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Navarra: rechazo ejemplar de la píldora abortiva
El autor de este artículo es catedrático de Anatomía y Embriología de la Universidad de Navarra
Un profesor de Oxford, Ronald Dworkin, se plantea en su libro Life's dominion si el no nacido tiene derecho a la consideración de persona. Parte de una premisa: es absurdo suponer que un ser tenga derechos si no tiene o ha tenido alguna forma de consciencia. En su opinión, el feto no se encuentra en ese caso mientras no alcanza un mínimo desarrollo su sistema nervioso, al menos hasta las 26 semanas.

Posiblemente no tuvo tiempo Dworkin de contrastar su opinión con los conocimientos que actualmente poseemos sobre embriología y psicología, para evitar caer en dos crasos errores. El primero lo detectan hasta los no versados en estos temas: ni el feto de 26 semanas, ni el recién nacido tienen ningún tipo de consciencia. El segundo es atribuir al comienzo de la actividad nerviosa el paso de individuo a persona. En efecto, la actividad nerviosa no comienza en el feto repentinamente, sino de forma paulatina: habría, por tanto, momentos en que el feto es muy poca persona y otros, más avanzados, en que lo es más.

DESARROLLO INDEPENDIENTE DEL FETO

Estoy seguro de que los juristas, filósofos y teólogos no están muy de acuerdo con la peregrina idea de Dworkin. Por otra parte, biológicamente, la evolución del embrión y feto es epigenética, es decir, no hay discontinuidades, no hay un antes y un después del comienzo de la actividad nerviosa. Desde la fertilización del óvulo por un espermatozoide se ha formado un nuevo ser, con una vida independiente de la de los padres, que va desarrollando paso a paso, sin interrupción ni saltos, las potencialidades existentes en su genoma.

Jérôme Lejeune, insigne genetista, descubridor de la trisomía del síndrome de Down, en una de sus conferencias dijo: La vida tiene una historia muy larga, pero cada individuo tiene un comienzo muy preciso: el momento de su concepción. En definitiva, en el caso de gametos humanos, el nuevo ser, a partir de la concepción, es un individuo humano y, por tanto, tiene derecho a la vida como cualquier hombre antes o después del parto.

Este fundamento biológico de la naturaleza del embrión y feto humanos lo desconocen algunos, y otros aparentan desconocerlo: son todos los que defienden el aborto, muchos de los cuales condenarían un perricidio. Para defender su posición, a veces, dicen que lo que está en el seno materno es una parte del cuerpo de la madre y ella puede hacer con su cuerpo lo que crea más oportuno. Este razonamiento, como se hacía notar más arriba, no tiene ninguna base biológica, pues el embrión es una vida totalmente individualizada, aunque necesite de la madre, como también la necesita después del nacimiento.

Otras veces el razonamiento es parecido al del profesor Dworkin: no se le puede considerar persona hasta que no hay en él indicios de actividad nerviosa, o hasta que su forma presenta rasgos humanos, o hasta que es viable o, para los más palurdos, hasta que no es capaz de quejarse cuando se le hace daño. La realidad biológica es que en los más de 100.000 genes del cigoto humano ya está, codificado, todo lo que el nuevo ser será, desde los detalles más insignificantes, como el color de los ojos, hasta su capacidad intelectual, siempre que a lo largo del desarrollo no haya factores externos que interfieran las potencialidades ontogénicas del genoma.

LA VERDAD SOBRE LA RU-486


Teniendo en cuenta estas consideraciones, basadas en los conocimientos biológicos actuales, conocidos por todos aquellos con un mínimo de cultura, no deja de sorprender que los partidos políticos españoles se hayan mostrado propicios a que en España se comercialice la píldora abortiva. En cambio, la reacción de Navarra —que ha rechazado esta píldora— es un estímulo y un ejemplo importante. Para los que no conocen la historia de esta píldora, se la conoce con la sigla RU-486 (la comenzó a producir la compañía Roussel-Uclaf, de ahí las iniciales RU) y su venta en Francia data de 1988. Se trata de un producto químico, la mifepristona, que es un antagonista de la progesterona. Tiene una gran afinidad por los receptores de progesterona placentarios, impidiendo que ésta active el normal desarrollo de la placenta, por lo que el embrión acaba muriendo.

En la Comunidad Foral de Navarra, los partidos UPN y CDN han rechazado la distribución de esta píldora abortiva en los hospitales públicos, propuesta por el PSN e IU el pasado 6 de junio en la Comisión de Sanidad del Parlamento navarro. Este rechazo se une así, de una manera a mi juicio ejemplar, al parecer de los médicos, que en su mayoría se habían acogido a la objeción de conciencia.

Entre otros, han debido tener en cuenta los efectos secundarios de este tratamiento que hacen que hasta ahora sólo se haya comercializado en tres países, uno de ellos China. Varios de esos efectos no deseados se deben a la prostaglandina, que hay que administrar para que se produzca la expulsión del embrión y sus envolturas. En un tanto por ciento no despreciable de casos, se producen dolores abdominales, metrorragias, a veces copiosas, expulsiones incompletas que obligan a practicar un legrado, etc.

No se consigue, pues, con la píldora abortiva producir un aborto en oculto, ya que estas complicaciones requieren asistencia médica que, por otra parte, está indicada en tres ocasiones: antes de tomar la píldora, al producirse la expulsión y algunos días después para comprobar que todo marcha bien.

Luis Mª Gonzalo