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Recientemente comentaba con otros dos profesores la posibilidad de que pudiéramos contar en España con una cadena de televisión, generalista y de ámbito nacional, de inspiración católica. Uno de ellos estaba entusiasmado con la idea. El otro, no menos buen católico, era completamente escéptico...
No os hagáis ilusiones argüía, al Gobierno no le interesa, porque... Hombre, no seas tan derrotista tercié yo, a lo mejor alguien se da cuenta que el centro-reformismo no está reñido con que haya ciudadanos bien informados, con buen gusto, que conozcan sus raíces auténticas, que... El escéptico aguantó la risa, por ser un hombre educado y respetuoso. Y, con actitud benévola y condescendiente, dijo: Bien, vamos a suponer que se produce ese auténtico milagro. ¿Estamos preparados para hacer una televisión verdaderamente alternativa, realmente cristiana en su organización, programación, financiación...? Porque para hacer más de lo mismo, quitando los excesos telebasureros (sic) y añadiendo unos cuantos programas religiosos en horario no demasiado malo, no merece la pena tantas esperanzas y tantos esfuerzos. Entonces le tocó el turno al entusiasta, quien con rotunda seguridad expresó así su pensamiento: Si nuevamente adquiriéramos conciencia del valor de la oración y pidiéramos luces al Espíritu Santo; si estudiásemos las experiencias de otras televisiones de inspiración católica que están teniendo gran éxito con fórmulas totalmente nuevas; si acudiéramos a los expertos que en los últimos años han publicado libros donde se proponen nuevas vías informativas y comunicativas al servicio de las personas en conexión con el Magisterio de la Iglesia, si... Entonces, sería posible. El escéptico no se convenció. Pero a mí me pareció razonable. Gabriel Galdón |