la ciencia. Por eso, pretendemos colaborar en la consecución de respuestas desde la fe a los grandes problemas que suponen la aprobación del aborto, la eutanasia, el uso de la píldora abortiva o la ilimitada utilización de embriones.
Los cristianos y hombres de buena voluntad no podemos permanecer adormecidos cuando lo que está en juego es lo más valioso con lo que contamos: LA VIDA. El hombre no puede justificar los atentados que se cometen contra el derecho inalienable a la vida y que contrarían la voluntad del mismo Creador. Por ello, la Universidad Católica, como eje de referencia fundamental para toda la sociedad, pretende no sólo formar expertos titulados universitarios que desempeñen cualificadamente su tarea profesional, sino hacer una labor constructiva, ofreciendo soluciones desde los valores cristianos, frente a las nuevas amenazas que atentan contra la dignidad y la vida de los más débiles e indefensos. Nuestra atención, por ahora, se ha centrado, de modo particular, en aquellos atentados que hacen referencia a la vida naciente y en fase terminal, que suscitan graves problemas por el hecho de que tienden a perder el carácter de delito, para pasar a ser un derecho, hasta el punto de pretender su reconocimiento por parte de los Estados, y su ejecución, mediante la intervención gratuita de los mismos agentes sanitarios. Resulta lamentable que, para facilitar la difusión del aborto, se inviertan grandes sumas destinadas a la obtención de productos farmacéuticos que hacen posible la muerte del feto en el seno materno, sin necesidad de recurrir a la ayuda del médico. Se afirma con frecuencia que la anticoncepción segura y asequible es el remedio más eficaz contra el aborto, cuando la anticoncepción contradice totalmente la verdad plena del acto conyugal fundamentada en el amor, y el aborto destruye la vida de un ser humano. Dice la Madre Teresa de Calcuta: Creo que el mayor enemigo de la paz hoy en día es el aborto, porque es una guerra contra el niño, la muerte directa del niño inocente, asesinado por su misma madre. Y si aceptamos que una madre asesine a su propio hijo, ¿qué podemos decir de las personas que se matan entre sí? ¿Cómo podemos convencer a una mujer de que no aborte? Debemos persuadirla con amor, y recordar que amar significa entregarse completamente. Jesús entregó su vida por amor a nosotros. Mediante el aborto la madre no aprende a amar, sino que asesina a su propio hijo para solucionar sus problemas, y el padre dice que no quiere asumir ninguna responsablilidad respecto al hijo que ha engendrado. Y no hablemos del aborto eugenésico que acoge la vida sólo en determinadas situaciones, rechazando la limitación, la minusvalía y la enfermedad. Por la experiencia de mis años de misionero en la República Dominicana, conviviendo entre los más pobres y enfermos, sé que se han llegado a negar los cuidados más elementales y hasta la alimentación a niños nacidos con graves deficiencias. No menos graves son las amenazas que afectan también a los enfermos incurables y a los terminales, en un contexto social y cultural que, haciendo más difícil afrontar y soportar el sufrimiento, agudiza la tentación de resolver el problema del sufrimiento eliminándolo en su raíz, anticipando la muerte al momento considerado más oportuno. El sufrimiento del hombre tiene sentido, porque purifica la relación con Dios y con nuestros semejantes. Otro fenómeno que atenta contra la vida es la política antinatalista. Mientras que en los países ricos y desarrollados se registra una alarmante caída de la natalidad, en los pobres se produce una elevada tasa de aumento de la población. El grave subdesarrollo de estos países podría solucionarse mediante adecuados programas de ayuda de cooperación y desarrollo a nivel internacional, de justa producción y distribución de la riqueza, y no mediante la práctica de la anticoncepción, la esterilización y el aborto, causas que indudablemente contribuyen al descenso de la natalidad. Decía Gandhi en 1907: La tierra brinda lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no la codicia de todos. José Luis Mendoza Pérez |