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El acreditado olfato eclesial del teólogo Juan José Tamayo le ha hecho detectar un cambio de rumbo en la Iglesia católica española, que, naturalmente, El País está encantado de dar a conocer a sus lectores. Son cosas que pasan cuando la brújula no acaba de funcionar. Todo ello viene a cuento, otra vez más, del asunto de la guerra civil y del perdón. No hay peor sordo que el que no quiere oír ni peor ciego que el que no quiere ver. Es tristemente inútil que, una y otra vez, se le demuestre a alguien que se ha pedido perdón hasta la saciedad mientras se sigue a la espera de que los demás lo pidan, si ese alguien se empeña en no querer verlo. Dice que los obispos han dado razones para negarse a pedir perdón. No es verdad, lo han pedido y han dado razones del porqué, del cuándo, del cómo y del para qué. Un párrafo más abajo dice que lo de los obispos son excusas. ¿En qué quedamos: son razones o son excusas? Con ironía del más dudoso gusto, por no hablar de caridad, dice que a lo mejor lo que les falta es propósito de la enmienda. A lo mejor a quien le falta el propósito de la enmienda es al señor Tamayo. Añade que se ha venido gestando un cambio de paradigma eclesial y que no sólo no se pide perdón, sino que se están promoviendo numerosos procesos de beatificación de mártires de la cruzada. En vez de lamentar el reconocimiento del martirio, ¿un teólogo no debería alegrarse y tomar ejemplo de quienes dieron la vida por su fe? Acaba hablando de una Iglesia preocupada por el indoctrinamiento y de no sé qué conciencia colectiva. Su peculiar brújula le hace ver ¡qué pena y qué curioso lapsus freudiano! indoctrinamiento y cosas colectivas donde los demás ven evangelización y personas. Bien podría aplicarse a sí mismo la cita final que hace de Bernanos: Los cristianos somos capaces de instalarnos cómodamente incluso bajo la cruz de Cristo. Es verdad. Algunos llevan varios años instalados en esa comodidad. ¡Ah!, y ¡por cierto!, no sabía yo que el Papa era un cosa y la jerarquía española otra distinta. ¿Desde cuándo? |
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Como es de plena justicia, los medios de comunicación han elogiado al misionero diocesano español que perdió la vida recientemente en su misión de África. Ya nos dice el evangelio que no hay mayor amor que el de quien da la vida por los demás. Los guardias civiles don Manuel Fernández Sánchez-Garzón y don Cristóbal Moreno Farfán, han muerto hace pocos días en acto de servicio cuando trataban de salvar la vida de dos jóvenes catalanes de Esparraguera (Barcelona). Cuando, sin dudarlo un instante se lanzaron a las aguas torrenciales, ciertamente no se pararon a pensar en la nacionalidad, o en la raza, o en condición alguna de las personas cuya vida querían salvar. Es de plena justicia también proclamarlo así. Mingote lo ha hecho, de manera insuperable como es habitual en él, en la viñeta que ilustra este comentario. Muy pocos días antes altos representantes de la Generalidad y hasta algún ministro del Gobierno de la nación habían actuado, por decirlo suavemente, con evidente desprecio de lo que los guardias civiles y los miembros de las Fuerzas Armadas sienten y viven desde la dignidad y el honor que les caracterizan, y al reconocimiento del cual tienen pleno derecho
Otra vez El País: titula a tres columnas: La Iglesia católica de Brasil se desmarca del Vaticano, y permite el uso del condón. No sólo no es verdad, sino que es una artera mentira, y quien lo firma lo sabe. A través de un comunicado oficial, el cardenal Eugenio de Araujo Sales, arzobispo de Río de Janeiro, ha salido al paso de las polémicas y confusas declaraciones expresadas por un obispo para aclarar que la Iglesia católica no ha cambiado sus criterios sobre el preservativo. Es evidente que lo que diga un obispo no es lo que dice la Conferencia Episcopal que, por cierto, es la más numerosa del mundo. El cardenal Sales aclaró que no se puede aplicar el principio del mal menor a esta cuestión, y recordó que, aparte de que la ciencia ha demostrado claramente la ineficacia de los preservativos para evitar la propagación del sida, el mal menor no se puede invocar como razón válida para la justificación de los actos conyugales intencionalmente infecundos. Todo lo que enseña la Iglesia sobre la contracepción no pertenece a una materia que pueda ser discutida libremente entre teólogos, sino que se trata de una enseñanza que pertenece al patrimonio permanente de la doctrina moral de la Iglesia, agregó el cardenal Sales. Por si quedara algún resquicio de duda, el Presidente del Consejo Pontifico para la Pastoral de la Salud, monseñor Lozano Barragán, ha añadido taxativamente: Cuando un obispo se aparta de la forma de pensar de la Iglesia, está equivocado. ¿Le queda claro a El País? Estamos tan acostumbrados que ya no nos extraña que los cargos públicos se suban el sueldo cada poco tiempo. Un alto cargo de la Administración ha afirmado que los altos cargos nos son franciscanos, ni esto es la antigua Grecia. Hay que pagarles como merecen. Muy bien, pues esto no será Grecia, pero tampoco es Jauja, ni Babia y, si de verdad a algunos hubiera que pagarles por lo que se merecen... Gonzalo de Berceo |